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La destitución de Trump, remota pero no imposible

Charlotte.- El ‘impeachment’ o desafuero del presidente es un proceso constitucional con garantías para el acusado que requiere de un amplio consenso político para que adelante.

La idea de entablar un proceso de destitución contra el presidente Donald Trump fue contemplada por sectores minoritarios del Partido Demócrata desde que el empresario asumió el cargo.

No obstante, la posición de la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosí había sido opuesta a realizar el proceso, ante el temor que no existiera una evidencia absoluta para enjuiciar a Trump, y el asunto se convirtiera en un bumerang, que consolidara a los republicanos y terminara favoreciendo al mandatario.

Pero, presiones de Trump al gobierno de Ucrania para que investigara y perjudicara al exvicepresidente y aspirante a la Casa Blanca Joe Biden, han llevado al Congreso a tomar una decisión excepcional contra el presidente estadounidense: iniciar los trámites para su destitución.

Deshacerse de un presidente o un alto cargo del gobierno obviamente no es fácil. Así funciona un procedimiento constitucional que sólo se ha activado cuatro veces a un presidente en los casi 250 años de historia de Estados Unidos.

 

El término
El verbo to impeach significa impugnar o recusar. Lo que la Cámara de Representantes hace es redactar artículos de acusación o imputar políticamente a alguien con vistas a su destitución, que en último término decide el Senado.

 

Los motivos
En la sección 4 del Artículo II, la Constitución estadounidense recoge la posibilidad de que el Congreso emprenda la destitución del presidente, el vicepresidente y otros altos cargos del gobierno por traición, corrupción u otros “delitos y faltas”.

 

El comienzo

El procedimiento debe iniciarse en la Cámara de Representantes y puede ser adoptado por mayoría simple. Una posibilidad es que los congresistas pueden presentar resoluciones de destitución a título individual. Otra alternativa es iniciar los trámites aprobando una resolución que autorice la investigación.

Desde enero la Cámara de Representantes está controlada por los demócratas. Fue su presidenta, Pelosi, quien anunció la apertura de una investigación que actúe como paraguas de todas las pesquisas ya abiertas en varias comisiones parlamentarias para organizar el procedimiento.

 

El primer voto

Lo habitual es que la propuesta sea votada primero en una comisión parlamentaria, habitualmente la de Asuntos Judiciales, que puede celebrar varias audiencias, recabar testimonios y documentos para investigar los cargos, aunque no hay unanimidad sobre si este paso es imprescindible o no.

Basta con que la resolución con los motivos para la destitución sea adoptada por mayoría simple de votos para que se considere aprobada. El siguiente paso es decidir si se somete a votación del pleno.

De nuevo, basta con un voto por mayoría simple en el pleno de la Cámara de Representantes para que la propuesta de destitución sea aprobada. La mayoría de los demócratas está a favor de examinar los hechos y destituir a Trump si concluyen que es necesario pero por ahora no tienen la mitad más uno de los votos que haría falta para aprobar la decisión, de ahí la importancia de la investigación abierta.

 

La decisión final

El juicio final tiene lugar en el Senado. Mientras la Cámara de Representantes determina las razones por las que el cargo en cuestión merece ser destituido, corresponde a los senadores enjuiciar al acusado.

El primer paso lo debe dar el presidente del Senado, que debe convocar un voto sobre la condena de la Cámara de Representantes.

Durante el juicio, los congresistas pueden actuar como fiscales para defender su caso.

El ‘acusado’, por su parte, cuenta con un asesor legal para defenderse. Es el pleno quien decide sobre las acusaciones. La propuesta de destitución necesita dos tercios de los senadores presentes en la cámara para salir adelante. Con la actual distribución de escaños, los demócratas necesitarían el voto de 20 republicanos rebeldes.

 

Los precedentes

El Congreso ha abierto procedimientos de destitución contra altos cargos en 19 ocasiones, contra el presidente. Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1999 fueron impugnados por la Cámara de Representantes pero absueltos por el Senado, por lo que no tuvieron que abandonar la Casa Blanca.

Más cerca estuvo de ser destituido Richard Nixon en 1974 como consecuencia del escándalo del Watergate.

Dimitió después de que la cámara baja redactara los artículos para su destitución pero antes de que los votara.

 

Las consecuencias

En caso de que las dos cámaras del Congreso acuerden la destitución, el presidente quedaría despedido y debería abandonar la Casa Blanca.

Hasta la celebración de las próximas elecciones presidenciales, siempre en la fecha prevista, asumiría el poder ejecutivo el vicepresidente.

Suponiendo  Trump acabara destituido por el Congreso, el encargado de sustituirle sería Mike Pence.