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Opinión

Utilice el pensamiento lateral

El pensamiento lateral es una forma diferente de razonar y de resolver problemas. Este concepto fue acuñado por el psicólogo de Oxford Edward de Bono en 1967 en su libro “New Think: The Use of Lateral thinking”. Se refiere al tipo de pensamiento que permite la resolución de problemas de una manera indirecta y con un enfoque creativo.

¿Pero de qué se trata este tipo de pensamiento?
El pensamiento lateral es el pensamiento creativo, inesperado y flexible que abre nuevos modos de enfocar un problema.  De este modo, se diferencia del pensamiento vertical o lineal.

 

Diferencias entre pensamiento vertical y pensamiento lateral

Se llama  pensamiento lineal o vertical a la manera tradicional de pensamiento. Es la forma de pensar y razonar que se desarrolla durante la época escolar y en donde se aplica la lógica de manera directa y progresiva. Este  tipo de pensamiento sigue una dirección recta, de ahí que se lo llame lineal o vertical.

El pensamiento lateral, en cambio, no sigue una línea recta de pasos para llegar a una conclusión. Busca y genera ideas paralelas y asociaciones que no resultan obvias dentro de la cotidianidad. Quiebra la lógica tradicional y conduce a la creatividad y a la innovación. Escapa de toda rigidez mental y  busca la espontaneidad y la originalidad de ideas completamente nuevas.

Para Edward de Bono, la eficacia del pensamiento lateral: “Está en la posibilidad de cambiar, en cualquier momento, la perspectiva desde la cual se analizan los acontecimientos, para observar cómo se ve el problema desde una perspectiva diferente”.

El pensamiento lateral  permite mejorar la creatividad y encontrar nuevas respuestas ante cualquier situación. Es poder mirar desde otro ángulo y encontrar así una nueva alternativa o solución.
Dice de Bono: “No existe antagonismo entre el pensamiento lógico tradicional y el pensamiento lateral o creativo. Ambos tipos de pensamiento son necesarios y se complementan mutuamente”.

 

Ocho acertijos para ejercitar el pensamiento lateral

Para ejercitar este tipo de pensamiento, Paul Sloane concibió algunos acertijos. A continuación encontrará algunos de ellos. Trate de resolverlos por usted mismo, buscando una solución novedosa al acertijo. Las respuestas podrá encontrarlas al final.

  1. Un hombre vive en el piso 20 de un edificio. Cada mañana baja en el elevador del edificio. Al regresar, sólo sube la mitad del camino en el elevador y tiene que utilizar las escaleras el resto del camino - excepto cuando está lloviendo. ¿Cómo explica esto?
  2. ¿Cómo puede un bebé caer de un edificio de veinte pisos y sobrevivir?
  3. Un hombre y su hijo sufren un accidente automovilístico. El padre muere y el niño es llevado al hospital gravemente herido. Cuando llega, quien debe realizar la cirugía dice, “¡No puedo operar a este niño, porque es mi hijo!” ¿Cómo es esto posible?
  4. Cinco trozos de carbón, una zanahoria y un gorro están tirados en el césped del jardín. Nadie los tiró ahí; sin embargo hay una razón perfectamente lógica para que se encuentren en ese lugar. ¿Cuál es?
  5. Una mujer tuvo dos hijos que nacieron en la misma hora del mismo día del mismo año. Pero no eran gemelos. ¿Cómo puede ser?
  6. No lejos de Madrid hay un gran granero de madera. El granero está totalmente vacío, excepto por un hombre que cuelga de la viga central. La soga con la que se ahorcó mide tres metros, y los pies penden a treinta centímetros del suelo. La pared más cercana se encuentra a seis metros. No es posible trepar ni a las paredes ni a la viga, y sin embargo el hombre se ahorcó a sí mismo. ¿Cómo lo hizo?
  7. Cinco hombres iban juntos por un camino en el campo. Comienza a llover. Cuatro de ellos apuran el paso. El quinto no hace ningún esfuerzo por darse prisa. Sin embargo, se mantiene seco mientras que los otros cuatro se mojan. Los cinco arriban a destino juntos. ¿Cómo pudo ser? Nota: para trasladarse sólo contaban con los pies.
  8. Un hombre vivió solo en una casa durante dos meses. No recibió visitas ni nunca salió de la casa. Al final de los dos meses enloqueció. Una noche apagó el fuego y las luces y salió de la casa. Como consecuencia de su ida murieron 90 personas. ¿Por qué?

Respuestas:

  1. El hombre es enano. No puede alcanzar los botones superiores del elevador, pero puede pedirle a la gente que los marque por él. Sólo puede presionarlos con su paraguas.
  2. El bebé se cayó de la ventana de la planta baja.
  3. La persona no puede operar a su propio hijo, porque es la madre.
  4. Son los restos de un muñeco de nieve que se derritió.
  5. Eran trillizos
  6. El hombre que se ahorcó se subió a un bloque de hielo que luego se derritió.
  7. Los cuatro hombres llevaban al quinto, que se encontraba en su ataúd.
  8. El hombre era un farero, y la casa que habitaba era un faro en un promontorio rocoso remoto. Cuando dejó el lugar y apagó las luces desapareció el aviso a los navegantes. Como consecuencia hubo un naufragio en el que murieron 90 personas.

 

¿Qué es el autismo?

Para los padres, tener un hijo o hija con autismo implica  enfrentar desafíos diferentes. Desde muy pequeño, el niño con autismo, va a mostrar conductas distintas y particulares.  Es fundamental que los papás y las mamás de un niño o niña con trastorno autista se informen, busquen apoyo y asesoramiento profesional y se preparen para darle al pequeño las herramientas necesarias para que pueda desarrollarse de la mejor manera posible.

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un trastorno neurobiológico del desarrollo que se manifiesta durante los tres primeros años de vida y que perdurará a lo largo de todo el ciclo vital. Las causas del autismo aún se desconocen, pero existen algunas teorías que pueden explicar la enfermedad.

Los padres que sospechan que su niño puede ser autista, deben consultar con su médico para que los refiera a un especialista de niños y adolescentes. Será el profesional el que diagnostique con certeza el autismo y, a su vez, indicará el tratamiento adecuado. Hay que recordar que cada caso es único y necesita un tratamiento acorde a las singularidades que presenta.

El autismo es una enfermedad para toda la vida. Sin embargo, con el tratamiento adecuado los niños autistas pueden desarrollar sus talentos y los aspectos de independencia en sus vidas. Los padres deben de alentar a sus niños autistas para que desarrollen esas destrezas para que puedan hacer uso de sus puntos fuertes.

Los niños que tienen trastorno del espectro autista no desarrollan las habilidades sociales y del lenguaje de la misma forma que lo hacen otros niños de su edad. Por eso tienen enormes dificultades para relacionarse con otras personas. También pueden tener comportamientos inhabituales y problemas de aprendizaje.

Los niños con autismo muestran muy poco o ningún interés en juegos que implican imaginación. Suelen estar más interesados en actividades de tipo repetitivo.

Ser papá o mamá de un niño autista no es tarea fácil. Muchos padres no saben cómo generar un vínculo o cercanía con su hijo autista. Por eso es fundamental el apoyo profesional, tanto para el tratamiento del niño como para el asesoramiento a padres.

Algunos indicios de autismo pueden tener una aparición temprana, por ejemplo, si al bebé no le gusta que lo abracen o que lo miren a los ojos, si el pequeño no responde al cariño o no le gusta ser tocado, si presenta una incapacidad para comunicarse con otros y de establecer relaciones sociales en cualquier situación hay que consultar a un profesional.

Algunas características de un niño autista

  1. El niño autista tiene una mirada que no mira.
  2. Pueden presentar conductas agresivas, incluso para sí mismos.
  3. Tiene la tendencia a llevar a cabo movimientos de manera repetitiva como dar vueltas o hacer movimientos rítmicos con su cuerpo.
  4. No juega ni socializa con los demás niños.
  5. Le cuesta aceptar reglas sociales simples lo que puede causar problemas en la escuela.
  6. Le cuesta controlar sus emociones, puede expresarlas como arrebatos de cólera o agresión.
  7. No entiende los pensamientos y las emociones de otras personas.
  8. No busca gestos de afecto.
  9. No le gusta ser abrazado o besado.
  10. No busca consuelo en momentos de aflicción.

Otros signos a tener en cuenta:

  • Ausencia de capacidad de imitación.
  • Ausencia de juego social.
  • Ausencia de comunicación adecuada.
  • Anomalía en la forma y contenido del lenguaje.
  • Movimientos corporales estereotipados.
  • Intensa aflicción por cambios en aspectos insignificantes del entorno.
  • Necesidad de seguir rutinas con todos sus detalles.
  • Presentar muy pocos intereses, con concentración en un interés particular.
  • Falta de interés por los otros niños.
  • Ausencia de juego simbólico.
  • Establecer poco contacto visual.
  • No realizar la sonrisa social.
  • Su lenguaje, si existe, es literal. No entienden las bromas, los chistes, los dobles sentidos ni las metáforas.
  • Evitar el contacto físico.
  • Hipersensibilidad táctil, olfativa, gustativa y auditiva.
  • Pueden mostrar comportamientos repetitivos como el balanceo.

 

Cómo tratar a un niño autista

Saber cómo tratar a un niño con trastorno del espectro autista no es una tarea sencilla. Es importante que la familia conozca bien al niño y sepa cuáles son las áreas más afectadas, así como su grado de desarrollo.

Algunas recomendaciones son:

  • Mantenerse plenamente informado acerca de este trastorno.
  • Identificar la manera de comunicarse de tu hijo. Es importante conocer su forma de expresarse. Los niños autistas tienen una manera particular de demostrar lo que sienten.
  • Cuando haya que cambiar su rutina diaria, hacerlo de la manera más progresiva posible. Los niños con este padecimiento sienten mucha ansiedad ante los cambios.
  • Al hablar con él, hay que enviarle mensajes claros.
  • Tratar de comprender la lógica de sus acciones. Aunque sus acciones parezcan extrañas, hay que hacer un esfuerzo por ponerse en su lugar y descubrir sus razones.

Cuídese de la depresión otoñal

Con la llegada del otoño muchas personas notan que su ánimo decae y desmejora, que su energía vital disminuye, que pierden las ganas de hacer cosas. Advierten también cambios en el carácter, en sus hábitos de alimentación y en el sueño. Con los días grises y los colores ocres, empiezan a sentir una preferencia por los alimentos dulces como el chocolate, tortas y cremas. Perciben que se hace difícil dormir o difícil despertar, y también detectan que por los trastornos de sueño el carácter se vuelve más irritable. Indudablemente algo está pasando.

El cambio de estación afecta a todos los seres vivos. Durante el otoño la naturaleza se repliega para atravesar el invierno. Lo notamos en los árboles, en la vegetación y en los hábitos de los animales. Nosotros también, como parte de la naturaleza, nos vemos afectados por estos cambios. Claro está, no a todas las personas les afecta por igual. Pero, si con los días más cortos y grises empezamos a sentir un bajón en el ánimo, falta de deseo y cambios en nuestro carácter y en nuestros hábitos podemos estar padeciendo la famosa “depresión otoñal”.

La depresión otoñal, también conocida como “Trastorno afectivo estacional”, fue descripta por Norman Rosenthal, profesor de Psiquiatría clínica de la Universidad de Georgetown de Washington, quien lo investigó durante 20 años. Según este experto un 20 % de la población sufre esta forma de depresión en diferentes grados. De ese 20% un 6 % de los casos es muy invalidante y el 14 % restante es más leve.

De todos modos, podemos decir, que es un trastorno que puede afectar en mayor o menor medida a cualquier persona durante el transcurso del otoño y el inicio del invierno.
De esta manera, las personas que padecen este trastorno sufren síntomas de depresión a medida que se acerca el invierno. Cuando la primavera regresa y los días vuelven a ser más largos, quienes la padecen experimentan alivio de sus síntomas y su estado de ánimo y nivel de energía mejoran.

¿Y a qué se debe este trastorno?
Se desconoce aún el factor específico que ocasiona este trastorno estacional. Sin embargo, según los especialistas la falta de luz solar, típica del acortamiento de los días durante el otoño y el invierno, puede ser un desencadenante y provocar la aparición de la depresión otoñal.

  • La disminución de la luz solar que se da en estas estaciones puede alterar el reloj interno del cuerpo y provocar sentimientos depresivos.
  • Así mismo, la reducción de la luz solar puede provocar una caída de la serotonina. La serotonina, es un neurotransmisor que afecta el estado de ánimo. Su disminución podría ocasionar trastorno afectivo estacional.
  • Finalmente se sabe que el cambio de temporada puede alterar el equilibrio de melatonina en el cuerpo. La luz u oscuridad informan al cerebro para que segregue ciertas hormonas responsables del funcionamiento del organismo como la melatonina. La melatonina interviene en la regulación del sueño y en el estado de ánimo. Al aumentar esta hormona aumenta la sensación de cansancio y las ganas de descansar. Además hace que disminuya la temperatura corporal y aumente la necesidad de ingerir más alimentos para conseguir calorías.

Los síntomas principales de la depresión otoñal son:

  • Sentirse deprimido gran parte del día.
  • Perder el interés en actividades que alguna vez disfrutó.
  • Irritabilidad y mal humor.
  • Pérdida de energía.
  • Aumento del sueño.
  • Aumento del apetito, sobretodo de carbohidratos (dulces y chocolates).
  • Aumento de peso.
  • Disminución del deseo sexual.
  • Sentirse perezoso o inquieto.
  • Tener dificultad para concentrarse.
  • Sentirse desesperanzado, inútil o tener sentimientos de culpa.
  • Tener pensamientos recurrentes de muerte o suicidio.
  • Evasión de contactos familiares o sociales.
  • Descenso de la actividad diaria.

¿Qué hacer para combatir o para prevenir la depresión otoñal?
La depresión otoñal es una condición pasajera.  Sin embargo, hay muchas actividades que se pueden hacer para disminuir sus efectos.

En ese sentido los especialistas aconsejan:

  • Aprovechar al máximo los días soleados para realizar paseos o caminatas al aire libre.
  • Si es posible correr o hacer alguna actividad física al aire libre durante la mañana para recargarse de luz solar.
  • Realizar actividad física antes de que comience el otoño y se desencadene el problema.
  • En el trabajo u oficina instalar los escritorios cerca de la ventana para aprovechar y recibir la luz solar.
  • Usar lamparitas de alta potencia para mejorar la iluminación.
  • Comer bien. Incorporar frutas y verduras a la dieta para que el organismo se sienta fuerte y saludable.

Este artículo tiene un carácter informativo. Para un diagnóstico acertado y un tratamiento correcto es necesario y fundamental hacer una consulta con un profesional médico.

 

Cuando los pensamientos te abruman

Pensar es una actividad mental que realizamos de manera natural y espontánea. De este modo, pensar es necesario y muy útil en muchísimas ocasiones. Pensar nos permite entender, crear conceptos, establecer conexiones entre las ideas, razonar, elaborar, entender nuestras emociones, no actuar de modo impulsivo, aprender, etc. Muchos aspectos de la vida dependen del pensamiento y por eso se considera esencial para el ser humano. Sin embargo, cuando el pensamiento se desborda, irrumpe de cualquier modo y en cualquier momento, interfiere con nuestra vida, nos estresa y nos agobia, estamos ante un problema que nos puede complicar la vida.

Así los pensamientos pueden convertirse en nuestros peores enemigos. Esto ocurre cuando los pensamientos dejan de ser una herramienta para resolver problemas y mejorar nuestra vida y se convierten en verdaderas cargas mentales. Si los pensamientos nos despiertan en la mitad de la noche, si no nos dejan conciliar el sueño, si aparecen de golpe y nos arruinan el momento, si se imponen causando malestar, si sólo pensamos cosas negativas, si se interponen a nuestro bienestar, podemos decir que estamos tomados por los “pensamientos no deseados”.

Los pensamientos no deseados son todos aquellos pensamientos que preferiríamos no tener. Son todos aquellos pensamientos que nos perturban, nos quitan la paz, nos causan ansiedad, nos provocan miedos irracionales, preocupaciones innecesarias, depresión y negatividad. En una palabra, son todos los pensamientos que nos arruinan la vida.

 

Existen muchos pensamientos que no quisiéramos tener. Algunos de ellos son:

Los pensamientos rumiantes: consisten en pensar en algo sin parar, darle vueltas a algo incesantemente. También llamado pensamiento circular, este tipo de pensamiento causa fatiga mental y emocional.

Los pensamientos negativos: son todos aquellos pensamientos que nos debilitan. Son ideas que nos quitan esperanzas y nos llenan de tristeza. Es el clásico pensamiento pesimista que hace que se vea todo negro, oscuro y sin salida. Pueden llevar a un estado de tristeza, desgano y abatimiento.

Los pensamientos de preocupación excesiva: son aquellos pensamientos que hacen que nos preocupemos exageradamente por cosas a veces insignificantes. Generan agobio mental, decaimiento, irritabilidad, mal humor.

Los pensamientos de preocupación insistentes: son pensamientos inmanejables que se nos imponen como auto reproches por algo que nos ha salido mal. Ocurren cuando no podemos dejar de pensar en algo que no nos salió bien y le damos vueltas hasta el cansancio.

Los pensamientos intrusivos: son aquellos pensamientos repetitivos y perturbadores que aparecen y permanecen en nuestra mente a pesar de nuestros esfuerzos por quitarlos.

Los pensamientos recurrentes: son aquellos pensamientos que vienen a la mente una y otra vez. Suele empezar siendo un pensamiento casual y se termina siendo un pensamiento que queda fijo y atorado en la mente generando malestar y perturbación.

Los “malos pensamientos”: son aquellos pensamientos que se nos imponen en la mente y nos desagradan porque van en contra de nuestras creencias y de nuestros valores. Estos pensamientos pueden ser de índole sexual o tener contenidos de violencia. Este tipo de pensamientos van en contra de nuestro código ético y su aparición resulta perturbadora y muy molesta. Entre ellos podemos incluir: pensar en infligir daño físico o mental a otras personas, pensamientos de actos sexuales que consideramos inmorales, ideas que nos asustan como hacernos daño a hacerles daño a nuestros seres queridos, pensar en abandonar a nuestros hijos o a nuestra pareja, etc.

Los pensamientos que dan miedo: son aquellos pensamientos que nos hacen anticipar desgracias o sucesos aterrorizadores generándonos un estado de inseguridad y temor.

Estos son algunos de los pensamientos no deseados que nos generan malestar y nos impiden disfrutar de la vida.

La pregunta es: ¿es posible hacer algo para suprimirlos? ¿Cómo podemos hacer para evitarlos?

Muchos especialistas opinan que es posible hacer que estos pensamientos pierdan fuerza siguiendo algunas prácticas.

  1. Focalizar en otra cosa. Cuando los pensamientos no deseados nos invaden una de las recomendaciones para quitarles fuerzas es hacer que nuestra mente se concentre en otra cosa. Puede ser una actividad, un estudio, una película que nos atrape, cualquier cosa que nos haga cambiar el foco de atención.
     
  2. No estresarse. Reducir el nivel de estrés ayuda a reducir los pensamientos no deseados. Es estrés hace que los pensamientos no deseados cobren más fuerza. Así que cualquier cosa que nos ayude a reducir el estrés es recomendada. Desde escuchar alguna música que nos guste, hasta compartir un paseo al aire libre.
     
  3. Practicar meditación. Meditar ayuda a controlar la mente y, por lo tanto, los pensamientos no deseados.
     
  4. Aceptar. Aceptar que estos pensamientos no deseados forman parte del funcionamiento mental, sin embargo no hay que identificarse con ellos. Están allí, pero no tienen por qué comandar nuestra vida ni nuestras emociones. En este sentido, se trata de aceptarlos para quitarles poder sobre nuestra vida.

 

El mosting: prometer amor eterno y desaparecer

Poner fin a una relación amorosa suele ser muy difícil. Siempre se sufre. Nadie quiere pasar por eso. Es un momento incómodo tanto para el que desea terminar con la relación  como para el que no. Ahora bien, para no enfrentar la situación muchos utilizan la técnica del gran mago Houdini: escapar.

¿Y cómo es posible escapar de una relación amorosa en la era de la hiperconectividad y de la comunicación instantánea?

La respuesta es sencilla: practicando el ghosting y mosting.

Ambos comportamientos se han puesto de moda en la era digital. Ambos son un modo bastante cruel de dar por terminada una relación.  Los dos tratan de un evento parecido: desaparecer en el medio de una relación sentimental sin dar explicaciones. En todo esto se parecen, pero entre ambos hay una gran diferencia,

El Ghosting, es la práctica en la que alguien, después algunas citas, decide desaparecer sin previo aviso. Así, el ghosting, consiste en terminar una relación cortando todo contacto con la persona en cuestión y sin darle ninguna explicación. Es desaparecer sin dejar rastro. Esfumarse. Esto incluye dejar de contestar mensajes de texto y llamadas, dejar de interactuar en redes, bloquear, eliminar, dejar de dar likes, dejar de ver las historias, clavar el visto y no contestar, etc. Así, de buenas a primeras, desaparecer. Volverse un fantasma. De allí su nombre que deriva de ghost que en inglés significa fantasma.

De este modo, escapar amparado en el ocultamiento virtual, es un signo de estos tiempos.

El mosting es una especie de hermano mayor del ghosting. Digamos que tienen en común el modo de poner fin a la relación: desaparecer sin dejar huellas ni dar explicaciones. Su nombre también viene del inglés, de la palabra “most”, que significa superlativo.

La diferencia es que en el mosting se ha tenido una relación más profunda, sueños, planes, promesas, ilusiones, juramentos, proyectos. Así, el “moster” le hace creer a su “presa” que se trata del amor de su vida.  Le jura amor eterno. Se deshace en promesas de amor. Afirma que sus sentimientos son únicos y verdaderos. Le hace creer a su “presa” que las cosas van muy en serio, y que tienen un gran futuro en común. De golpe, sin que haya ningún motivo, desaparece: la elimina, la bloquea, le clava el visto, no contesta mensajes ni llamadas, etc.

Podemos decir que el mosting consiste en enamorar profundamente a una persona y después abandonarla repentinamente, sin darle ninguna explicación.

Claro está, esta conducta causa un enorme daño emocional en la persona que es víctima del mosting. Así, ocasiona un gran desgarro emocional. La “víctima” no consigue entender qué pasó, por qué la persona que hasta ayer decía amarla con locura desaparece sin motivo y sin dar explicación alguna.

La creadora del término “Mosting” fue la periodista Tracy Moore quien escribió por primera vez un artículo sobre este comportamiento en la revista Mel Magazine A partir de ese artículo, varios medios empezaron a toma nota de esta conducta.

¿Cómo recuperarse del mosting?

  1. No  culpabilizarse. La persona que ha sido víctima del mosting tiende a suponer que ha hecho algo mal y que su comportamiento ha causado la desaparición del otro. Suele repasar mentalmente todo lo ocurrido entre ellos para encontrar una explicación a la desaparición.
  2. No tratar de entender qué pasó. ¿Cómo es posible que alguien que jura amor eterno desaparezca de la noche a la mañana sin dar ninguna explicación?, se pregunta sin cesar la persona que ha sido víctima del mosting.  Hay que aceptar que el comportamiento del otro puede ser inexplicable.  Hay acciones incomprensibles. La persona que ha sido víctima del mosting necesita entender y malgasta su tiempo tratando de encontrar una explicación. Lamentablemente es posible que esa explicación no aparezca nunca. El consejo en no perder el tiempo en la búsqueda de una respuesta que no aparecerá.
  3. No obsesionarse. La desaparición brusca deja al otro en un estado de confusión. No entiende qué pasó ni por qué. Y esa confusión puede llevar a generar una obsesión por saber qué fue lo que pasó. La obsesión hace que el sufrimiento y la angustia sean interminables. Por eso, lo aconsejable es poner un punto final.
  4. Trabajar la autoestima. Pasar por esta experiencia hace que la persona se sienta sin valor. Supone que si hubiera tenido alguna importancia u atractivo el otro no hubiera desaparecido. Por eso es importante y necesario recuperar la autoestima.
  5. Seguir adelante. Poner punto final. Si alguien ha sido capaz de desaparecer sin dar ninguna explicación y sin dar la cara no merece que se le dedique tiempo. ¿Fue una mala experiencia? Si. Pero hay que dar vuelta la página y seguir adelante.

 

¿Qué es la personalidad narcisista?

El trastorno narcisista de la personalidad es un desorden de la personalidad específico, que no debe ser confundido con tener una alta autoestima o con tener seguridad personal. Son contextos psicológicos muy distintos.

Una buena autoestima da seguridad, confianza en uno mismo y conciencia del propio valor sin descalificar a los demás. Por el contrario, el trastorno narcisista de la personalidad supone la negación del valor de los demás y por lo tanto su descalificación. La personalidad narcisista necesita demostrar que los demás son inferiores para sostener su imagen de superioridad.

Se trata de un trastorno que trae muchas complicaciones: causa  problemas en las relaciones con los demás, dificulta el desarrollo laboral, trae problemas en la vida amorosa y en muchas otras áreas de la vida diaria.

Los especialistas sostienen que lo padece el 1% de la población y que afecta más a hombres que a mujeres.

¿Pero en qué consiste? ¿Cómo se manifiesta el trastorno narcisista de la personalidad?

Las personas con este trastorno se creen más importantes que los demás. Suponen que deben ser tratados de una manera especial. Tienen una necesidad constante de admiración  y de  atención. No sienten empatía hacia las necesidades y sentimientos de los demás. No les importa lo que les ocurre a los otros. Ellos se sienten lo más importante del planeta y toda su atención está volcada hacia sus propios asuntos.  En una palabra, se creen los reyes del universo.

Necesitan considerarse siempre superiores a otras personas. Su foco de atención son ellos mismos. Por eso carecen de un interés auténtico por los demás. No se muestran muy preocupados por lo que pueda sucederles a personas de su entorno, sino que focalizan toda su atención en sí mismos.

Solo se interesan por las personas cuando éstas giran alrededor de su órbita. Necesitan admiradores que los halaguen, los aplaudan y admiren.  Están embelesados con su propia imagen. Encandilados con ellos mismos a tal punto que no pueden ver a nadie más.

Les cuesta mucho escuchar al otro. El narcisista tiende a ser autorreferencial. Habla sólo de sí mismo y de lo que a él le interesa. Espera que sus palabras reciban siempre una atención superior.  Los narcisistas exigen que se los escuche con atención y dedicación exclusiva. Y por supuesto, buscan siempre deslumbrar y tener razón en todo lo que dicen.

En otras palabras: la persona narcisista está absolutamente convencida de que es superior a los demás. No ve a nadie por encima de él, por el contrario coloca a todos por debajo.

Sin embargo, detrás de esta máscara de superioridad, hay una autoestima frágil que es vulnerable a la crítica más leve. Suelen descompensarse con facilidad y tener arranques de ira. Podría pensarse que ese narcisismo excesivo y mal ubicado es un escudo rígido que intenta protegerlo de su propia fragilidad. Algunos opinan que detrás de esa auto imagen de superioridad y perfección el narcisista  es alguien vacío de contenido.

El trastorno de la personalidad narcisista trae muchas complicaciones a la vida diaria: problemas de pareja, problemas en la relaciones, sentimiento de vacío, depresión, ansiedad. La sensación de vacío que sienten puede llevar a hacer un consumo inadecuado de alcohol o drogas, llevando a desarrollar problemas de adicción. Muchas veces tienen un estado de insatisfacción, ya que sólo tienen ojos para sí mismos. Por último, en casos extremos puede ocasionar la aparición de pensamientos o de conductas suicidas.

No se sabe con precisión cuál es la causa del trastorno de la personalidad narcisista. Al igual que otros trastornos de personalidad probablemente las causas sean múltiples. Los especialistas opinan que  intervienen distintos factores: factores ambientales, genéticos y biológicos.
 

Algunas de las características de la personalidad narcisista:

  • Se creen superiores a los demás.
  • Se creen especiales y perfectos.
  • Exigen admiración por parte de los demás.
  • Hablan constantemente de sí mismos.
  • Desprecian a los demás porque los consideran inferiores.
  • Son arrogantes.
  • No empatizan con los demás.
  • No toleran las críticas.
  • Se enfadan si se los corrige.
  • Tienen dificultades para regular las emociones.
  • Tienen problemas para aceptar la propia vulnerabilidad e inseguridad.
  • Sacan provecho de las demás personas para sus propios fines.
  • Esperan que se reconozca su superioridad, incluso sin logros que lo justifiquen.
  •  Exageran sus logros y sus talentos.
  • Envidian a los otros y creer que los otros los envidian a ellos.
  • Se enojan y estallan con ira cuando no se los trata de manera especial.

 

Diagnóstico y tratamiento

El trastorno narcisista de la personalidad debe ser diagnosticado por un profesional de la salud mental. El tratamiento recomendado es la psicoterapia. Sin embargo, las personas con trastorno de personalidad narcisista  creen que no tienen ningún problema y por lo tanto no consultan a un profesional y no buscan tratamiento.

¿Qué es el Síndrome de Diógenes?

El síndrome de Diógenes es un trastorno del comportamiento que deteriora fuertemente la calidad de vida de la persona afectada y de los que la rodean. Usualmente afecta a personas de edad avanzada que viven solas, pero también puede darse en personas jóvenes.

Se caracteriza por el abandono y la dejadez personal, por la tendencia a aislarse en el propio hogar y por la acumulación de enormes cantidades de basura y de desperdicios domésticos. De este modo, la persona que sufre este trastorno descuida los hábitos de higiene y de alimentación, se aísla, se abandona en su aspecto y acumula todo tipo de desperdicios y  basura.

Este síndrome recibió su nombre en 1975. Hace referencia a Diógenes Sinope, un filósofo de la antigua Grecia que adoptó y promulgó la austeridad. Aunque este filósofo, al contrario de las personas que sufren el trastorno, se desprendió de toda pertenencia material, se caracterizaba por vivir en soledad y por despreciar  los usos y costumbres sociales, algo que sí comparten los pacientes que padecen el síndrome.

Algunas características del Síndrome de Diógenes:

  • Aislamiento voluntario dentro del propio hogar.   
  • Imposibilidad de cumplir con las normas sociales.
  • Abandono de la higiene personal y de la limpieza de la casa en que viven.
  • Descuido de la alimentación. En general se alimentan de manera muy precaria.  A causa de esto la persona suele llegar a un importante estado de desnutrición y de deterioro físico.
  • Comportamiento huraño y actitudes hostiles con vecinos y familiares.
  • Rechazo de todo tipo de ayuda y  resistencia a abandonar sus domicilios.
  • Viviendas repletas de desperdicios.
  • Viviendas deterioradas y muy venidas abajo.
  • El abandono en las viviendas puede provocar daños estructurales, y suponer un riesgo de incendio y un peligro para la salud pública.  
  • El abandono y la falta de higiene en el hogar favorece la proliferación de insectos y roedores. Debido a esto suele ser un gran problema para los vecinos.

 

El síndrome de Diógenes digital

Con las nuevas tecnologías han cambiado también los modos de acumulación. Tenemos entonces una nueva versión del Síndrome de Diógenes: la versión digital. Un alto porcentaje de usuarios de tecnología sufre los efectos de este trastorno. ¿Es usted uno de ellos?

¿Acumula cientos de correos sin leer? ¿Guarda fotografías que nunca volverá a ver? ¿Colecciona archivos inservibles? ¿Guarda todo lo que le llega a su teléfono? Si la respuesta es sí, entonces puede que usted sea uno de los usuarios que padecen el síndrome de Diógenes digital.

¿De qué se trata?

Se trata de la acumulación de basura digital en los distintos dispositivos que usamos.

Basura digital es todo aquello que no necesitamos y que podríamos borrar de los dispositivos: mails, fotos, memes, mensajes, chats, etc. Sin embargo en vez de eliminarlos los acumulamos. Si la acumulación no tiene límites y  causa ansiedad pensar en eliminar algo, es probable que esté desarrollando este síndrome.

Atención: este síndrome afecta a personas de cualquier edad y género.

Quienes padecen este síndrome tiene un temor atroz a deshacerse de archivos o mails. Creen que quizás los pueden necesitar en un futuro. A causa de esta creencia no suelen vaciar la papelera de reciclaje ni borrar mails viejos o no leídos, ni si quiera los spam. Desarrollan un gran apego emocional hacia todo el material digital que se acumula en sus dispositivos y les aterroriza pensar en deshacerse de ellos.

Y no solo se trata de acumular sino más bien de la ansiedad que genera el solo hecho de pensar en tener que deshacerse de archivos digitales. De este modo, la acumulación digital provoca un aumento de ansiedad cuando la persona afectada debe borrar algún contenido. Los afectados prefieren contratar más especio a tener que desprenderse de algún archivo.

La acumulación de basura digital, ya sea imágenes, fotos, mails o chats puede causar un deterioro en la capacidad de concentrarse y de desconectarse. Suele traer dificultades en la organización temporal, ya que esta gran cantidad de información acumulada lleva a una pérdida de tiempo.
 

Ejemplos de acumulación digital:

  • Guardar chats con más de dos años de antigüedad que ya no sirven de nada.
  • Guardar varias fotos iguales tomadas sucesivamente.
  • Conservar fotos fuera de foco, malas, o que no nos gustan.
  • Acumular correos electrónicos antiguos, no leídos, etc.

Algunas características del Síndrome de Diógenes Digital:

  • Temor a perder algún contenido y necesitarlo más tarde.
  • Dificultades para gestionar el tiempo.
  • Ansiedad ante la idea de haber perdido algún archivo.
  • Imposibilidad de determinar que algo ya no es necesario y que puede ser eliminado.
  • Apego a todo los archivos guardado en los dispositivos.
  • Aumento de ansiedad ante la idea de eliminar algo.

Consejos para evitar el síndrome de Diógenes digital

  1. Vaciar la papelera de reciclaje con regularidad.
  2. Limpiar el correo con regularidad.
  3. No guardar fotos iguales, ni fotos borrosas o inútiles.
  4. No acumular memes, gifs o imágenes no nesarias.
  5. Borrar conversaciones, fotos y archivos de Whatsapp.

 

¿Qué son los ataques de pánico?

Los ataques de pánico son episodios de miedo agudo que sobrevienen de repente sin que exista en ese momento ningún peligro externo. Generalmente aparecen de manera inesperada, y pueden alcanzar su máxima intensidad en unos 10 minutos. Se trata de un miedo indeterminado que causa reacciones físicas que asustan aún más al que lo padece. De este modo, por los síntomas físicos que tiene se puede creer que se está teniendo un ataque cardíaco o que se va a morir o que uno se está volviendo loco. Estas percepciones y creencias aumentan el miedo y la sintomatología, generando una situación de alta ansiedad y sufrimiento.

Durante el ataque de pánico la persona puede sentir que se ahoga, que tiene palpitaciones, que su corazón se acelera, que no puede respirar bien. Puede sentir mareos, calambres, sensación de extrañeza, inestabilidad, y una serie de síntomas que la persona afectada por el ataque de pánico suele interpretar como un ataque cardíaco.

Los ataques de pánico suelen ser breves y disminuyen por lo general pasados los diez minutos. Tienen una duración variable que oscila entre 10 y 30 minutos. Pero, a pesar de que, generalmente, duran sólo unos pocos minutos, las personas afectadas sienten que se extienden por una eternidad debido a las sensaciones que causan. Es una experiencia terrorífica, que suele dejar un gran miedo a que se repita. Se dice que el primer ataque de pánico no se olvida jamás. La persona queda marcada por ese episodio. Y con miedo a que quizás vuelva a ocurrirle.

Los ataques de pánico pueden aparecer cuando se están viviendo situaciones de mucho estrés de manera prolongada. Pero, curiosamente, no es en el momento del pico de estrés cuando aparecen, sino en una situación relajada. De este modo, el episodio de pánico suele desencadenarse en cualquier momento.  Haciendo una actividad cualquiera como manejar, mirar televisión, hacer compras, o caminar por una plaza.  De pronto, aparecen las palpitaciones, el corazón golpea como si fuera a salirse del pecho, aparece un colosal temor a morir o a enloquecer, sudoración en el cuerpo, hormigueo en las extremidades, desesperación, ahogo. El ataque de pánico ha comenzado.

Muchas personas tienen uno o dos ataques de pánico en toda su vida, y el problema desaparece cuando se resuelve la situación estresante. Sin embargo, si los ataques de pánico son frecuentes y se vive  con miedo constante de sufrir otro ataque, es probable que se trate una afección llamada “trastorno de pánico”.

El trastorno de pánico se instala cuando se han repetido dos o más crisis y empieza el temor a que el ataque se repita. A  partir de allí la vida de la persona afectada comienza a verse restringida. El miedo a que el episodio se repita hace que no efectúe sus actividades habituales por temor a volver a padecer una crisis.

En todos estos casos es necesario hacer una consulta profesional para evaluar la situación y para que el médico indique el tratamiento adecuado.

 

Recuerde que usted no puede, ni debe, auto-diagnosticarse. Sólo un profesional de la salud está en condiciones de hacerlo.

Cuanto antes se recurra a la consulta con el profesional y se comience el tratamiento, más rápido se procede a la recuperación. Si no se trata, el trastorno de pánico puede disminuir la calidad de vida, ya que puede llevar a tener problemas en el trabajo, en la escuela, y en los vínculos.

Es importante saber que los ataques de pánico en sí mismos no ponen en riesgo la vida, pero afectan de manera significativa la calidad de vida.

Los síntomas más comunes que suelen aparecer son:

  • Sensación de peligro o fatalidad inminente.
  • Miedo a perder el control, a estar sufriendo un infarto o a morir.
  • Taquicardia. Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca.
  • Sudor.
  • Temblores o sacudidas.
  • Falta de aliento u opresión en la garganta. Sensación de atragantarse.
  • Escalofríos
  •  Sofocos.
  • Náuseas. Calambres y molestias abdominales.
  •  Dolor en el pecho. Opresión o malestar torácico.
  • Dolor de cabeza.
  • Mareos, inestabilidad, sensación de desvanecimiento o desmayos.
  • Sensación de entumecimiento u hormigueos en las extremidades o en otras partes del cuerpo.
  • Sentimientos de irrealidad, de despersonalización o desconexión.
  • Sensación de ahogo.

¿Cómo controlar un ataque de pánico?

  • Practicar una técnica de respiración. Los ataques de pánico van acompañados a menudo de hiperventilación y dificultades para mantener un ritmo respiratorio normal. Controlar y calmar la respiración es de gran ayuda. En vez de hiperventilar, respirar más lentamente.
  • Aprender relajar los músculos.
  • Cambiar el foco de la atención. Tratar de pensar en otra cosa.
  • Tratar de recordar que los síntomas son una reacción al estrés. Calmarse. Tratar de recordar que se trata de un ataque de pánico y que los síntomas pasarán a medida que se pueda calmar.

Recuerde: los trastornos de pánico pueden tratarse. Es necesario hacer una consulta con un profesional médico para que haga la evaluación e indique el tratamiento adecuado.

 

El duelo en los niños

La pérdida de alguien querido siempre es una situación grave y difícil de afrontar. Después de la pérdida comienza un complejo proceso psíquico al que denominamos duelo. Este proceso requiere del paso del tiempo. Se considera que el duelo normal dura entre 6 meses y dos años. Durante ese período el psiquismo de la persona está ocupado procesando la pérdida y reconfigurando su mundo.

Los niños hacen el duelo a su manera. Por su edad y por su desarrollo emocional, procesan y manifiestan el dolor de una manera distinta a los adultos. Eso no significa que no estén sufriendo o que no necesiten ayuda para elaborar la pérdida. Los niños pueden mostrar su tristeza con cambios en la conducta,  como manifestar conductas agresivas, hiperactividad, fobias, déficit de atención, aislamiento, enojos, caprichos, miedos, regresiones a etapas anteriores, etc.

Es necesario que los adultos puedan entenderlos y acompañarlos en este difícil proceso de duelo. En muchos casos, los propios adultos están atravesando su propio duelo y no encuentran fuerzas para ayudar al niño. Es necesario que el adulto se calme en su dolor y se reorganice internamente para poder acompañar al niño. ¿Pero cuál es la mejor manera de hacerlo?

 

¿Cómo ayudar a los niños afrontar un duelo? Algunos consejos:

• Explicarles lo sucedido.
Es conveniente que la noticia del fallecimiento se la dé una persona cercana emocionalmente al niño. Es preferible que sea alguno de los padres y si no puede ser, que sea otro familiar muy próximo. Hay que tratar de estar tranquilos en el momento de darles la noticia, transmitirles calma y serenidad sin reprimir la tristeza ni los sentimientos que fluyan. Lo importante es que el niño sienta que puede encontrar apoyo, respuestas y consuelo en el adulto.

• Darles espacio y libertad.
Darles espacio y libertad para que el niño exprese sus sentimientos sin presiones. Quizás no lo hace en el momento de los hechos sino tiempo después. No hay que ponerse ansioso. Es fundamental respetar los tiempos de cada niño. Los niños pueden expresar sus sentimientos a través de dibujos, juegos, acciones. No siempre lo hacen a través de la palabra. Es necesario que el adulto esté atento a estas manifestaciones del pequeño.

• ¿Cómo hablarles?
Con la mayor sencillez posible. Podemos utilizar la palabra “muerte” y dar una explicación sobre la muerte un como proceso natural. Tratar de hablar sin miedos ni pudores.

• ¿Cómo contestar a las preguntas que hace el niño?
Es recomendable contestar todas sus preguntas de forma simple y honesta. Si nos pregunta qué pasa después de la muerte y no tenemos una respuesta podemos decir que no sabemos. Podemos expresar nuestras dudas si no tenemos la respuesta a sus preguntas. Hablar con claridad de lo que sabemos y no tener miedo a decir que no sabemos, si ese es el caso.

• No mentir
No recurrir a mentiras para explicar la ausencia de la persona. Las mentiras pueden traer problemas y dificultan el proceso del duelo. Hablar siempre con la verdad que el niño pueda entender según su edad.
 
• Dar una explicación adecuada según la edad
Tenemos que adecuar la forma de explicar la pérdida según la edad, el desarrollo cognitivo y madurativo del niño. Hay que respetar los ritmos y los tiempos del menor. Y tener en cuenta lo que el niño puede asimilar y lo que necesita saber sin que sea demasiado abrumador.

• ¿Los niños/as pueden ir al funeral?
Si. Participar de los ritos funerarios les puede ayudar a comprender y aceptar la muerte. Pero no hay que obligarlos ni llevarlos a la fuerza. Es aconsejable explicarles previamente cada situación y ofrecerles la posibilidad de que elijan si desean participar o no.

• ¿Es bueno seguir hablando de la persona fallecida?
Si. Si el niño lo desea hay que permitirle hablar de la persona fallecida. Recordarla. Preguntar por ella. Sin obligarlos si no quieren hablar. Siempre hay que respetar los ritmos del niño y hacerles saber que uno está disponible para hablar siempre que ellos lo deseen.

• Ayudarlo a reconocer y a expresar sus emociones
Explicarles que es natural el sentir tristeza y deseo de volver a ver a la persona. Nunca censurar sus emociones diciendo: “no llores” o “no estés triste”. No criticarlo si siente miedo de noche, o miedo a la oscuridad. Ayudarlo a enfrentar sus miedos y entender que la aparición de miedos es parte del duelo.

• Darles apoyo emocional
El adulto debe permanecer físicamente, con cariño, besos, abrazos, y emocionalmente cerca de los niños. Darles afecto. Acompañarlos. Que sientan la cercanía y la presencia. Ya sea jugando con ellos, compartiendo momentos, ofreciéndoles mirar una peli con ellos, y manteniéndose siempre dispuestos a hablar, a escucharlos y a ser comprensivos con el proceso de duelo que el niño, a su manera, está atravesando.

• Retomar los hábitos cotidianos
Es muy aconsejable retomar las actividades cotidianas lo antes posible. Volver a los hábitos y a las reglas  sin demasiadas exigencias y sin fingir que la pérdida no ha tenido lugar. El orden externo ayuda a la confusión psíquica que produce el duelo.

 

Seis señales de peligro en una pareja

La forma en que cada pareja resuelve sus conflictos es central para predecir el destino que tendrá esa unión. En un matrimonio saber discutir es un arte. Es sabido que las diferencias entre las personas son inevitables. Y esas diferencias son las que llevan a discutir y a enfrentarse.

Son muchos los temas que una pareja debe acordar y negociar. Temas personales, sexuales, económicos,  familiares, temas de convivencia y de responsabilidades en las tareas domésticas, temas vinculados a la educación de los hijos, etc.  

Digamos que casi todo puede ser un motivo de discusión. Ahora bien, para que una pareja perdure es necesario que encuentren un modo de lidiar con las diferencias. Un modo que les permita escucharse, entenderse, y llegar a acuerdos. No es fácil, claro está. Pero tampoco es imposible.

John M. Gottman, uno de los más famosos investigadores sobre estos asuntos,  ha investigado de manera especial el comportamiento de las parejas a la hora de discutir. John M. Gottman es profesor de Psicología en la Universidad de Washington y codirector de The Gottman Institute.

Su trabajo sobre la pareja ha merecido elogios por su rigor científico al observar los hábitos de innumerables parejas a lo largo de más de 25 años. Es conocido mundialmente por su trabajo sobre la estabilidad matrimonial y la predicción del divorcio.

Después de años de investigación, el psicólogo asegura que existen señales muy claras que permiten predecir el divorcio de una pareja. En su love lab (laboratorio del amor) pide a las parejas que busquen un tema de discusión habitual y las observa. El objetivo de esta observación es identificar conductas específicas que puedan llevar a la ruptura.

Siguiendo los lineamientos de Gottman, producto de sus investigaciones, especialistas han elaborado esta lista que indica las señales de alerta que debe tener en cuenta una pareja, poniendo el énfasis en el modo con el que encaran las discusiones y peleas.

1. Iniciar las discusiones de manera violenta: Cuando una pareja comienza la discusión con violencia, con agresiones y perdiendo el respeto al otro, la discusión está destinada al fracaso. La investigación demostró que si la discusión empieza con un planteamiento violento, terminará de peor manera. Según el trabajo de Gottman se puede predecir el resultado de una conversación basándose en los primeros tres minutos. Consejo: Si se inicia una discusión de manera violenta es mejor dejarla y hablar en otro momento. Es importante encontrar un mejor modo de encarar las diferencias.

2. Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: John Gottman, detectó cuatro comportamientos que resultan seguros predictores de problemas graves. Se trata de cuatro comportamientos que, de mantenerse en el tiempo, llevará a que la relación de pareja acabe rompiéndose casi con seguridad:

Crítica destructiva. Una crítica destructiva incluye etiquetas, descalificaciones y generalizaciones, se expresa en segunda persona, con tono de voz elevado y despectivo. Como su nombre lo indica, busca destruir al otro.

Desprecio: El desprecio incluye insultos, muecas, ironía y sarcasmo. Se utiliza con fines ofensivos y para descalificar a la otra persona. Las expresiones habituales son insultos, mirada de aburrimiento, burla y hostilidad.

Actitud defensiva: Implica responder a la defensiva y contraatacando, lo cual  empeora la situación de conflicto en la pareja.  Sólo sirve para seguir escalando en la disputa.
Encierro: Es dar muestras de indiferencia hacia la otra persona. Hacer como que no se escucha, mirar hacia otro lado, involucrarse en otra actividad, hacer como que el otro no existe.

3. Desborde emocional: es la imposibilidad de pensar con el otro. Las emociones arrasan y no es posible hacer un planteo lógico y en calma.

4. El cuerpo: durante una pelea los latidos del corazón suben a más de 100 por minuto, hay cambios hormonales, sudoración, respiración agitada y corta y otros signos de ansiedad. Cuando se sienten estas reacciones corporales, es mejor tomar conciencia de lo que nos está pasando e interrumpir la discusión. El aumento de la violencia no lleva a nada bueno.

5. Intentos fallidos de reparación: Las parejas que acaban mal son aquellas en que no encuentran un modo de reconciliarse. Los intentos de reparación fallidos forman una espiral hostil que desgasta y empeora la relación. Según Gottman, negarse a oír las explicaciones del otro predice el final de las relaciones en un 90%. Si no es encuentra el modo de reparar cada pelea aumenta el deterioro del vínculo.

6. Malos recuerdos: La última señal de alarma es la manera como la pareja cuenta su pasado en común. Cuando se les pregunta sobre algo de su pasado y eligen recordar momentos negativos podemos decir que la pareja va por mal camino. Los malos recuerdos aplastan a los buenos y dejan un sabor amargo y negativo respecto a la vida en común.

 

¿Cómo nos comunicamos?

La comunicación es la base de los vínculos que establecemos con los demás. Hablar, expresarse, decir lo que nos pasa, lo que sentimos, lo que pensamos, es una de las claves para que nuestras relaciones sean positivas y beneficiosas.  

La comunicación se define como “el intercambio de sentimientos, opiniones, o cualquier otro tipo de información mediante el habla, la escritura u otro tipo de señales”.

 

Los elementos que deben darse para que se considere el acto de la comunicación son:

Emisor: Es quien emite el mensaje.

Receptor: Es quien recibe la información.

Canal: Es el medio físico por el que se transmite el mensaje, como internet, teléfono, etc.

Código: Sistema de señales o signos que se usan para transmitir un mensaje, por ejemplo, el inglés, el castellano, el código morse.

Mensaje: Es lo que se quiere transmitir.

Situación o contexto: Es la situación en el que se desarrolla el acto comunicativo.

Pero, ¿cómo nos comunicamos? ¿Nos sabemos comunicar?

Se dice que una comunicación eficaz es poder comprender el punto de vista del otro y hacer entender el propio. Para eso es necesario, escuchar, respetar el punto de vista del otro y expresar las propias ideas sin agredir y sin temor. No siempre es fácil hacerlo.

Por otro lado, la comunicación humana, es el reino del malentendido. Entre lo que creo decir y lo que el otro entiende suele haber una enorme diferencia. Eso se debe a que cada quién interpreta lo que escucha desde sus propias ideas, códigos y preconceptos. Para escuchar realmente al otro sería necesario suspender por un segundo los propios juicios y tratar de asimilar el mensaje del otro.

Y, además,  a todo este mecanismo comunicacional le tenemos que sumar las emociones que nos embargan. El miedo, el enojo, el odio, el entusiasmo, la envidia, la compasión, son algunas de las emociones que tiñen y distorsionan lo que decimos y lo que escuchamos.

Entonces, comunicarse es un arte complejo que debemos aprender y mejorar. No olvidar que nuestras relaciones con los demás dependen de nuestra capacidad de comunicarnos.

 

Estilos de comunicación

Según los expertos existen tres estilos de comunicación: la comunicación pasiva, la comunicación agresiva y la comunicación asertiva.

Cada persona tiene un estilo de comunicación que predomina en relación a los otros dos. Si bien es cierto que nos solemos comunicar más frecuentemente en uno de estos estilos, podemos ir rotando entre los tres.

Tanto el estilo agresivo como el pasivo en vez de favorecer la comunicación entre las personas, la dificulta. El estilo asertivo, en cambio, es el único estilo de comunicación que facilita la relación entre las personas.

 

1. Comunicación agresiva

Las personas que utilizan este estilo de comunicación tratan de imponer su punto de vista sin importarle la opinión ni los sentimientos de los otros. Usan estrategias como amenazas, intimidación, sarcasmo, descalificación, acusaciones, sentimiento de culpabilidad, enojo y reproches. Sobrevaloran las opiniones y sentimientos propios y desprecian los de los demás.

Usan un tono de voz elevado,  hablan con monólogos no dejando que el otro exprese su opinión. Critican a  los demás. Buscan imponerse. No les interesa lo que piensa el otro. Quieren tener razón siempre. No toleran que las contradigan.

En general, la persona que usa la comunicación agresiva, pelea, acusa, interrumpe, amenaza, agrede a las demás sin tener en cuenta sus sentimientos y tiene tendencia al contraataque.

 

2. Comunicación pasiva

Los individuos que utilizan la comunicación pasiva evitan cualquier confrontación con la otra persona. Tienen una excesiva necesidad por agradar a los demás. Evitan mostrar sus sentimientos y pensamientos por temor a ser rechazados e incomprendidos o por miedo a ofender a otras personas.

No les gusta llamar la atención. No dicen lo que piensan. Prefieren callar y muestran conformidad ante las decisiones de los demás.

Usan un tono de voz excesivamente bajo y vacilante. Se expresan con frases cortas, incluso a veces haciendo uso solamente de monosílabos.

Suelen tener una baja autoestima y mantener este estilo de comunicación aumenta esta baja autoestima.

 

3. Comunicación asertiva

Es el estilo de comunicación más favorable y sana. Es característico de las personas que defienden sus propias opiniones al mismo tiempo que respetan y escuchan las de los demás. Respetan los puntos de vista de su interlocutor, sin silenciar el propio. Tienen buena autoestima, seguridad en sí mismos y se muestran confiadas.

Se dice que la asertividad es un modo de comunicación en el que la persona ni agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que expresa sus convicciones y defiende sus derechos.

La asertividad impide que seamos manipulados por los demás.  

Las habilidades comunicativas que suelen tener las personas con estilo asertivo son:

Empatía: la habilidad para ponerse en el lugar del otro.

Escucha activa: escuchar evitando realizar interrupciones o juicios previos.

 

¿Qué es el Breadcrumbing?

Coqueteo virtual. Migas emocionales en las redes. Likes. Señales de interés. De todo eso se trata el Breadcrumbing. Explican los especialistas que el Breadcrumbing es el modo digital de llamar la atención del otro. Atraerlo e interesarlo con pequeños indicios virtuales.  Este término inglés proviene de la palabra breadcrumb que significa miga de pan. Y el acto de ir dejando migajas en el mundo digital toma justamente el nombre de breadcrumbing.

¿Pero cuáles son esas migajas que se dejan en el mundo digital? Likes, algún comentario, un emoji, mirar una historia en Instagram. Pequeñas marcas y mínimas señales que indican que hay cierto interés romántico en la persona.

Así, lo que antes hubiera sido una sonrisa, un gesto, una mirada, es ahora una señal digital. El problema del Breadcrumbing es que muchas veces no va más allá. Es sólo eso. Un coqueteo que no significa que la persona quiera ir más allá. Hay que aclarar que este modo de coqueteo en general no se concreta. Queda ahí. Y es esta su característica principal.

Desafortunadamente existen personas pasan mucho tiempo viviendo de las migajas de amor. Se generan expectativas, ilusiones, esperanzas y la persona en cuestión queda  a la espera de una nueva miga. Cada migaja acrecienta su ilusión y la idea de que el otro realmente quiere algo con ella. Esta situación expectante  puede generar un estado de ansiedad y angustia. Ya que del otro sólo recibe cada tanto como única señal una migaja de atención que renueva sus ilusiones.

Por ejemplo pensemos en alguien que alguna red social comienza un pequeño flirteo digital. Likes,  comentarios  intercambios de mensajes que van y vienen mostrando cierto interés. Todo parece ir bien. Parece existir un interés romántico. De pronto un día, sin que haya pasado nada especial, uno de ellos no vuelve a dar señales de vida. Ya no mira las historias, ni le da likes a las fotos. Desaparece. No se sabe qué pasó. Simplemente dejó de prestarle atención. La persona afectada suele hacer miles de interpretaciones para tratar de entender por qué de golpe, sin motivo aparente, el interesado desapareció.

Pero las cosas no terminan allí,  un buen día, un par de semanas después reaparece y le da un like a una foto, o empieza a mirar las historias en Instagram otra vez. Pequeños gestos, migas. Comienza otra vez un ciclo de likes y coqueteos digitales.  Todo parece encausarse,  hasta que vuelve a desaparecer sin motivo.

Esta modalidad de Breadcrumbing  puede extenderse en el tiempo. “Aparezco, tiro migas, te atraigo, te coqueteo, desaparezco, vuelvo hasta que me prestes atención, tiro unas migas, te miro, capto tu atención, vuelvo a desaparecer”,  parece ser el mensaje de esta dinámica.

El sitio Urban Dictionary lo define como un “enamoramiento” sin intenciones de llevar las cosas más lejos.

El problema es que del otro lado puede haber alguien que sí quede afectado por este comportamiento. El problema es que este modo de coqueteo puede dejar heridos. El problema es que del otro lado de la pantalla puede haber alguien que se enganche, se ilusione, se llene de ansiedad y de expectativas por algo que no va a ocurrir.

Hay quienes dicen que esta modalidad es llevada adelante por aquellas personas que envían señales mínimas a alguien dando esperanzas de que la relación pueda ir a más, pero a sabiendas de que nunca va a avanzar. En otras palabras, la persona va dejando “migas de pan” creando esperanza en la otra. En su fuero más interno sabe que la situación nunca va a llegar a más, pero sigue dejando esas migas provocando un dolor considerable en el otro.

Los especialistas advierten que esta práctica puede provocar ansiedad y dolor en los afectados. Y, como las leves señales que reciben son equívocas y cambiantes, la persona afectada no consigue de descifrar el comportamiento del otro y  termina creyendo que es ella la culpable del comportamiento errático del otro, que es ella la que hace algo mal, deteriorando así su autoestima.
 

¿Cómo saber que se es víctima de Breadcrumbing?
Es importante saber si se está siendo víctima de este tipo de situaciones, para poder frenarlas cuanto antes y no engancharse con algo que no irá a ningún sito y solo traerá ansiedad, angustia y sufrimiento.  
Para ello, es necesario fijarse en:

  • Si al proyectar planes para verse da respuestas ambiguas como “ya veremos” o “quizás”, pero la concreción no llega nunca.
  • Si aparece y desaparece con frecuencia dejando abierta la expectativa.
  • Si pueden pasar semanas sin saber nada de esa persona. Y si al tiempo reaparece como si nada.
  • Si busca interacción online y huye de la relación física.
  • Si mantiene virtual un flirteo que sirve para mantener a la otra persona pendiente, pero nunca dan el paso para ir más allá.
  • Si actúa de forma errática e incongruente.
  • Si nunca es posible entender qué piensa, qué quiere o por qué actúa como actúa.
  • Si muestra interés en lo que haces y posteas, pero sólo queda en eso.