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Opinión

La comezón del séptimo año

Parece ser que el séptimo año es un año bisagra para los matrimonios. Algo se estanca. El amor y el entusiasmo no fluyen como antes. Aparecen tentaciones peligrosas. La fantasía de tener una aventura con otra persona empieza a sonar con más fuerza en la cabeza. Según la creencia popular las relaciones de pareja pasan por una fuerte crisis  en el séptimo año. Y a esta crisis se la conoce como “la comezón del séptimo año”. ¿De dónde surge esta idea?

El nombre  proviene de una obra teatral de George Axelrod, estrenada en Broadway en 1952. Más tarde, en el año 1955,   se estrenó  a la famosa película de Billy Wilder que también se llama La comezón del séptimo año (The seven year itch).

La película plantea la enorme tentación que tiene un hombre casado  ante los coqueteos de su vecina (Marylin Monroe), a los que finalmente no sucumbe por respeto a su familia.

A partir de estas obras se popularizó la idea del peligro del séptimo año para las parejas. ¿Pero cuánto hay de cierto en esto? ¿Es una realidad o un mito producto de la ficción?

El psicólogo Karl Pillemer, en una entrevista para Huffington Post  explica que en verdad no existen evidencias científicas de que se produzcan problemas maritales exactamente a los 7 años de relación, sino que ese número es un promedio.

Dice el psicólogo: “Las parejas no deben temer al séptimo año como una amenaza única. Los estudios muestran que, en promedio, la satisfacción conyugal y la calidad general caen durante los primeros años en que las personas están juntas, cuando la ‘vida real’, y en particular los niños, entran en escena“.

La realidad es que, después de muchos años de estar en pareja comienza una etapa más rutinaria. La vida ya no es tan divertida. Hay deudas, niños que cuidar, labores que atender, cansancio, preocupaciones, miedos. Todo esto puede armar un combo letal para el amor de pareja. La fantasía de infidelidad empieza a rodar con mayor frecuencia. Puede ser que aparezcan terceros que resulten más seductores y atractivos que la propia pareja. Lo que se había construido hasta el momento parece pender de un hilo.

La crisis puede darse en el séptimo año, pero también en el sexto, octavo, etc. La falta de novedad, la rutina, la costumbre, son algunos de los enemigos de las parejas que, con el tiempo, empiezan a provocar la famosa comezón.

Obviamente, se trata de una crisis. Superarla o no, dependerá de la capacidad de la pareja para renovarse.

Algunas indicaciones para superar las crisis

  1. Darle espacio al diálogo: busquen un momento para hablar. Mantener la comunicación y el interés por el otro es fundamental. La falta de comunicación es un factor importante en la picazón de los 7 años. Tómese el tiempo para hablar con su pareja todos los días.
  2. Entender que algunas etapas son más exigidas: cumplir con horarios, rutinas y responsabilidades es agotador. Al estar cansados, es más fácil que surjan fricciones y discusiones. Por eso, es clave ser pacientes y tolerantes. Y saber aceptar momentos de frustración.
  3. 3. Buscar espacios para estar solos: una pareja necesita tener tiempo para hablar, mimarse, escucharse y reencontrarse. Es fundamental hacerse el tiempo y el espacio para tener momentos de intimidad. Descuidar la intimidad es un error fatal que puede llevar a la destrucción de la pareja.
  4. Combatir el aburrimiento: Un estudio realizado por la Universidad de Michigan y la Universidad de Stony Brook descubrió que el aburrimiento es una de las mayores causas de la comezón del séptimo año. Es recomendable hacer una nueva actividad juntos como pareja. Compartir actividades y experiencias nuevas. Sorprenderse juntos es esencial. No hay que permitir que la relación se convierta en algo aburrido.
  5. Programar una cita nocturna: Las obligaciones pueden reducir el tiempo que antes le dedicaban al romance. Programar una cita nocturna, vestirse especialmente para la ocasión, volver a seducir y a conquistar a su pareja puede ayudar a recuperar el romanticismo.
  6. Desarrollar nuevos intereses: el aburrimiento en la vida es peligroso. Busque cosas nuevas que lo entusiasmen. Esto también le dará más cosas de que hablar y le ayudará con su pareja.
  7. Reconocer el problema: aceptar que algo no está funcionando entre ustedes  significa que podrán tratar la crisis de manera más eficiente. Recuerde que siempre puede buscar ayuda profesional si la crisis es muy aguda.
  8. Hacer una lista de pros y contras: anote todo lo que perdería si deja su relación actual y lo que cree que ganaría. A veces, ver las cosas por escrito, ayuda a valorar y a elegir lo que uno quiere y necesita. 

¿Cómo ayudar a alguien que sufre?

Una de las situaciones más difíciles que nos tocan vivir es ver a alguien que está sufriendo y no saber cómo ayudarlo. Esto es especialmente penoso si se trata de una persona  querida y cercana.

Normalmente cuando sabemos que una persona está atravesando un momento difícil lo primero que intentamos hacer es tratar de buscar una solución para su situación. Escuchamos cuál es el problema y automáticamente empezamos a pensar en soluciones que puedan ayudar. Nuestra atención se focaliza en las posibles soluciones y dejamos de prestar atención a lo que la persona expresa.

De este modo desatendemos su verdadero padecimiento.  Y negamos una realidad: a veces hay cosas que no tienen solución. Simplemente hay que atravesarlas, soportarlas y, aprender de ellas.

El famoso doctor Jung escribió que la base de la ayuda terapéutica está en escuchar sin juzgar los problemas del otro, en aceptarlos y no colocarse por encima de su dolor.

1. Escuchar
Esta es la base de la ayuda: saber escuchar. Prestarle al otro nuestra atención, nuestro tiempo, y nuestro atento silencio para que pueda poco a poco expresar sus sentimientos y su malestar. Saber escuchar es un arte.

Para escuchar sin interferir recomendamos:
• Busque el momento y el lugar adecuados para que la persona pueda contar con tranquilidad aquello que le sucede.
• No minimice la situación.
• Hágale saber que cuenta con su apoyo y que no lo juzgará. No hace falta decirlo con palabras, su actitud al escuchar es lo que cuenta.
• No lo presione.
• Permita que la persona hable cuando lo considere adecuado.
• No le haga miles de preguntas.
• Déjelo hablar y respete su silencio.
• No lo interrumpa.
• Permita que hable el tiempo que sea necesario. Muchas veces desahogarse es el mejor remedio.
• No lo juzgue. Para comprender es necesario liberarse de los propios preconceptos y escuchar sin prejuicios.

2. Mantenerse cerca
Otro modo de ayudar a alguien que sufre es no dejarle solo. Que el otro sepa que está allí si lo necesita. Acompañarlo. Hacerle sentir la cercanía, pero sin invadirlo. Claro que no es fácil, pero es posible y hay que intentarlo.

Muchas veces la persona que sufre se aísla. Evita la compañía y ni siquiera responde los mensajes o los llamados. Es importante hacerle sentir que no está sola sin invadirla y respetando sus necesidades y sus tiempos. Para esto es necesario ser sutil y al mismo tiempo perseverante.

Otra forma de cercanía es brindarle ayuda con alguna de las actividades cotidianas que quizás la persona no puede cumplir, como ayudarle con la compra diaria, con la organización de la casa, etc.

3. No confrontar
No es momento de confrontar. Es importante manejarse con tacto. Por un lado, es necesario  ser firme y no dejar que la persona “se derrumbe”.

Pero por otro lado, hay que ser flexible y evitar las confrontaciones. Para conseguirlo aconsejamos:
• Evitar imponer las propias  opiniones.
• Respetar los tiempos del otro.

4. No  abrumar con consejos
¿Quién es uno para suponer que sabe lo que es mejor para el otro? El secreto de la ayuda es poder escuchar y respetar lo que el otro dice. En la desesperación por brindar ayuda a veces uno deja de escuchar al otro y sólo se escucha a sí mismo y a lo que cree que es mejor.

No es momento de consejos. Es momento de escuchar, entender y respetar.

5. Tener paciencia
Los procesos de recuperación suelen ser lentos. Después de una gran pérdida el psiquismo necesita un largo tiempo de elaboración para recuperarse.

Los procesos son extensos y no pueden acelerarse. Es necesario entenderlo para respetar esos tiempos. Lo peor que se puede hacer es querer acelerar ese proceso y comunicar nuestra ansiedad por la recuperación del otro. La persona que está pasando un mal momento no puede lidiar con su dolor y con la ansiedad de los demás por verla bien nuevamente.

Hay que pensar que el dolor psíquico tiene tanta realidad como la fractura de un hueso. Cualquiera entiende que si se le rompe un hueso necesitará un tiempo para recuperarse. A nadie se le ocurre “obligar” al cuerpo a que acelere sus ritmos. La misma actitud de respeto por el proceso hay que tener con el sufrimiento psíquico. 

En este sentido es esencial la paciencia. Es decir, respetar los tiempos que el proceso de recuperación requiere, sin tratar de imponer los tiempos nuestra pretensión de que el otro esté bien ya mismo.

Amores on-line

Cambia el mundo y nosotros cambiamos con él. Cambian nuestras nociones del tiempo y del espacio, cambia la forma en la que percibimos la realidad, cambian nuestras necesidades, y también, claro está, cambia nuestro modo de relacionarnos con los demás.

Y, en el medio de esa situación de cambio constante, el amor sigue allí, acechando, esperando. Mujeres y hombres de todas las edades buscan encontrar a la persona que les despierte ganas, alegría, deseo. ¿Pero cómo es esa búsqueda en la era digital?

Para muchos los modos tradicionales ya no funcionan. Y es que las apps de citas y las redes sociales son ahora parte central de nuestras vidas. Muchas historias de amor y de desamor nacen y se apagan dentro del mundo digital.

Se dice que en el mundo, por semana, un millón y medio de primeras citas se arreglan en Tinder. Y Tinder es sólo una de tantas aplicaciones que se utilizan para buscar con quién salir. Otras aplicaciones, como Happn, Grindr, Match.com, OkCupid, también cambiaron las maneras de conocerse y de, eventualmente, enamorarse.

¿Hay alguna diferencia entre conocerse en persona o a través de una plataforma digital? ¿Cuáles son los pros y los contras? Muchos investigadores se plantean el tema, e intentan dar respuesta a los múltiples interrogantes que estos modos de conocerse generan.

Nicole Ellison, profesora en la Universidad de Michigan, se abocó a estudiar cómo se presentan los individuos en sus perfiles de aplicaciones de citas. Según ella, estas apps "aumentan la cantidad de potenciales parejas y les permiten a las personas acceder a más información sobre esas potenciales parejas que la que tendrían en un primer encuentro cara a cara, como un bar o una fiesta".

Sin embargo, esta primera información que recibimos de manera digital no suele ser del todo veraz ni suficiente para afianzar y sustentar el deseo en una relación.

Eli Finkel, profesor de psicología de Northwestern University aclara que luego del primer encuentro, los efectos de las citas online son mucho más pequeños. Sostiene que es posible que la cantidad de otras posibles parejas haga que las personas sean menos proclives  a seguir saliendo con alguien que no termina de cerrarles.

Por otra parte, para Finkel, los algoritmos no son efectivos a la hora de predecir si dos personas se van a llevar bien. Sostiene  que una relación es una entidad muy distinta a las personas involucradas en ella. La química romántica parece ser imposible de predecir por adelantado, aclara.

Los algoritmos se basan en la información que proveen los participantes en sus perfiles. Pero esa información suele estar distorsionada. Los participantes suelen querer dar una versión mejorada de ellos mismos en su perfil. La profesora Ellison comparó el peso y la altura reales de 80 aspirantes a conseguir pareja en línea con lo que mostraban  en sus perfiles. Encontró que los hombres tienden a agregarse altura y las mujeres a quitarse peso.

Así es que esta primera imagen que recibimos del otro, es lo que el otro decide mostrar en su perfil. La realidad irá apareciendo poco a poco, a medida que la relación prospere. Y, especialmente, cuando llegue el momento de conocerse en persona.

El cuerpo real del otro, el tono de su voz, el olor, su modo de moverse, y su gestualidad, agregan una tridimensionalidad que el encuentro digital no permite evaluar. Así, afirma Finkel, a primera impresión en la aplicación no es suficiente para iniciar una relación.

¿Y qué pasa a la hora de separarse?
Ilana Gershon, profesora de antropología de la Universidad de Indiana, publicó un libro sobre rupturas de pareja a través de los medios digitales. En el mismo muestra que la digitalización también ha marcado los modos de encarar una ruptura sentimental.

"Tener todas estas opciones para terminar las relaciones ha hecho que las personas decidan separarse de nuevas maneras, y que tengan que tomar nuevas decisiones una vez que se separan, como qué hacer con los rastros de la pareja en Facebook, o si eliminar el número de los contactos del celular para no llamarla en un momento de vulnerabilidad o borrachera", comenta la autora.

Bloquearlo, dejar de seguirlo en Instagram, borrar sus fotos, espiarlo en las redes, dejar de ver sus historias, o por el contrario tratar de saber todo lo que hace, son algunos de los nuevos desafíos que aparecen en las rupturas amorosas. La realidad se ha expandido hacia lo digital y las huellas de una relación en internet suele ser tan poderosa como las marcas que ha dejado en el recuerdo o en la casa que han compartido.

¿Qué es la depresión otoñal?

Con la llegada del otoño llegan muchos cambios a la vida de todos. Comienza la estación de los colores ocres, de las temperaturas más frescas y de los días de lluvia. Llegan cambios en la cantidad de luz solar que recibimos, cambios en la duración del día, cambios en la temperatura, y cambios en los colores de la naturaleza que se dispone para enfrentar el invierno.

Así también nosotros experimentamos cambios en nuestro ritmo vital.  Todos los cambios típicos del otoño afectan e influyen en nosotros de diversas maneras. En algunos casos puede ocasionar un estado de ánimo especial conocido como depresión otoñal.

Es bueno saber qué quizás algo de esto puede estar ocurriéndonos y, en ese caso, saber qué cosas son convenientes hacer para evitarlo.

¿De qué se trata la depresión otoñal?
La llegada del otoño  puede causar sentimientos de tristeza, de falta de ánimo, de sopor y de cierto desgano. Algo parece apagarse en nosotros y hacer las cosas cotidianas nos cuesta más que antes. Podemos estar más introvertidos y melancólicos, como si nuestro ánimo acompañara este momento especial de la naturaleza. Todos estos sentimientos que pueden aparecer en otoño son parte de lo que llamamos la “depresión otoñal”.

Se trata de un estado depresivo causado por los cambios que ocurren en otoño. La depresión otoñal es parte del trastorno afectivo estacional, es decir, de una depresión vinculada con el cambio de estación. Las señales de alerta suelen comenzar al inicio del otoño.  En la mayoría de los casos se termina al finalizar el invierno.

Este padecimiento conocido como Trastorno Afectivo Estacional es un “síndrome anual recurrente”. Fue descripto por Norman Rosenthal, profesor de Psiquiatría clínica de la Universidad de Georgetown de Washington quien lo investigó durante 20 años, desde 1981.    

Síntomas de la depresión otoñal
Los síntomas de la depresión otoñal pueden variar  en cada persona. Sin embargo,  los más comunes son estos:

  • Falta de interés.
  • Pocas ganas de realizar actividades.
  • Tristeza y apatía.
  • Cansancio excesivo.
  • Cambios en el apetito.
  • Aumento o pérdida de peso.
  • Falta de motivación.
  • Pensamientos negativos.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Trastornos en el sueño como insomnio, o su contrario sueño excesivo.

¿Cuáles son las causas de la depresión otoñal?
Las causas de la depresión son diversas. Las más frecuentes son:     

  • Serotonina: la reducción de la luz solar hace que los niveles de serotonina disminuyan.
  • Melatonina: el inicio del otoño causa desajustes en la producción de melatonina, relacionada con el sueño y nuestras emociones.
  • Reloj biológico: la disminución de la luz solar altera el reloj biológico, y afecta el estado de ánimo.     

Actividades que ayudan a sobrellevar la depresión otoñal
La depresión otoñal es un trastorno pasajero. Podemos combatirlo realizando una serie de actividades que ayudarán a sobrellevar el cambio estacional.

  1. No quedarse en casa: para combatir la depresión otoñal es aconsejable prolongar la exposición a la luz natural. Se recomienda  dar paseos en las horas del día con más luz solar.  También es excelente idea realizar ejercicio al aire libre
  2. Dormir bien: otro recurso es tratar de  dormir las horas que necesite y de manera regular durante toda la semana. Tratar de mantener las horas de sueño habituales y no alterar el ritmo del sueño es lo mejor.
  3. Cuidar la dieta: la alimentación es fundamental para afrontar con éxito este cambio de estación. Se aconseja ingerir alimentos saludables y equilibrados. Incluir en la dieta legumbres, cereales, carne y verduras que aportan hierro y fortalecen el organismo. También los  frutos secos son un buen aliado para recuperar fuerzas.
  4. Incentivar la vida social y darse los gustos: no aislarse. Es recomendable planear encuentros con familiares y amigos. También hay que darse los gustos y realizar aquellas actividades que más le agraden y entusiasmen.

Si con la llegada del otoño nota algunos de los síntomas de alerta, es necesario utilizar los recursos comentados para impedir que la depresión avance.

Si la depresión continúa debe acudir a un profesional de la salud para recibir el tratamiento adecuado.

La soledad: un problema de salud

La soledad es uno de los grandes problemas de la vida moderna. Muchos investigadores se encuentran dedicados a pensar y replantear este tema, que se presenta como uno de los importantes dilemas de la vida contemporánea.

A pesar de ser ésta la era de la comunicación y de la hiperconectividad, el ser humano se siente cada vez más sólo. Nos encontramos ante esta gran paradoja: estamos conectados con el mundo entero y, sin embargo, nos sentimos cada vez más solos. En ese punto parece que la tecnología y los dispositivos de comunicación que ya forman parte de nuestra vida diaria, tienen también esa cara oscura: el aislamiento.

El poeta inglés JOHN DONNE (1572-1631) escribió en un famoso poema: “Ningún hombre es una isla por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo”… “Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti." (Fragmento)

Y así es. Estamos interconectados y necesitamos sentirnos parte del todo. No somos puntos aislados en el universo. 

No somos islas, formamos parte de una sociedad y, aunque tratemos de evitarlo, nuestros actos tienen una repercusión directa o indirecta sobre los demás. Así como los actos de los demás tienen una influencia directa en nosotros.

Muchos pensadores y artistas se inspiraron en este poema de John Donne para pensar sobre la conexión del hombre con su ambiente.

El teólogo y poeta americano Thomas Merton escribió un libro titulado “Los hombres no son islas” en el que describe nuestra profunda vinculación con las personas que nos rodean.

Así mismo,  Ernst Hemingway utilizó uno de los versos del poema de John Donne como título para su famosa novela: "¿POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS?".

La cuestión es que en la actualidad el tema del aislamiento y de la soledad del ser humano sigue siendo un punto de reflexión y de preocupación no sólo para filósofos y artistas, sino para los profesionales de la salud. Muchos investigadores de la salud están generando estudios para comprender el peso que la soledad tiene en la salud integral del ser humano.

El uso permanente de las redes sociales y de las diversas apps que nos proveen de una aparente comunicación y de caudales de información instantánea, tiene también un efecto desolador: el efecto de provocar un estado de aislamiento emocional y afectivo.

La soledad, el sentimiento de soledad es justamente eso: un estado de aislamiento emocional y afectivo. Se puede estar rodeado de personas, pero si no se tiene un lazo de intimidad afectiva con ninguna de ellas aparece el sentimiento de soledad.

En un estudio realizado en Estados Unidos se observó que el 46% de los estadounidenses padece ocasionalmente de soledad, es decir, de la sensación de sentirse separados o fuera de algo. Los investigadores que realizaron la investigación concluyen que esto es un nivel casi epidémico de soledad.

El puntaje más alto en la escala (48) predominó entre la generación Z, que incluye a las personas que tienen en la actualidad entre 18 y 22 años, mientras que, sorprendentemente, las personas de 72 años o más reportaron sentirse menos solas, con un score de 39.

En un estudio llevado a cabo en el Reino Unido se encontró que los riesgos asociados a sentirse solo son superiores a fumar 15 cigarrillos al día. Además se halló una relación entre la soledad y el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas. Los investigadores afirman que la soledad suele causar que la gente tenga menos estímulos mentales, ya que estos estímulos son ocasionados por el contacto con los demás. Y esta falta de estímulos, a la larga, deteriora el estado cognitivo de la persona.

Otra investigación afirma que en los individuos que se sienten solos o tienen pocas conexiones sociales el riesgo de morir antes de los 70 años aumenta al 50%.

Todas estas investigaciones apuntan a ver en la soledad crónica y prolongada un factor que puede afectar la salud mental y física de la persona.

El énfasis está ubicado en que el ser humano tiene la necesidad de tener conexiones sociales satisfactorias. No se trata de la cantidad de gente que nos rodea sino de la calidad de los vínculos que construimos. Se trata de ser capaz de establecer vínculos con un nivel de intimidad emocional satisfactorio, ya sea con amigos, familiares o con la pareja. Es la calidad de los vínculos la que nos hace sentir conectados con los demás.

La fuente de la creatividad

Desde el primer momento en que tomamos aliento, vivimos bajo un proceso de domesticación que nos va moldeando durante la infancia. Si no somos conscientes de lo que sucede, podemos permanecer adormecidos el resto de nuestra vida.

Durante esta fase de adquisición de creencias y actitudes, perdemos no solo la candidez y frescura que caracteriza a los infantes, sino también nuestro dinamismo. Esas inesperadas ocurrencias, que son el destello inigualable de la creatividad innata, se van marchitando. Dejamos de soñar que algún día creceremos, para finalmente convertirnos en el adulto que nunca pensamos ser.

Y yo pregunto: ¿dónde dejamos al niño o niña que soñaba en grande? ¿Por qué nos empeñamos en dejarlo encerrado en el baúl de los recuerdos, cuando nunca se fue de nuestro lado?

El pequeñito que habita en nosotros, como cualquier infante, está capacitado con grandes aptitudes. Una prueba irrefutable de que la domesticación ha surtido su efecto es que probablemente nos reprochemos: "no soy creativo (a)". Pero, en realidad, todos los seres humanos nacimos para serlo, solo que la domesticación ha bloqueado la creatividad.

¿Has visto lo ingeniosos que pueden llegar a ser los niños? Tienen una capacidad infinita para inventarse su propio mundo de fantasía, por lo que terminan haciendo las más terribles y graciosas travesuras.

Todos hemos sido así, solo que, de adultos, muchos han comprado la absurda idea de que no tienen el ingenio suficiente y han preferido mantenerse a salvo en su zona de confort, antes que experimentar y crear cosas nuevas.

Deberíamos atrevernos y no pasarlo por alto. Un estudio de la Universidad de Bath, que contó con 798 participantes, demostró que, aunque todos tenemos la capacidad de ser creativos, las personas que son más abiertas a ponerlo en práctica son más permisivas con los cambios, y más propensas a retarse a sí mismas.

Tener una actitud mucho más consciente de nuestro potencial creativo nos puede ser de gran valor, no solamente para la resolución de conflictos personales, sino para cualquier reto que se nos cruce por el camino. Además, nos dará mayor disposición a acceder a los cambios y a demostrarnos de qué estamos hechos.

Recientemente, Duncan Wardle, ex vicepresidente de Innovación y Creatividad de The Walt Disney Company, dijo en una entrevista: "Los robots seguramente mejorarán nuestras habilidades y nuestros sentidos, pero no pueden sentir nuestras emociones, ni igualar la creatividad que generan esas emociones".

¡Cuánta razón! Es evidente que, para salir adelante en el mundo actual, no basta con aprender robótica y otras especialidades tecnológicas, sino también es imprescindible despertar nuestra conciencia y desatar los nudos que atan a nuestro niño interior. ¡Dejémoslo salir y veremos cómo la imaginación triunfa!

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El paradigma del éxito

Apple, Google y Amazon son las marcas más valiosas del mundo, según un ranking reciente. No es casualidad que las tres sean compañías tecnológicas e inviertan sumas millonarias en investigación y desarrollo. Su poder de atracción es evidente, y empresarios de todas las áreas y categorías sueñan algún día con crear algo similar.

Sin embargo, el ritmo acelerado del mundo implica replantearnos los paradigmas que hasta ahora funcionaban para operar con éxito. Atrás quedaron los conceptos corporativos en los que se hacía carrera toda una vida en una misma organización, aspirando a alcanzar los más altos puestos en el organigrama.

A través de los años fundé varios emprendimientos hasta llegar al actual. En ese camino, siempre visualicé el éxito de figuras y compañías icónicas, porque creo firmemente en el valor del ejemplo.

Desde hace un buen tiempo, universidades y expertos desarrollan investigaciones para "aislar" las características distintivas de los más exitosos CEO de la actualidad.

Según Harvard Business Review, existen cuatro elementos que los más destacados directivos de empresas tienen en común. El primero es un alto nivel de velocidad para tomar decisiones. El 94% de los CEO que tardaron en tomar una decisión para considerar todos los elementos posibles, lo hicieron mal. Esta característica la podemos asociar con la meditación y conciencia plena, ya que se ha demostrado que las personas que practican de forma constante estas disciplinas incrementan su capacidad para tomar las mejores decisiones.

En segundo lugar, los directivos consultados coincidieron en tener un buen nivel de inclusión en sus equipos y en valorar ampliamente la participación de todos los colaboradores. El cumplimiento de sus promesas es el tercer factor en común. De esta forma, se combinan metas realistas y equipos de alto desempeño para brindar una reputación importante del CEO y hacer que las cosas pasen. En cuarto lugar, los directivos consultados demostraron ser como el bambú. Esto es, saben adaptarse rápidamente a un entorno cambiante.

A estas características me gustaría agregar que los CEO destacados suelen valorar el conflicto como una fuente de espacios para obtener mejores resultados.

En este sentido, y pensando en los principales retos de hoy, el Instituto Europeo de Inteligencias Eficientes celebrará la semana próxima en Miami el primer MasterMind Latino 2018. Ocho exitosos presidentes corporativos de América Latina se convertirán en profesores por un día para compartir sus estrategias de negocios. Es importante escuchar y buscar los mejores ejemplos. ¡Cambiemos los paradigmas y encaremos el mundo con un liderazgo particular!

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El poder que nos une

La muerte de Charles Aznavour me sorprendió escribiendo esta columna. Enseguida recordé "Venecia sin ti", una canción que retrata fielmente su impacto universal. Varias generaciones de latinoamericanos disfrutamos aquellos éxitos. Aparte de su talento como intérprete y compositor, Aznavour triunfó en nuestros países con la delicadeza de cantarnos en español, al igual que hicieron Nat King Cole, Abba, Laura Pausini, Rafaela Carrá y muchos otros artistas. Todos entendieron la fuerza de nuestro idioma en la expansión de sus carreras profesionales.

No hay dudas de que el español, con más de 500 millones de hablantes, experimenta una potente expansión y es expresión inequívoca de fortaleza cultural, donde quiera que se diga un "hola, qué tal". Hoy existen programas de radio hasta en la lejana Australia, periódicos hispanos en Londres o Dubái y un enorme mercado de medios en Estados Unidos. Incluso, en Jamaica, buscan consagrar el español como segunda lengua nacional, para facilitar las relaciones comerciales con la región. Y en China, el gobierno acaba de incluirlo en la enseñanza secundaria entre las opciones de lengua extranjera.

Sin embargo, el español también enfrenta graves peligros. En el propio Estados Unidos, cierto estigma se cierne sobre nuestro idioma, a partir del ascenso al poder de Donald Trump. Una bendición como el bilingüismo, podría empezar a verse como un problema. Hay políticos especializados en crear problemas, cuando supuestamente los elegimos para resolverlos. En España, por ejemplo, algunas regiones intentan satanizar el español a través de la imposición de lenguas locales en el sistema educativo… y hasta en los hospitales. Es evidente que la solución está en la convivencia normalizada, ¡y en la libertad de elección!

En algunos países de América Latina existen lenguas autóctonas que merecen la protección de los Estados, pues constituyen un poderoso bien de interés cultural. Todas pueden cohabitar con el español, para seguir forjando ciudadanos del mundo. Es evidente que, si se gobierna en conciencia, pensando en el futuro y en las transformaciones tecnológicas y laborales que vivimos, no podemos encerrarnos en nuestra caracola. Conocer y hablar varias lenguas es una fortaleza, y no una debilidad.

En estos días, mientras celebramos el Mes de la Herencia Hispana, el español nos indica un camino de historia, cultura y tradición, pero también de modernidad. Pongamos en perspectiva lo que nos une, que es mucho y poderoso.

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¿Qué hacer si siente que su pareja ya no lo ama como antes?

Es cierto que las parejas pasan por distintos momentos a lo largo del tiempo. Algunos de esos períodos son de gran intimidad y enamoramiento total, y hay otros en los que las cosas parecen enfriarse. No siempre estos cambios tienen que ver con el desamor. Son muchas las causas que pueden afectar estos vaivenes dentro de una relación.

Esas etapas  de mayor distancia pueden deberse a preocupaciones que pueda estar teniendo uno de los dos, a cansancio por las presiones laborales o familiares, a momentos de gran estrés, o a la presencia de cualquier tipo de malestar que no se comunica a la pareja.

Y acá nos encontramos con el gran tema de la comunicación. Hay personas que al tener un problema o preocupación se cierran.  En vez de compartir lo que les pasa con su pareja se aíslan. Se bloquean. Se vuelven rígidas.  La pareja percibe el cambio y en vez de preguntarle qué le pasa empieza a suponer. Esto puede ser el inicio de un círculo vicioso que lleve a un desencuentro amoroso cada vez mayor.

Por eso una de las recomendaciones fundamentales es comunicarse. Hacerse entender. Si uno no quiere profundizar en el tema al menos explicarle al otro que algo le está preocupando y por ese motivo está distante. En muchas parejas se supone en vez de preguntar y eso ocasiona una distancia mayor día a día. Por eso el mejor consejo es: No suponga, pregunte.

También es cierto que a veces el amor se apaga. Y ese apagón trae cambios en el modo de tratar a la pareja. A veces puede volver a encenderse y a veces no. Lo importante es estar atento, hablar, y no permitir que las dudas empeoren el panorama.

La duda genera un estado de ansiedad y de inquietud. Ante ciertos cambios de conducta aparecen las dudas sobre el amor del otro. ¿Actúa así porque ya no me quiere? Es lo que se suele preguntar una persona ante esos cambios.

¿Cuáles son los cambios en la conducta de la pareja que deben encender todas las alarmas?

1. Falta de tiempo y de disposición: Está tan ocupado en sus asuntos que no tiene tiempo para ti. No hace llamadas para preguntar cómo te va. No realiza planes contigo. No tiene ganas de hacer cosas juntos. El deseo de compartir y de disfrutar haciendo planes en común es una de las bases de la pareja. Si eso ya no está y lograr hacer algo juntos es un triunfo preste atención pues algo no funciona bien.

2. Muestra desinterés en tus proyectos: Parece no importarle lo que estás haciendo. No le interesan tus proyectos personales, o los considera tonteras. El interés hacia el mundo del otro es una de los pilares del amor. Si se ha perdido es un indicador de que algo no va bien.

3. No apoya tus decisiones: Más bien muestra indiferencia hacia tus cosas. Una pareja debe ser un apoyo. Si ya no está allí para apoyarte y ayudarte, algo no está funcionando bien.

4. No valora tu opinión: Sientes que te descalifica. Tus opiniones ya no le resultan tan atractivas como antes, más bien le aburren. Valorar y admirar al otro es signo de amor, y es lo que suele ocurrir en la etapa del enamoramiento. Si esto ha desaparecido y tu pareja ya no te valora algo está ocurriendo.

5. No suele tener detalles contigo: Gran parte del amor está hecho de detalles. Un pequeño regalo, una charla, un momento especial, una llamada oportuna, son las cosas que hacen la diferencia. Cuando estos detalles desaparecen algo está pasando.

6. Evita hablar del futuro: No habla de planes en pareja. No hace proyectos ni le interesan los proyectos de futuro que le propones.

7. No muestra deseo sexual: Enfriamiento. Falta de erotismo. Desgano sexual, o mantener sólo un sexo rutinario y aburrido es otro indicador de que algo se está rompiendo. La pareja necesita intimidad emocional y sexual. Si eso desaparece estamos en problemas. 

8. Todo le molesta: Cuando a tu pareja le molesta cada cosa que haces y siempre destaca tus defectos, algo anda mal. Cual-quier cosa se convierte en una pelea o en un conflicto. Si todo lo que dices o haces le causa enojo es momento de ver qué está pa-sando entre ustedes.

Ante estos cambios de conducta lo que hay que hacer es hablar. Buscar un momento adecuado para tener una conversación profunda y honesta que pueda clarificar lo que está pasando en la pareja.

Ni el enojo, no las demandas, ni las peleas solucionaran el conflicto.

 

La bulimia y la anorexia no son lo mismo

Suelen confundirse, pero la bulimia y la anorexia son dos trastornos distintos que funcionan y se muestran de manera diferente. Es importante conocerlos y diferenciarlos. Ambos son trastornos que afectan especialmente a las personas jóvenes, a adolescentes y a también preadolescentes.

Tienen en común que los dos son trastornos alimenticios. Son las alteraciones más comunes de la conducta en el acto de comer y deben ser tratados por profesionales.

También hay que aclarar que cuando se sufre uno de ellos, se puede sufrir -antes o después- el otro.

En ambos trastornos se tiene una imagen corporal distorsionada. La persona ve a su cuerpo de una manera distinta a como realmente es. Se ven gordos, enormes, desproporcionados. Esta distorsión permanece aunque la persona baje llamativamente de peso. Sigue viendo que su cuerpo no es lo que quisiera, y por eso se somete a diversas privaciones y modos de alimentarse y de purgarse.

Si bien tanto a la anorexia como a la bulimia  pueden padecerla los dos sexos, son más frecuentes en mujeres y en etapas como la adolescencia o la preadolescencia.

A pesar de que quienes las padecen tienen un objetivo común que es el deseo de adelgazar y la obsesión por controlar su peso, existen diferencias importantes entre ambas en relación a la conducta, a los modos en los que se manifiesta y a los síntomas que presentan.

Es importante aprender a distinguirlas para brindar la ayuda adecuada a quien las padece. 

Principales diferencias entre bulimia y anorexia

Forma de manifestarse

  • La bulimia se manifiesta cuando la persona se da atracones, es decir come mucha comida de golpe, y luego se provoca el vómito o toma laxantes para perder lo que ha devorado.
  • La anorexia es la restricción voluntaria del consumo de alimentos. La persona deja de comer. Come nada.  No se alimenta.   Adelgaza en exceso, hasta la escualidez evidente.

Estilos de comer

En la bulimia:

  • Cortan los alimentos en trozos grandes
  • Comen rápidamente
  • Apenas mastican o tragan sin masticar
  • Prefieren grandes porciones

En la anorexia:

  • Cortan los alimentos en trozos pequeños
  • Comen lentamente
  • Mastican largo rato antes de tragar
  • Prefieren pequeñas porciones, tiran, escupen o esconden la comida.

Control y descontrol de la propia conducta
En la anorexia hay un comportamiento mucho más controlador ante su objetivo de pérdida de peso. Todos sus actos se dirigen a analizar y controlar minuciosamente aquello que se ingiere. Pueden llegar a no comer nada durante todo el día.

En la bulimia hay una conducta ansiosa y poco controladora. Presentan un auténtico descontrol en su alimentación diaria. Suelen seguir regímenes extremos como pasar un día sin comer en combinación con el consumo impulsivo de una gran cantidad de alimentos los llamados “atracones”. Luego del atracón suelen compensar estos excesos provocándose el vómito o tomando laxantes para deshacerse de la comida ingerida descontroladamente y del sentimiento de culpa y vergüenza que sienten.

Diferencias en el peso
En la bulimia el peso permanece dentro del rango saludable. Los pacientes con bulimia pueden tener un peso normal y engordar y adelgazar de manera muy brusca. Se sufren cambios significativos e irregulares en el peso, ya que con los atracones la persona engorda y luego con el vómito adelgaza mucho de golpe.

En la anorexia la persona está muy por debajo de su peso corporal normal, y esto es muy evidente para los demás, no para ella. Las pacientes con anorexia pesan mucho menos de lo que es su peso ideal, llegando a una situación de delgadez extrema.

Consecuencias físicas
La bulimia puede acarrear enfermedades graves como la hinchazón de la glándula parótida y la cara; daños en el esmalte dental y deterioro o pérdida de piezas dentarias como consecuencia de los vómitos. Tienen conductas compensatorias como: escupir, abuso de líquidos para compensar el hambre, provocar el vómito, abusar de laxantes y diuréticos. Estas últimas conductas pueden provocar la muerte por paro cardíaco al ocasionar la pérdida de potasio.

La anorexia puede provocar desaparición de la menstruación, debilidad general, deshidratación y el desarrollo de enfermedades graves, incluida la propia muerte. También puede haber caída del cabello, piel seca, hipotensión e hipotermia.

Tanto quienes sufren bulimia como anorexia deben recurrir a un tratamiento médico y psicológico para superar estos trastornos y recobrar una vida saludable. Si conoce a alguien con este padecimiento busque ayuda profesional. Ambas son enfermedades que deben tratarse por profesionales especializados.

El amor y las redes sociales

Las redes sociales nos vuelven visibles. Para el  mundo actual no estar en redes sociales es casi como no existir. Algunas personas, las menos, se niegan a formar parte de las redes sociales, pero la realidad es que la gran mayoría participa de este modo de vincularse.

En las redes sociales nos mostramos, nos damos a conocer. Mostramos lo que pensamos, lo que vivimos, lo que sentimos. Nos gusta exhibir nuestra vida. No toda, claro. Pero nos gusta compartir fotos de buenos momentos, cosas que vivimos y nos hacen sentir orgullosos, parte de nuestro mundo se ve reflejado en nuestras redes sociales.

Por supuesto, esta visibilidad ha afectado el modo en el que nos relacionamos y, ha afectado especialmente las relaciones de pareja. Nuevos problemas empiezan a aparecer por lo que el otro sube, o no sube. Por lo que muestra y por lo que oculta. Por los likes que pone, por las personas a las que sigue, por los amigos, etc.

Y no sólo eso, también de lo que subimos, se infiere más de lo que suponemos. Muchas cosas decimos con nuestros post sin saber que lo estamos diciendo.

Una idea fuerte y extendida entre usuarios de redes sociales afirma que si hace cuatro meses que sube contenido sin la pareja, es probable que la persona en cuestión se haya separado o esté atravesando una crisis. Y justamente es éste uno de los puntos de discusión de las parejas. ¿Cuánto sube con respecto a su relación en las redes sociales? ¿La hace invisible o la invisibiliza?

Algunos investigadores han puesto las manos en la masa y comenzaron a investigar estas cuestiones que hacen al amor y a la visibilidad que se le da en las redes sociales.

Un estudio de la Sociedad para la Personalidad y la Psicología Social realizó una investigación con este título: “¿Podés decir que estoy en una relación? Visibilidad de apego y pareja en Facebook (y otras redes)”. Según este estudio el estado de “apego” subyace en todo lo que publicamos en las redes sociales. Es decir, afirma que mostramos si estamos o no en pareja, o si estamos en crisis, cada vez que posteamos un contenido.

Como dijimos, una de las discusiones que se dan en la pareja es cuánto el otro visibiliza la relación en las redes sociales.  En el estudio en cuestión varias parejas confesaron haber tenido peleas fuertes porque el otro o no subía fotos de los dos, o se cansaba de tener que hacerlo.

Según los especialistas las personas con tendencias a compromisos poco duraderos mostraron poco deseo hacer visible su relación, mientras que los ansiosos y posesivos mostraron y demandaron una mayor visibilidad.

Así es que las redes sociales han traído un nuevo motivo de pelea para las parejas. 

¿Por qué no subís nunca una historia conmigo? O ¿Te da vergüenza mostrar que estás conmigo? ¿Es por tu ex? Son algunos de los reclamos que suelen oírse. La pelea que puede durar horas, o días, puede ser un motivo de discusión constante y puede llevar al final de la relación. 

Otro informe, realizado por Emily L. Dix y Lydia F. Emery, afirma que cuando algunos usuarios se sienten inseguros sobre los sentimientos de su pareja, tienden a hacer más visibles sus relaciones.

Una persona que se obsesiona y se la pasa posteando fotos de su pareja, declaraciones de amor en su propio muro y en el de su pareja, podría estar indicando que no se siente seguro de la relación. El exceso de posteos relacionados a su pareja sería una forma de asegurar a través de la aparición redes sociales, el compromiso de la relación.

Por último, y quizás como un intento de superar los conflictos que las publicaciones en redes trae, tenemos la  última tendencia de los enamorados online: crear una cuenta de la pareja.

Muchas parejas están tomando esta alternativa: tener una cuenta para la pareja o para la familia. Para ellos compartir la cuenta de Instagram o de Facebook les simplifica la vida. Todo lo que viven se hace visible, comparten contenidos, amigos y seguidores, y se acaba la pelea sobre cuánto publica uno del otro.

Las redes sociales por sí solas no pueden arruinar una relación. Pero sin duda han marcado un giro en los modos en los que funciona el amor.
 

¿Cómo ponerse a salvo de lo negativo?

En la vida cotidiana nos encontramos más de una vez con situaciones o con personas que nos quitan energía. Personas o situaciones que, por sus características, nos comunican un estado de malestar y de negatividad. Sentimos que nos apagamos, que quedamos sin luz, cansados y sin ganas de nada.

A veces se trata de situaciones inesperadas en las que nos vemos involucrados, una pelea entre conocidos, una fea situación callejera, un problema laboral, etc. Algo que pasa de pronto y nos ensombrece.

A veces son personas que, sin quererlo, nos provocan un efecto de vaciamiento. Después de estar con ellos quedamos como vacíos. Sin fuerzas. Sin ganas. Como entristecidos. Nos comunican un estado de malestar. Suelen ser personas que se quejan de todo y ven todo como una tragedia. En general sólo hablan de cosas horribles que pasan o que imaginan que pueden pasar. Y así quedamos. Teñidos de una oscuridad que no nos pertenece, pero que nos apaga y nos hace ver las cosas negras.

Somos seres conectados, y como tal, nos vemos afectados por lo que ocurre a nuestro alrededor. Es inevitable que las situaciones y las personas nos contaminen con su energía y con sus estados de ánimo. Somos permeables a las diversas influencias que vamos atravesando durante el día. Pero eso no significa que tengamos que quedar pasivamente afectados. Está en nosotros la capacidad de volver a conectar con las emociones y sentimientos positivos que nos habitan.

Se trata de no dejarse llevar por la perspectiva  pesimista y de recargar pilas si algo de lo que vivimos nos ha vaciado. ¿Cómo hacerlo?

4 herramientas para no contaminarse con lo negativo
• No dejarse atrapar por lo negativo
Las personas que nos desaniman suelen tener una mirada negativa. Sus temas de conversación pueden ir de una enfermedad a la situación terrible que se vive en cierta parte del mundo. Siempre tienen algo espantoso para contar. Hablan de lo difícil que es todo. Lo horrible que es el trabajo que tienen, las injusticias, o las malas noticias son sus temas preferidos.

Y así, con su charla, nos van contagiando de esa mirada oscura y sin esperanza. Nos llenan de desaliento. Puede ser que empecemos a no ver más que la dificultad, los problemas, el sufrimiento. Quedamos impregnados emocionalmente por una visión negativa que no es la nuestra.

Así, es importante darse cuenta de lo que nos está pasando. Y despejar el asunto: “esa mirada oscura no es la mía, es la del otro”. Hay que volver a la propia mirada. Reconectar con lo que uno piensa y con las propias esperanzas.

• Confiar en uno mismo
Confiar en uno mismo es otra herramienta importante. La gente que no se deja afectar por el negativismo ajeno, es porque tienen la confianza suficiente en sí mismos como para no dejarse arrastrar en la corriente de pensamiento o conducta de otros. Estar seguro de lo que uno piensa y siente será un muro de contención que impedirá que el aluvión de negatividad nos arrase.

• Hacer algo que nos haga sentir bien
Hacer algo que nos gusta siempre es reconfortante. Después de un día oscuro, o de una experiencia emocionalmente extenuante es bueno recurrir a algo que te ofrezca una vivencia de bienestar auténtica.

Darse un gusto, encontrarse con alguien que nos hace bien, salir a caminar, conectar con la naturaleza, escuchar una música que nos den ganas de bailar, son actividades que pueden ayudar a salir de la negatividad.

Muchas veces al estar atrapados en la oscuridad no tenemos ganas ni de hacer algo que nos gusta. Por eso es importante hacer el esfuerzo, para romper con el “embrujo” de lo negativo. Aun sin ganas ponga una buena música y baile, o calce sus zapatillas y salga a correr por la naturaleza. Busque algo que le devuelva la energía, el buen humor y la alegría.

• Volver a lo propio
Después estar rodeados de personas que fomentan el malestar o en ambientes emocionalmente negativos solemos quedar afuera de nuestro propio eje.  Podemos sentir que perdimos el propio GPS y que ya ni sabemos dónde estamos parados. 

Por eso, lo fundamental es volver a entrar en contacto con uno mismo. Recupera la conciencia de quién uno es. Volver a lo propio. A la propia forma de vivir y de pensar. Conectar con las propias emociones, para, poco a poco, deshacernos de la oscuridad ajena.