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A Corazón Abierto- Dra. Amparo

Trolls, haters, stalkers… ¿Quién es quién en las redes sociales?

¿Cómo se relacionan las personas en las redes? ¿Es verdad que el anonimato de Internet permite cosas que en la vida real no se harían? ¿Hay personas que se esconden detrás de un avatar para descargar su hostilidad en las redes sociales? ¿O el hecho de sentirse protegidos por el anonimato hace que muestren aspectos de su personalidad que en la vida real disimulan u ocultan? ¿Se pueden hacer perfiles psicológicos a partir del comportamiento en las redes? Muchos opinan que sí, y tratan de tipificar algunas de las conductas específicas que se pueden apreciar en las redes. 

Y dentro de estas clasificaciones encontramos a los llamados Trolls, haters, stalkers, hoygans, etc.

Se dice que los haters son personas que tienen habitualmente respuestas hostiles ante cualquier asunto. La palabra hater, como tal, nos da una pista de este modo de interactuar. Viene del inglés, y se suele traducir como “odiador”,  persona “que odia” o “que aborrece”.

Los haters han proliferado en las redes sociales. Atacan a figuras públicas, a marcas, a instituciones, a personas que expresan sus opiniones políticas y destilan hostilidad en todos sus comentarios. Parece que han encontrado en las redes un clima propicio para crecer y expandirse. 

¿Qué es un hater?
Un hater es el usuario que se dedica a hacer comentarios hostiles, agresivos y ofensivos en las redes sociales. Aparecen con comentarios insultantes, descalificadores, y agresivos en todo tipo de páginas, situaciones,  oportunidad y muestran su desprecio y su odio hacia cualquier cosa publicada. Se expresan en Twitter, en Facebook, blogs, foros, chats y en general en todas las redes sociales. 

Dicen que los haters son cada vez más numeroso en Internet. Crecen. Se multiplican. Aparecen en todas las plataformas. Cualquiera en cualquier momento puede ser atacado por un hater.  Difunden insultos sin inmutarse cuando no están de acuerdo con algo o alguien. Buscan atacar a una persona o a una idea en todo momento.

Dicen que para los haters, cualquier motivo es bueno para odiar: simpatía o militancia política, credo religioso, gustos musicales, lugar de origen, etc. Les gusta atacar a los otros, remarcar sus errores. También destacan que los haters prefieren  pronunciarse en torno a temas de actualidad, como celebridades, controversias, o cualquier otro asunto que pueda ser de interés general, siempre con la finalidad de burlarse o ridiculizar.

Los Troll pueden confundirse con los Haters, pero tienen sus especificidades. Dicen que el troll es uno de los seres más molestos que se puede encontrar en la red.

Aprovecha cualquier ocasión para provocar a los demás usuarios publicando mensajes ofensivos, falsos o groseros con la intención de molestar, confundir y ocasionar conflicto y enfrentamiento entre los demás. El Troll es un generador de peleas. Es un provocador que busca generar discusiones y habladurías. 

En algunas ocasiones los Trolls trabajan para alguien que busca sus servicios para descalificar a un oponente, a una figura pública o a una marca o institución. 

Se lo puede encontrar en todo tipo de sitios. Dicen los entendidos que  lo mejor es ignorarlo, no caer en sus provocaciones y evitar toda discusión con un Troll. 

El stalker, por el contrario, tiene otro comportamiento. Es el usuario que se mantiene al acecho y observa cada movimiento virtual de su presa. Puede ser la persona que le gusta, la que le cae mal, su exnovia o exnovio, la nueva pareja de su “ex”, el amigo guapo, la amiga sexy. Alguien a quien el stalker decide vigilar y espiar en las redes. 

Aprovecha el anonimato que brindan las plataformas para entrar a los perfiles de las personas que le interesan, y así obtener información. Revisa las fotos, las actividades, espía a sus amigos. El stalker es un espía que se suele obsesionar con alguien en particular. No suele comentar ni dejar rastro de su presencia porque no quiere ser descubierto. Quiere ver sin que lo vean. Contrariamente a los haters y a los trolls, su objetivo es pasar desapercibido y espiar desde las sombras del anonimato. 

Encontramos también al Hoygan que es el usuario que en todos sus comentarios y publicaciones pasa por alto las reglas básicas de redacción y estilo. No respeta la ortografía ni la gramática. Suele escribir todo en mayúsculas o intercalar éstas con minúsculas. Resulta difícil entender su mensaje. Se dice que el término HOYGAN deriva de la palabra “oigan”, pero con faltas ortográficas muy visibles. Se lo suele escribir con mayúscula, ya que es este un hábito de los HOYGAN. 

¿Se reconoce en alguno de estos personajes?

¿Qué son las habilidades sociales?

Las habilidades sociales son herramientas fundamentales para la vida. Se trata del conjunto de  conductas aprendidas desde la infancia que  nos permiten relacionarnos de buen modo con el resto de personas. Los seres humanos somos seres sociales, vivimos con otros. Lo queramos o no, estamos en permanente vinculación con los demás. Por eso, al ser la base de la relación con los otros, las habilidades sociales son imprescindibles en cualquier ambiente en el que nos podamos mover, ya sea en familia, en el trabajo, en la calle, en un grupo de amigos o entre desconocidos. Necesitamos saber cómo vincularnos y relacionarnos con cada grupo de personas.
 

Sin ellas nuestra vida sería imposible

No hay que olvidar que la capacidad de relacionarse con las personas es fundamental para vivir. Por lo tanto, no sería posible la vida si careciéramos de estas habilidades.

Se trata, básicamente, de las herramientas de comunicación tanto verbal como no verbal que usamos para relacionarnos con los demás de forma eficaz y saludable.

De este modo, las habilidades sociales nos permiten expresar los sentimientos, los deseos, las opiniones, lo que pensamos de modo adecuado, es decir, sin miedos y sin violentarnos ni violentar a los demás. A través de ellas podemos manifestarnos como somos, respetando a los otros.  Nos hacen mejorar nuestras relaciones afectivas y sociales, sentirnos bien, fluir con mayor facilidad en las distintas vicisitudes de la vida, armar una red emocional que nos ampare, y transitar por las distintas áreas con mayor bienestar.

Son algo así como un paquete de herramientas que adquirimos a lo largo de nuestra vida y que nos sirve en la relación con los demás. Tener esas herramientas y saber usarlas permitirá que nuestras relaciones con los otros sean satisfactorias.

¿Y cuándo se adquieren las habilidades sociales? Esencialmente en la infancia. Los niños son esponjas, absorben todo lo que hay alrededor.  Así es que los niños aprenden observando, copiando, imitando, y parte de lo que aprenden en este período son las habilidades sociales. Por eso es tan importante el contexto social que se le da al niño, y, particularmente, que los adultos que los rodean sean un ejemplo a imitar en su forma de vincularse.

La buena noticia es que las habilidades sociales son adquiridas, es decir: se aprenden. Y se pueden seguir aprendiendo durante toda la vida. Si por algún motivo uno no las ha adquirido en la infancia es posible adquirirlas de grande. Hay que esforzarse, claro está. Pero es posible adquirir estas herramientas fundamentales para el bienestar en cualquier momento de la vida. Aprender a funcionar de mejor modo en las relaciones con los otros, es posible, sólo basta con dejar malos hábitos y esforzarse por adquirir nuevos.

¿Y cuáles son esas famosas habilidades sociales?

Los especialistas las han dividido en dos categorías: las básicas y las complejas.

  • Las habilidades sociales básicas son las que permiten un funcionamiento social mínimo, por ejemplo:
  • Escuchar al otro.
  • Saber iniciar una conversación y mantenerla.
  • Formular una pregunta cuando se tiene una duda.
  • Agradecer.
  • Presentarse y poder presentar a otras personas.
  • Realizar un cumplido.
  • Despedirse.

Las habilidades sociales complejas requieren un mayor esfuerzo y permiten la construcción de relaciones de mayor intimidad emocional, por ejemplo:  

  • Empatía, es decir, poder ponerse en el lugar de la otra persona.
  • Inteligencia emocional, es saber manejar los sentimientos y emociones, discriminar entre ellos y poder expresarlos.
  • Asertividad, es la habilidad para ser claros y directos, diciendo lo que se quiere decir, sin herir los sentimientos de los demás ni descalificar a los otros.
  • Capacidad de escucha, escuchar sin juzgar ni criticar, escuchar con comprensión y cuidado, tratando de entender lo que la otra persona quiere decir.
  • Tener la capacidad de comunicar sentimientos y emociones de manera adecuada según la ocasión.  
  • Capacidad de pedir perdón, para eso es necesario poder ser conscientes de los errores cometidos y reconocerlos.

Debemos trabajar nuestras habilidades sociales si…

  • Si no sabemos decir no cuando no queremos o no podemos acceder a lo que nos piden los demás. Poder límites de buen modo es fundamental para relacionarse bien.
  • Si no sabemos o no podemos expresar eficazmente nuestras opiniones, deseos u opiniones. Esto significa poder expresar lo que sentimos y pensamos con claridad sin perderle el respeto al otro y sin temor a los demás.
  • Si no sabemos o no podemos emitir o recibir elogios.
  • Si no sabemos o no podemos emitir o aceptar críticas de manera calma, sin enojarnos y sin descalificarnos.
  • Si no sabemos o no podemos gestionar las emociones y nos vemos arrasados por ellas, fuera de control, sin capacidad de elegir el modo en que expresamos lo que nos pasa.
  • Si no sabemos o no podemos escuchar al otro con atención tratando de entenderlo, sin juzgarlo ni descalificarlo.
  • Si no podemos o no sabemos disculparnos con honestidad cuando cometimos un error, ya se de modo intencional o sin intención de hacerlo.

 

¿Qué son los micromachismos?

Los micromachismos son comportamientos y costumbres que tanto hombres como mujeres han naturalizado. Los ven como algo natural y no como construcciones sociales que, aunque sutiles y de apariencia inofensiva, perpetúan la desigualdad entre géneros.

Podría decirse que los micromachismos son una forma casi invisible de violencia de género. 

Algunos especialistas señalan que  los micromachismos están en la base de la pirámide de la desigualdad de género. En la punta más visible de la pirámide está la violencia de género en su forma extrema: la violencia física y el femicidio. En la base están los micromachismos,  es decir las conductas sutiles y los hábitos que sustentan todo el entramado de comportamientos sexistas.

Se trata de pequeños gestos machistas muy sutiles que perpetúan la desigualdad de género. Un ejemplo de micromachismo podría ser el hecho de que aún hoy, en los baños de mujeres aparece el icono de bebés indicando que allí se pueden cambiar pañales y, efectivamente, hay allí un lugar especial para hacerlo. Cosa que suele no ocurrir en los baños de hombres. Si están en un lugar público los hombres, aunque quieran, no pueden cambiar los pañales porque ni siquiera hay un espacio para eso en los baños públicos. Si bien, muchas de estas costumbres están cambiando, y el criterio de baños diferenciados por géneros va quedando atrás, en muchos lugares se mantienen y, de modo invisible, van formateando nuestro modo de actuar.  

Los micromachismos incluyen costumbres, hábitos, chistes, gestos, ideas, detalles, pequeños actos de la vida cotidiana que son sutiles, casi imperceptibles pero que se perpetúan y transmiten de generación en generación.

El terapeuta argentino Luis Bonino fue el primero que acuñó el término de micromachismos en el año 1990. Desde aquel entonces viene trabajando y puliendo el concepto. 

Él mismo los define como: “las sutiles e imperceptibles maniobras y estrategias de ejercicio del poder de dominio masculino en lo cotidiano, que atentan en diversos grados contra la autonomía femenina. Hábiles artes, trucos, tretas y manipulaciones con los que los varones intentan imponer a las mujeres sus propias razones, deseos e intereses en la vida cotidiana”. 

Dice Bonino en su texto “Los Micromachismos”: … “Los micromachismos son comportamientos manipulativos que básicamente inducen a la mujer a la que son destinados a comportarse de un modo que perpetúa sus roles tradicionales de género, con el interés no expresado de conservar la posición superior y de dominio”…

Según Bonino, se trata de comportamientos masculinos que buscan reforzar la superioridad sobre las mujeres. “Son pequeñas tiranías, terrorismo íntimo, violencia blanda”, “suave” o de baja intensidad, tretas de dominación, machismo invisible o partícula “micro” entendida como lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de la evidencia.

Bonino clasifica los micromachismo en cuatro tipos:
1. Utilitarios. Ocurren principalmente al ámbito doméstico y en los cuidados hacia otras personas. Son comportamientos que abusan de las supuestas capacidades femeninas de servicio y de la naturalización de su trabajo como cuidadora. Es decir, se da por supuesto que la mujer tiene condiciones naturales para esas tareas y de este modo, el varón queda exento de esas responsabilidades. 

2. Encubiertos. Se caracterizan por ser insidiosos y encubiertos.  Son muy sutiles. El objetivo es imponer  las “verdades” masculinas y mantener las cosas en la dirección elegida por él, pero se ocultan tras otras razones. Son los más manipulativos. Algunos de ellos son: los silencios,  los paternalismos,  el “ninguneo”,  las descalificaciones  y  el mal humor manipulativo. 

3. De crisis. Surgen cuando las mujeres empiezan a romper la balanza de la desigualdad en la pareja. Se da cuando la mujer adquiere mayor poder en su vida u obtiene algún tipo de éxito. Un ejemplo sería el de la mujer que obtiene un ascenso en el trabajo y que es cuestionada por ello en su casa, ya que sus capacidades como madre se verán afectadas, y dispondrá de menos tiempo para dedicar a las necesidades de la familia haciéndola sentir culpable al aceptar este nuevo cargo. 

4. Coercitivos. En ellos el varón usa la fuerza moral, psíquica o económica para ejercer su poder, limitar la libertad de la mujer y adueñarse de su tiempo y de su espacio. Por eso, son comportamientos que suelen afectar al espacio y tiempo de la mujer.  Algunos ven micromachismos coercitivos en el uso abusivo del tiempo y del espacio como por ejemplo: quién ocupa el mejor sillón de la casa, quién tiene el mando de la televisión, en el Manspreading que en castellano viene a significar “machoesparcimiento”. Es una conducta de invasión del espacio público a través de la postura corporal de un hombre que se basa en abrir las piernas excesivamente ocupando el espacio ajeno. Es un acto que de forma sutil muestra que el hombre es dueño dominante del espacio. 
 

¿Cómo reconocer una personalidad pesimista?

El pesimismo es la tendencia a ver y a evaluar las cosas en su aspecto más negativo. Una personalidad pesimista tiende a juzgar todo de la peor forma. ¿Ves todo negro?

¿Piensas siempre en lo negativo? Es posible que estés funcionando en modo pesimista. 

El pesimismo es una actitud. Un modo de interpretar el mundo, que determina el comportamiento de la persona. Podemos pensar en el pesimismo como en un filtro que tiñe lo que vemos de un color oscuro. Como si tuviéramos puestos unos anteojos que oscurecen la realidad, a tal punto que dejamos de ver la salida a los problemas. Y más aún, con los “anteojos pesimistas” vemos y anticipamos problemas que ni siquiera están allí.

Sin embargo, muchas veces los pesimistas no se reconocen como tales. Dicen que son “realistas”. Tal es el poder que tienen estos filtros a través de los cuales miramos la supuesta realidad. Estos filtros tienen tanto poder que dejamos de ver el filtro y suponemos que esa es la realidad. Dejamos de ver que es nuestra mirada la que construye la realidad. Como dijo alguna vez Anais Nin: “No vemos las cosas tal como son, las vemos como somos nosotros”.

Ya el filósofo aleman E. Kant había afirmado a fines  del siglo 18 “Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros”. 

En nuestros días sabemos que es posible cambiar estos “anteojos” o filtros que nos obligan a mirar la realidad de determinada manera. Como siempre, para efectuar algún cambio, lo primero que hace falta hacer es reconocer que eso  nos está pasando, que tenemos la tendencia a ver el mundo de manera negativa, reforzando siempre lo malo, y descalificando lo positivo. 

10 Características más frecuentes del modo pesimista: 
1. ¿A menudo esperas lo peor? Si la respuesta es sí, atención: este es uno de los rasgos del pesimismo. Las personas pesimistas suelen tener una visión catastrófica y fatalista de la vida. Esto los lleva a esperar siempre lo peor. 

2. ¿Piensas que el futuro será malo? Los pesimistas suelen suponer que su futuro será sombrío. Tienden a enfocar más su atención en los aspectos negativos. Y eso les quita energía y fuerza para encarar los proyectos.  En muchos casos los encaran con una actitud de derrotados antes de comenzar. 

3. ¿Sueles encontrar  un “pero” todas a las cosas? Pues bien, este también es un hábito pesimista. El pesimista siempre ve lo que podría fallar, lo que puede no funcionar. Por eso, cuando les ofrecen una solución a algún problema a menudo dicen: Sí, pero…. 

4.¿Te quejas de todo frecuentemente? A los pesimistas, les resulta difícil ver lo bueno de las cosas. Tienen una inclinación a centrarse en la parte negativa y eso los vuelve quejosos. Se quejan, claro, pues el mundo que ellos ven a través del filtro del pesimismo está lleno de cosas feas, malas, desagradables, y sin solución. 

5. ¿Supones que las cosas no dependen de ti? Algunos pesimistas creen que los acontecimientos que tienen lugar en sus vidas son controlados por fuerzas externas a ellos. De este modo, limitan su propio poder para modificar la realidad. Se posicionan en una actitud de víctimas. Víctimas del destino, de la mala suerte, de lo que sea. Ellos nada pueden hacer. Así, el pesimismo facilita una actitud pasiva que obstaculiza la fuerza personal para producir cambios. 

6. ¿Pasas mucho tiempo imaginando cómo podrían ir mal las cosas? Estas preocupaciones constantes causan un estado de ansiedad anticipatoria, que desemboca en angustia, estrés y miedo. Esto aumenta la percepción negativa, creando así un círculo vicioso.

7. ¿Sientes inseguridad? ¿Para tomar una decisión, consideras detenidamente todas las opciones y sus resultados posibles? Los pesimistas tienden a evaluar mucho cada paso que dan. Si bien esto podría ser útil en muchas oportunidades, a veces se vuelve un problema más. Al focalizar en lo negativo, todas las opciones se ven como amenazadoras y puede impedir llegar a una decisión.  

8. ¿No confías en tus capacidades? También esto puede indicar cierto pesimismo en tu forma de ver el mundo. Los optimistas creen que pueden enfrentar y superar lo que la vida les depara. Los pesimistas, en cambio, no creen que puedan lograrlo. Parten de una idea negativa, y eso les quita confianza en sus posibilidades. 

9. ¿Tienes baja autoestima? Una baja autoestima suele aumentar la tendencia al pesimismo. 

10. ¿Tu atención siempre se focaliza en lo negativo? Los individuos con este tipo de personalidad enfatizan lo malo. Lo que está bien no les llama la atención. Focalizan su atención en los problemas, en lo que no anda, en lo que sale mal. Y terminan creyendo que todo siempre funciona mal. 
 

El gran problema del alcohol

El alcoholismo es una enfermedad condicionada por la exposición continuada del cuerpo al alcohol. Es una de las adicciones más frecuentes porque el consumo de alcohol está socialmente aceptado y porque  muchas personas no llegan a percibir los riesgos que puede implicar el abuso del alcohol.

El alcoholismo es una enfermedad grave que necesita tratamiento y ayuda. Sin embargo, no es el alcoholismo el único trastorno que el consumo de alcohol puede generar.

Hay tres modos de vincularse con el alcohol: el consumo, el abuso, y la dependencia
Consumo: es un uso moderado, controlado  y regulado, como beber una copa de vino o un vaso de cerveza cada tanto. 
Abuso: es el consumo desmesurado.  Lleva a situaciones de riesgo. Puede ser esporádico, y no frecuente, pero puede traer consecuencias graves como accidentes, situaciones de violencia, problemas con la ley, conductas de riesgo, etc.  
Alcoholismo: que implica el desarrollo de una dependencia física y psicológica al alcohol.

El alcoholismo se caracteriza por: 

  • Deseo insaciable de beber alcohol
  • Pérdida de control para no seguir bebiendo después que se comienza
  • Dependencia física
  • Dependencia psíquica
  • Aparición de síntomas de abstinencia
  • Tolerancia: es la  necesidad de aumentar la cantidad de alcohol ingerida. 
  • Las actividades del alcohólico giran en torno al alcohol
  • Dedica mucho tiempo a conseguir el alcohol, tomarla y recuperarse de sus efectos. 
  • Aunque vea las consecuencias de su adicción no puede parar

¿Qué es el síndrome de abstinencia?
El síndrome de abstinencia del alcohol son los síntomas que aparecen por el cese o la reducción del consumo. Se dan tras un período prolongado de grandes ingestas de alcohol y se pueden desarrollar horas o días después de la interrupción. Dependen de cada organismo y del nivel de dependencia que se tenga.

Los más frecuentes son:

  • Malestar matutino 
  • Temblores en extremidades
  • Ansiedad, sudoración
  • Insomnio
  • Náuseas, vómitos 
  • Alucinaciones visuales (suelen ser relacionadas con insectos y pueden llegar a durar varios días), 
  • En casos extremos se produce el delirium tremens, que puede llegar a causar la muerte.

¿Qué es el consumo responsable?
El consumo responsable de alcohol es aquel que realizan las personas adultas. Implica no pasar el límite que puede poner en riesgo tu salud, tu bienestar, o el bienestar de los demás. Si va a consumir alcohol, hágalo de modo responsable. Su salud y la de los demás dependen de esto. 

Los consumos se convierten en un problema si dañan su salud, si lo ponen en riesgo emocional o físicamente, si causan problemas en el estudio, en el trabajo o con sus relaciones con los demás.

Consumiendo alcohol u otras drogas, aunque consuma una sola vez, puede ponerse en riesgo a sí mismo y a los demás. Es necesario aprender a no consumir cuando no se debe y a tener un consumo responsable si se decide beber.

Advertencias importantes
Si tomaste alcohol no manejes
• Aún en pequeñas cantidades el consumo de alcohol puede producir alteraciones que afectan los reflejos y la percepción. Esto aumenta la posibilidad de tener accidentes.
• Sin haber tomado alcohol, una persona demora 4 segundos en frenar. Con más de 0,5 gramos de alcohol en sangre el tiempo de frenado pasa a ser de 8 segundos o más.

Las mujeres embarazadas, las niñas, los niños y los adolescentes no deben consumir alcohol
SI ESTÁS EMBARAZADA, buscando un embarazo o en período de lactancia no consumas alcohol. El consumo de alcohol genera efectos nocivos en el desarrollo y crecimiento de tu bebé.

LOS MENORES no deben consumir bebidas con alcohol. No están preparados, ni física ni psicológicamente para tolerar los efectos del consumo de bebidas con alcohol. En menores de edad todo consumo es de riesgo.

No compares. Todos responden distinto ante la misma bebida. Los efectos dependen de:

  • El grado de alcohol de la bebida.
  • Si se ingirió alimentos o no.
  • El estado de ánimo.
  • La cantidad, la frecuencia y la velocidad del consumo.
  • Si hay enfermedades pre-existentes o no.

Si un conocido o una amiga tomó de más:

  • No dejes que maneje.
  • Llévalo a un lugar tranquilo y ventilado y quédate con él hasta que se recupere.
  • Si está caído ponlo de costado para que no se ahogue si vomita.
  • No lo dejes solo.
  • Dale de beber mucha agua.
  • Si está muy mal, llama a emergencias médicas.

¿Y si mejoramos nuestra autoestima?

Mejorar nuestra autoestima es posible. Y no sólo es posible sino que es muy recomendable. Una autoestima adecuada permite vivir la vida con mayor potencia y alegría. 

La autoestima es el conjunto de percepciones, imágenes, pensamientos, juicios que tenemos sobre nosotros mismos. 

Se trata ni más ni menos de la valoración que tenemos de nosotros mismos. De este modo, una buena autoestima implica que tenemos una buena imagen de nosotros mismos, implica que nos valoramos. Por el contrario, una baja autoestima implica que no confiamos en nosotros mismos, implica que nos descalificamos y no valoramos lo que hacemos ni cómo somos. 

Algunas características importantes de la Autoestima:
1. No es innata. Es decir, no tenemos una cantidad de autoestima al nacer. No es un dato genético. No venimos con una x cantidad de autoestima. La tenemos que ir construyendo. La persona no nace con un concepto de lo que ella es. Esa valoración se va formando y desarrollando progresivamente en la medida en que se relaciona con el ambiente.

2. Se desarrolla a lo largo de la vida. Son las experiencias que vivimos las que van construyendo nuestra autoestima.  Se forma en la infancia y está vinculada al modo en el que somos tratados y valorados por los adultos que nos rodean, especialmente los padres y las figuras cercanas. 

3. Podemos modificarla. Y esto es una gran noticia. No estamos condenados a tener una baja autoestima. Es posible cambiar nuestra valoración de nosotros mismos. 

La persona con baja autoestima:

  • Se siente insegura, que desconfía de las propias capacidades.
  • No quiere tomar decisiones por miedo a equivocarse. 
  • Necesita de la aprobación de los demás para todo. 
  • Tiene una imagen distorsionada de sí mismo, tanto a lo que se refiere a rasgos físicos como a su carácter.
  • Le cuesta hacer amigos nuevos
  • Tiene un miedo excesivo al rechazo, a ser juzgado mal y a ser abandonado. 
  • Tiene miedo a decir lo que piensa o siente.

La persona con adecuada autoestima: 

  • No necesita de la aprobación de los demás.
  • No se cree ni mejor ni peor que nadie.
  • Muestra sus sentimientos y emociones con libertad.
  • Afronta los desafíos con optimismo.
  • Confía en sus capacidades.
  • Se comunica con facilidad.
  • Aprende de los fracasos.
  • Persevera en sus metas.

TEST 
¿Qué síntomas me pueden mostrar que tengo la autoestima baja?

  • No tengo seguridad en mí mismo
  • No expreso mis opiniones por miedo a ser rechazado  
  • Pienso que mis opiniones no tienen el mismo valor que las opiniones de los demás
  • No me siento merecedor de las cosas buenas de la vida
  • No me esfuerzo por conseguir lo que quiero ya que de antemano creo que no lo voy a lograr
  • Necesito la aprobación de los demás con mucha frecuencia
  • Veo al resto de personas como superiores a mí y me gustaría ser como ellos
  • Casi nunca estoy conforme conmigo
  • Me cuesta mucho tomar decisiones
  • No veo  mis fortalezas y virtudes
  • Me cuesta mucho tomar la iniciativa
  • Me siento culpable
  • Me siento poco atractivo
  • Siento que no tengo nada que aportar
  • No me gusta mi cuerpo ni cómo me queda la ropa. 
  • No me creo capaz de hacer las cosas bien.

Si marca sí a varias de estas afirmaciones, estaría indicando que su autoestima es baja. Es momento de trabajar para elevar su autoestima. 

Una buena autoestima nos da…

  1. Aceptación de uno mismo y de los demás.
  2. Menos estrés.
  3. Una visión más optimista de la vida.
  4. Más independencia.
  5. Un mayor equilibrio emocional.
  6. Más autoconfianza.
  7. Más humor y creatividad.
  8. Menos miedos.

Para mejorar la autoestima…

  1. Pensar en positivo: Cambiar los pensamientos. Cambiar el ”no puedo” por “voy a intentarlo”
  2. Ponerse metas realistas: Metas que pueda cumplir. Metas a las cuales sea relativamente fácil llegar. Eso ayudará a ganar confianza en uno mismo.
  3. Dejar de compararse con los demás: Focalícese en usted mismo. En sus potencias. Ponga energía en sus proyectos.
  4. Dedicarse tiempo: Ocúpese de sus necesidades. Y encuentre tiempo para su arreglo personal.
     

¿Qué son las emociones?

Una emoción es un estado afectivo que viene acompañada de cambios orgánicos. La R.A.E. define las emociones como “alteraciones de ánimo intensas y pasajeras, agradables o penosas que van acompañadas de cierta conmoción somática”.

Esta definición nos da varias pistas respecto a lo que son y a cómo funcionan las emociones: 

  1. Son alteraciones intensas, pero pasajeras, que ocurren en el ánimo.
  2. Existen dos tipos de emociones: agradables o penosas. 
  3. Las emociones involucran al cuerpo.

Las emociones tienen una función adaptativa y orientativa hacia lo que nos rodea. Así, frente a una situación de peligro aparece la emoción del miedo, que alerta al individuo sobre la presencia de una amenaza y lo predispone a defenderse o a escapar. 

En el ser humano la situación se complica. Las emociones son respuestas a estímulos externos e internos. Es decir, reaccionamos emocionalmente frente a cosas y situaciones que ocurren en el mundo, o frente a cosas que ocurren en nuestro interior: nuestros pensamientos. Siguiendo el ejemplo del miedo, este puede surgir, no ya frente a un peligro real, externo, sino por la aparición de un pensamiento o recuerdo. 

Durante mucho tiempo las emociones han estado consideradas poco importantes. Siempre se le ha dado más relevancia a la parte más racional del ser humano. Sin embargo, la emoción es esa reacción inmediata, instantánea que nos da una primera valoración respecto a las situaciones. 

Cada individuo experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación concreta. Algunas de las reacciones fisiológicas y comportamentales que desencadenan las emociones son innatas, mientras que otras pueden adquirirse.

¿Cuáles son las 6  emociones básicas?
En 1972, el psicólogo Paul Eckman postuló que existen seis emociones básicas que son universales a lo largo de las culturas humanas.

1. MIEDO: Surge ante la percepción de una amenaza o peligro. Se trata de la emoción que experimentamos cuando estamos frente a lo que consideramos un peligro real. Cuando sentimos que nuestro bienestar físico o mental se ve amenazado. El cuerpo reacciona y nos prepara para enfrentarnos o para huir de ese peligro. Nos orienta hacia la protección.
2. SORPRESA: Es lo que experimentamos cuando algo pasa de forma inesperada. Es nuestra reacción frente a los imprevistos. Al ser un imprevisto, nuestro organismo intenta comprender ese estímulo inesperado para determinar si es una oportunidad o una amenaza. Ayuda a orientarnos frente a la nueva situación.
3. ASCO: Es un mecanismo de defensa que tenemos para proteger nuestro cuerpo de cosas que pueden ser tóxicas. Solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión. Nos produce rechazo hacia aquello que causa repugnancia.
4. IRA: Surge como mecanismo de protección cuando nos sentimos maltratados o lastimados por otro.
5. ALEGRÍA: Es una emoción positiva que experimentamos desde que nacemos. Se convierte en una gran fuente de motivación. Sirve para fortalecer el vínculo entre los padres y el hijo, una base fundamental para nuestra supervivencia. Nos induce a repetir rodo aquello que nos causa alegría o felicidad. 
6. TRISTEZA: Surge ante la pérdida o el fracaso de algo que es importante para nosotros. Permite procesar y valorar lo que se ha experimentado. 

Las emociones se expresan
Lo queramos o no, las emociones ocurren y se expresan en el cuerpo. Muchas veces uno trata de ocultar o de disimular lo que está sintiendo, sin embargo, a pesar de eso, las emociones encuentran el modo de hacerse ver. 

Temblor, sonrojarse, sudoración excesiva, respiración agitada, dilatación de las pupilas, aumento del ritmo cardíaco, palidez, tartamudeo, son algunas de las señales que utilizan las emociones para expresarse. 

Y, claro está, los micro gestos, las expresiones faciales, las acciones, los gestos, la actitud corporal, la voz, la mirada, expresan nuestras emociones. 

Los humanos tenemos 43 músculos diferentes en la cara. La mayoría de estos músculos intervienen en las expresiones que mostramos al exteriorizar una emoción. Una amplia gama de posibilidades expresivas que pueden trasmitir sutiles diferencias en el tipo y la intensidad de cada emoción. Dependiendo de cómo los movemos expresamos determinadas emociones u otras. Hay sonrisas diferentes, que expresan diferentes grados de alegrías. 

Los animales también expresan sus emociones
Darwin señala que la expresión de emociones como la ira, la tristeza o el asco no son únicamente humanas,  sino que son compartidas con otros animales.

Durante más de treinta años Charles Darwin recopiló observaciones sobre cómo las personas en diferentes culturas y los animales, tanto domésticos como salvajes, expresan emociones. Este  trabajo fue publicado en 1872 con el título: “La expresión de las emociones en los animales y en el hombre”. 

En este libro, Darwin defiende dos ideas que continúan siendo inquietantes: la expresión de nuestras emociones es innata y universal, y  nuestras emociones son producto de la evolución.
 

¿Es usted una persona controladora?

Se dice que una persona tiene una personalidad controladora cuando impone a las personas que la rodean el comportamiento que deben adoptar. Las personas controladoras quieren que las situaciones y conductas de los demás se adecuen a lo que ellas creen correcto. Creen que la forma en la que ellas hacen las cosas es la mejor. Y no toleran que se hagan o resuelvan de otro modo. Eso las lleva a querer controlar y supervisar todo. 

La persona controladora quiere controlar todas las situaciones en las que se encuentra. Todo está planificado, calculado y organizado según lo que ella ha decidido con un extremado rigor. Y, por supuesto, está convencida de que su forma de resolver las cosas es la mejor. Por eso le cuesta mucho tolerar las diferencias y aceptar que cada quien tiene su modo de hacer las cosas. Busca imponer su forma, pues no acepta otras alternativas.

Este tipo de personas suelen pensar que su intervención es necesaria para todo. Creen que deben vigilar y supervisar hasta los mínimos detalles de todo. 

Suelen sentir que son superiores, más inteligentes y más eficaces. De ahí su necesidad de supervisar todo. Suponen que deben tomar el mando porque los demás no saben gestionar correctamente. En general, descalifican a los demás. Creen que si no fuera por ellas todo sería un desastre. 

Cómo saber si es una persona controladora
Las personas controladoras:

  • Quieren que todo gire a su alrededor.
  • Pretenden que las cosas pasen como ellas quieren.
  • Quieren tener siempre la razón.
  • Necesitan saber lo que está pasando en todo momento.
  • Quieren controlar cómo viven los demás.
  • Se pasan la vida planeando lo que van a hacer o cómo van a suceder las cosas. 
  • Creen que su manera de hacer las cosas es la mejor, o la única válida. 
  • No aceptan que alguien pueda hacer las cosas de otra forma. 
  • Les cuesta mucho delegar.
  • Son perfeccionistas y detallistas.
  • No toleran equivocarse.
  • No soportan no saber lo que va a pasar o cómo va a ser tu futuro.
  • Se muestran siempre impecables. No les gusta dar una imagen desarreglada o desprolija de sí mismas. 
  • Les gusta tenerlo todo planificado y calculado.
  • Quieren controlar sus pensamientos y sus sentimientos. 
  • Se hacen cargo de todo porque piensan que los demás son inútiles que no sirven para nada. 
  • Pierden la paciencia con facilidad. 
  • Creen que los demás son torpes, o lentos, o imperfectos en cualquier sentido. 
  • Prefieren hacer las cosas ellas mismas a soportar la forma en que las hace el otro.
  • Se quejan por todo lo que hacen, se sienten sobrecargadas, dicen que nadie las ayuda, pero no toleran delegar.

Vivir con una persona controladora
Vivir con un controlador se puede convertir en un infierno. Las personas controladoras dañan psicológicamente a las personas que tienen alrededor. Ya sea en el trabajo, en la vida familiar o social, la persona controladora causa efectos tóxicos en los demás.  

1. Critican todo: La persona controladora critica constantemente a los demás, incluso en los pequeños detalles. Esta conducta, suele dañar la seguridad y  la autoestima del otro. Desprecia el modo de actuar del otro porque piensa que ella misma hace todo mejor. “Deja que lo haga yo, no sabes hacerlo” hasta, “no eres una persona inteligente”, las críticas pueden llegar a hacer una mella psicológica muy grave en la persona controlada.
2. Desvalorizan los éxitos del otro: Siempre piensa que ella lo hubiera hecho mejor. No importa cuál sea el logro del otro, para el controlador nunca es suficiente. 
3. Se victimizan y generan culpa: Suelen protestar por tener que ocuparse de todo. Hace que los demás se sientan culpables de algo que la persona controladora decide: hacer todo.
4. Se quejan del agotamiento: La persona controladora se suele sentir agotada. Le echa la culpa de su cansancio a los demás. Da por sentado que si ella no se ocupara de todo nadie lo haría y la vida sería un caos. Con lo cual, casi no le queda tiempo para descansar.
5. Descalifica a los demás: Supone que todos son inútiles, tontos o vagos. Encuentra errores y fallas en todo lo que hacen los demás. Solo ella es un modelo de perfección. 
6. Anula a los demás: Debido a sus críticas despiadadas y a su afán de estar en todo, poco a poco va anulando la iniciativa y la creatividad de los demás. 
 

¿Y si mejoramos nuestra autoestima?

Mejorar nuestra autoestima es posible. Y no sólo es posible sino que es muy recomendable. Una autoestima adecuada permite vivir la vida con mayor potencia y alegría. 

La autoestima es el conjunto de percepciones, imágenes, pensamientos, juicios que tenemos sobre nosotros mismos. 

Se trata ni más ni menos de la valoración que tenemos de nosotros mismos. De este modo, una buena autoestima implica que tenemos una buena imagen de nosotros mismos, implica que nos valoramos. Por el contrario, una baja autoestima implica que no confiamos en nosotros mismos, implica que nos descalificamos y no valoramos lo que hacemos ni cómo somos.
 
Algunas características importantes de la Autoestima:

  1. No es innata. Es decir, no tenemos una cantidad de autoestima al nacer. No es un dato genético. No venimos con una x cantidad de autoestima. La tenemos que ir construyendo. La persona no nace con un concepto de lo que ella es. Esa valoración se va formando y desarrollando progresivamente en la medida en que se relaciona con el ambiente.
  2. Se desarrolla a lo largo de la vida. Son las experiencias que vivimos las que van construyendo nuestra autoestima.  Se forma en la infancia y está vinculada al modo en el que somos tratados y valorados por los adultos que nos rodean, especialmente los padres y las figuras cercanas. 
  3. Podemos modificarla. Y esto es una gran noticia. No estamos condenados a tener una baja autoestima. Es posible cambiar nuestra valoración de nosotros mismos. 

La persona con baja autoestima:

  • Se siente insegura, que desconfía de las propias capacidades.
  • No quiere tomar decisiones por miedo a equivocarse. 
  • Necesita de la aprobación de los demás para todo. 
  • Tiene una imagen distorsionada de sí mismo, tanto a lo que se refiere a rasgos físicos como a su carácter.
  • Le cuesta hacer amigos nuevos
  • Tiene un miedo excesivo al rechazo, a ser juzgado mal y a ser abandonado. 
  • Tiene miedo a decir lo que piensa o siente.
  • La persona con adecuada autoestima: 
  • No necesita de la aprobación de los demás.
  • No se cree ni mejor ni peor que nadie.
  • Muestra sus sentimientos y emociones con libertad.
  • Afronta los desafíos con optimismo.
  • Confía en sus capacidades.
  • Se comunica con facilidad.
  • Aprende de los fracasos.
  • Persevera en sus metas.

TEST 
¿Qué síntomas me pueden mostrar que tengo la autoestima baja?

  • No tengo seguridad en mí mismo
  • No expreso mis opiniones por miedo a ser rechazado  
  • Pienso que mis opiniones no tienen el mismo valor que las opiniones de los demás
  • No me siento merecedor de las cosas buenas de la vida
  • No me esfuerzo por conseguir lo que quiero ya que de antemano creo que no lo voy a lograr
  • Necesito la aprobación de los demás con mucha frecuencia
  • Veo al resto de personas como superiores a mí y me gustaría ser como ellos
  • Casi nunca estoy conforme conmigo
  • Me cuesta mucho tomar decisiones
  • No veo  mis fortalezas y virtudes
  • Me cuesta mucho tomar la iniciativa
  • Me siento culpable
  • Me siento poco atractivo
  • Siento que no tengo nada que aportar
  • No me gusta mi cuerpo ni cómo me queda la ropa. 
  • No me creo capaz de hacer las cosas bien.

Si marca sí a varias de estas afirmaciones, estaría indicando que su autoestima es baja. Es momento de trabajar para elevar su autoestima. 

Una buena autoestima nos da…

  1. Aceptación de uno mismo y de los demás.
  2. Menos estrés.
  3. Una visión más optimista de la vida.
  4. Más independencia.
  5. Un mayor equilibrio emocional.
  6. Más autoconfianza.
  7. Más humor y creatividad.
  8. Menos miedos.

Para mejorar la autoestima…

  1. Pensar en positivo: Cambiar los pensamientos. Cambiar el ”no puedo” por “voy a intentarlo”
  2. Ponerse metas realistas: Metas que pueda cumplir. Metas a las cuales sea relativamente fácil llegar. Eso ayudará a ganar confianza en uno mismo.
  3. Dejar de compararse con los demás: Focalícese en usted mismo. En sus potencias. Ponga energía en sus proyectos.
  4. Dedicarse tiempo: Ocúpese de sus necesidades. Y encuentre tiempo para su arreglo personal.

¿Qué es el bloqueo mental?

Se llama bloqueo a la incapacidad transitoria de un individuo para reaccionar ante una situación determinada. El bloqueo mental es la interrupción de un proceso mental. Esta interrupción impide la respuesta adecuada ante alguna situación. La persona que sufre un bloqueo se queda paralizada, imposibilitando así la capacidad para actuar o realizar una actividad concreta.

Así, hablamos de bloqueo mental cuando  nos quedamos en blanco, no somos capaces de pensar y expresarnos con claridad, nos sentimos estancados, sin poder articular una palabra ni un pensamiento coherente.

“Me quedé bloqueado, en blanco, no supe qué decir. Me hubiera gustado decirle lo que pensaba en ese momento, pero me bloqueé. No se me ocurrió nada.” Suelen decir las personas que sufren un bloqueo mental. Y muchas veces, las palabras que hubiera querido decir aparecen horas o días más tarde. 

El bloqueo mental genera frustración, ansiedad, culpa y vergüenza por la situación de imposibilidad en el que queda la persona. La persona se siente impotente por no haber podido reaccionar como hubiera querido. 

Se trata de una sensación muy incómoda en la cual no se logra coordinar las ideas. Uno se siente atrapado. En blanco. Bloqueado.  Sin poder reaccionar, contestar o pensar. Los procesos cognitivos se interrumpen y uno queda estancado. Puede ocurrir en cualquier contexto y en cualquier momento, ya sea en el trabajo, en un examen o en una discusión de pareja.

El bloqueo mental se manifiesta de diferentes maneras:

  • Sensación de no poder pensar con claridad. 
  • Capacidad para organizar los pensamientos, disminuida. 
  • Dificultad solucionar problemas que en otras circunstancias habrían sido sencillos.
  • Se experimenta una sensación de inmovilidad.
  • Mente en blanco.
  • Sensación de vulnerabilidad.

Consecuencias del bloqueo mental:

  • Estados de ansiedad: saber que puede sufrir un bloqueo mental puede provocar estados de ansiedad y síntomas como palpitaciones, sudores, nauseas, mareos, agitación respiratoria. 
  • Conductas de evitación: Las personas que padecen bloqueos mentales intentarán escapar de situaciones en las sientan les puede pasar
  • Procastinación: tratarán de aplazar la tarea que los atemoriza para evitar bloquearse.
  • Pensamientos negativos.
  • Sentimiento de inferioridad. 
  • Baja autoestima, juicios negativos sobre sí mismos.

Posibles causas del bloqueo mental
1. Baja autoestima: La inseguridad y la baja autoestima pueden causar un bloqueo mental. La persona se siente expuesta pues no confía en sí misma, por lo tanto está más propensa a sufrir bloqueos mentales. 
2. Timidez: Un grado extremo de timidez puede causar también un bloqueo mental. 
3. Frustración: Elevados niveles de frustración no permitirán a la persona seguir una línea de pensamiento, produciéndose el bloqueo. Especialmente si la persona no tiene recursos internos que le permitan sobreponerse a los fracasos.
4. Estrés: El agotamiento mental, las presiones, el estrés extremo suelen causar un estado de bloqueo mental. La mente ya no puede procesar los estímulos y se bloquea.
5. Elevados niveles de exigencia: La exigencia propia o de los demás puede convertirse en un enemigo cuando supera los niveles soportables. Esta exigencia puede ser intrínseca de la persona y provenir del entorno, bien sea social, laboral o académico. El temor a no cumplir las expectativas puede causar un boqueo mental. Es muy importante saber cuánto y cuándo exigirle a cada persona, para no causar el efecto contrario del que se busca. Es muy importante tener en cuenta esto con los niños, ya que si les exigimos  cosas que superen sus posibilidades les podemos estar generando un bloqueo mental y una baja autoestima para el futuro.
6. Situaciones traumáticas: Las personas que padecen bloqueo mental, pueden sufrido situaciones traumáticas como abandono, maltrato físico o psicológico en el hogar o en la escuela. Así, las situaciones traumáticas pueden desencadenar estados de bloqueo mental. 

¿Cómo superar el bloqueo mental?
 Es importante saber que en determinadas circunstancias cualquiera puede tener un bloqueo mental. Las situaciones de estrés, de examen, de exigencia, de miedo, pueden generar un bloqueo mental.

Entonces lo principal es no culpabilizarse por lo sucedido. 

Si uno no comprende que es algo que puede pasarle a cualquiera, generará más culpa, tristeza, frustración y ansiedad, complicando más aún la situación. 

Lo que más importante es distraer la mente y permitir que el flujo mental  vuelva a funcionar. Cuanto más nos tensemos, peor será el bloqueo. Así que la recomendación es relajarse.

Algunas ideas son: 

  1. Relajarse a través de ejercicios de respiración.
  2. Pensar en otra cosa.
  3. Moverse.  
  4. Distraerse con otras actividades como leer o escuchar música
  5. Decirle al otro: ahora no puedo, te contesto más tarde. 
  6. Aprender a controlar las emociones.

La ira y sus efectos en la vida

La ira es una emoción básica universal. Por lo tanto, todos podemos sentir ira de vez en cuando. Algunos la definen como una reacción de irritación, furia o cólera desencadenada por la indignación o por algo que se vive como un ataque o como una injusticia.

Enfadarse es normal. Sin embargo, cuando la ira es demasiado frecuente o desproporcionada, aparecen los problemas. Por eso, es muy importante aprender a controlar la ira y saber cómo expresarla. La ira fuera de control puede ser altamente destructiva para uno mismo y para los demás. 

Existen dos grandes formas de expresión de la ira. 

  1. La expresión externa de la ira: el enojo sale hacia afuera. La expresión del enfado permite a los demás saber que estamos muy enojados a través de nuestros gestos, expresiones faciales u tono de voz.  La expresión externa de la ira de forma inadecuada puede dar lugar a problemas interpersonales. Es un modo de descargar la ira.
  2. La expresión interna de la ira: Nadie se entera de nuestro enojo.  No se expresa. Incluye sensaciones de tensión y los pensamientos de venganza que albergamos. La ira interna se acompaña de emociones negativas como frustración, tristeza, mal humor constante. 

La ira en el cuerpo
Es ira es también una respuesta que tiene nuestro cuerpo ante cualquier amenaza. Así, ante algo que causa un gran enojo, se dispara un comportamiento corporal que prepara para  luchar y defenderse. 

De este modo, cuando aparece la ira el cuerpo responde: el ritmo cardiaco aumenta, la respiración se acelera, nuestros músculos se tensan y el flujo sanguíneo se aumenta. Así el cuerpo se prepara para actuar ante una amenaza percibida.

El problema es que esta respuesta suele ser desproporcionada. De este modo, percibimos como amenazas cosas que no lo son. Lo que aparece como amenaza se ve distorsionado por nuestra percepción y por nuestro estado psíquico. Así, si estamos bajo estrés o muy cansados, o alterados por cualquier cosa podemos enfadarnos desmesuradamente por pequeñeces.  

¿Cómo mostramos la ira corporalmente?
Expresión facial:
• Se contraen y bajan las cejas para producir un ceño fruncido.
• Se forman arrugas sobre el puente de la nariz.
• Los ojos se achican y miran fijo.
• Los labios se aprietan mucho uno contra otro. 
• Se aprietan los dientes. La mandíbula está tensa y en posición de morder.

La expresión facial se acompaña con otros movimientos corporales como:
• Cerrar las manos en forma de puños.
• Tensión general en brazos y hombros.
• Sacudir la cabeza y adoptar posturas agresivas.

Voz:
• Elevar el tono.
• Gritos, insultos. 

¿Qué sentimientos hay detrás de la ira?
• Dolor. Cualquier tipo de sufrimiento puede llevar a un estallido de ira. 
• Miedo al abandono. Miedo al rechazo
• Tristeza. 
• Impaciencia. Especialmente si uno está bajo estrés. 
• Miedo a perder lo que tenemos. Miedo no lograr lo que queremos.
• Inseguridad. 
• Decepción, porque las cosas no salen como soñamos.  
• Incomunicación. No saber expresar nuestras emociones o expresarlas de manera no asertiva lleva al aislamiento emocional.
• Frustración. Se descargan a través de la ira estados de frustración personales. 

Ira, agresividad y violencia
El gran peligro de la ira es que lleva a situaciones irreversibles. Las consecuencias de un estallido de ira muchas veces no se pueden revertir. Y el arrepentimiento suele llegar tarde, pues los daños generados no tienen marcha atrás.

La descarga de agresividad y la violencia fuera de control son los dos grandes riesgos de esta emoción. La violencia descontrolada puede llevar a romper cosas, a hacerles daño a los demás o a uno mismo. En un estallido de ira la persona se enceguece, “ve rojo”, y pierde el dominio de sus actos y de sus impulsos. 

Por eso es tan necesario aprender a manejar esta emoción.  Lo mejor es prevenir y educar desde la infancia. Se recomienda enseñar a los niños el manejo la ira: que aprendan a expresarla sin descontrolar y sin llegar a situaciones de violencia. 

Enojarse no es malo, dicen los especialistas.  Lo malo y peligroso es la forma en que lo manifestamos.

Controlar la ira
• Detectar las primeras señales de ira. Esto es fundamental para tomar el control sobre los sentimientos que se desencadenan a partir del enojo.
• Tranquilizarse para poder pensar. Enfriar el momento. Hacer una pausa.
• Respirar profundamente 
• Restar importancia a lo que ha sucedido. 
• No pensar en lo mismo toda la semana.
• Darse tiempo. Dejar que pase el efecto explosivo. Aprender a no descargar instantáneamente la ira. Pausar. 
• Aprender a manejar la ira no significa reprimirla. Se trata de aprender a gestionar las manifestaciones agresivas que causa. Es poder expresar el enojo de manera controlada, a través de una buena comunicación. 
 

Stalkear en redes sociales: una obsesión que crece

El término Stalker viene de la palabra inglesa stalking. Es una forma de acoso que consiste en perseguir a otra persona para establecer un contacto con ella. 

Pero este concepto ha cambiado su significado. En un comienzo, como dijimos,  se lo utilizaba para nombrar al acosador que persigue a su víctima a todas partes. En la actualidad se utiliza para darle nombre a una actividad que se realiza en las redes sociales: espiar.

Espiar la vida y las acciones de los demás es una conducta típica de los tiempos actuales. Las redes sociales nos permiten acceder a mucha información acerca de otras personas. Podemos espiar su vida, saber qué hace, en qué anda, que le gusta, cuál es su pensamiento político, sus tendencias  y estar al tanto de lo que publica.

Stalkear es revisar contantemente las actividades, los comentarios y actualizaciones de una persona. Es una actividad que muchos realizan diariamente en las redes sociales.

Dicen que las  redes sociales se sostienen en dos tendencias humanas: mostrarse y espiar, en palabras técnicas: la exhibición y el voyeurismo. El deseo de mostrarse y el deseo de mirar.  En la conjugación de estas tendencias vemos aparecer la figura del Stalker, aquel que dedica su tiempo a espiar lo que el otro sube y hace en las redes sociales. 

El stalker encuentra en las redes un lugar ideal para desarrollar su tendencia: espiar. Es allí donde los stalkers se mueven, ya que les resulta fácil acceder a información las personas que despiertan su interés.

Los stalkers suelen vigilar a la persona que les interesa de manera permanente. Están atentos a lo que publica. La espían. Consultan constantemente si la persona ha hecho alguna actualización. Se fijan si está on line. Están pendientes del último horario en el que ha estado conectada. Dedican gran parte de su tiempo a supervisar las actividades del otro, cuántos likes pone, a quién, qué sube, a quién sigue, cuántos seguidores tiene, quienes son, todo esto y mucho más, es motivo de interés para el stalker. 

Cuando espiar se convierte en obsesión
Stalkear se puede convertir en una obsesión peligrosa y dañina.

Lo que en un principio puede ser una inocente curiosidad o un entretenimiento sin consecuencias, puede devenir una obsesión que no podemos manejar.  

Es importante detectar si estamos pasando demasiado tiempo espiando la vida de otra persona. Si es así, es momento de tomar recaudos. Es necesario empezar a controlar estos impulsos de espionaje y no dejar que ellos nos controlen a nosotros. 

¿Qué tipos de Stalkers hay?
1. El resentido amoroso que busca datos de su ex. 
2. El que ha sido rechazado y busca vengarse o entender el porqué del rechazo.
3. El que pretende establecer alguna intimidad con la persona. 
4. El metiche. 
5. La pareja celosa que espía a su novia/novio.  
6. El admirador compulsivo que quiere saber el minuto a minuto de su admirado. 
7. El tímido.  
8. El que no puede dominar su curiosidad por la vida de los demás. 
9. El depredador. Son los más peligrosos. Espía a su víctima para buscar el momento adecuado y atacarle, sobre todo a nivel sexual.
10. Los que stalkean para otros fines, como generar perfiles falsos para obtener información o provocar reacciones como la desacreditación, robo de identidad o incluso secuestros. 

Básicamente hay algunos que son inofensivos y otros que pueden generar un gran daño.

¿Cómo protegerse? 
• No postear ubicaciones específicas y menos de manera automática 
• No publicar datos puntuales como tarjetas de crédito, teléfonos, domicilio, etcétera 
• Pensar si las imágenes que publicarás contienen elementos que puedan volverte un blanco 
• No aceptar a desconocidos como amigos en Facebook 
• Verificar lo que otras personas publican de ti 
• Chequear los niveles de seguridad de tus publicaciones
• Recordar que en la red toda barrera puede ser superada: piensa bien que subirás a la red .

Parejas Stalkers
Una pareja stalker es aquella que desea controlar. Puede ser hombre o mujer.  La personalidad celosa y controladora no es exclusiva de un género.

Diferentes especialistas destacan el aumento de las peleas de parejas a causa de comentarios y estados en las redes sociales. Un nuevo campo de conflictos, inseguridades, celos y espionajes se abre en los problemas de parejas: las redes sociales y las apps de citas. 

Muchas parejas  necesitan espiar y controlar el contenido de los mensajes o las publicaciones en redes del otro. Se convierten en Stalker de sus parejas. Necesitan saber qué hacen en las redes, con quién hablan, qué publican. No respetan la intimidad del otro y buscan modos de espiar lo que hace.

Se dice que más del 60% de los casos de parejas stalker terminan con situaciones de violencia.

¿Cómo confiar en un mundo en el que los contactos pueden ser innumerables? ¿Cómo mantener la confianza y el respeto en medio de la oferta que ofrecen las apps de citas?

Un nuevo desafío se vislumbra. Las parejas actuales tienen que establecer pactos y normas de convivencia virtual con las que se sientan cómodas y seguras.