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¿Cómo ayudar a alguien que sufre?

Una de las situaciones más difíciles que nos tocan vivir es ver a alguien que está sufriendo y no saber cómo ayudarlo. Esto es especialmente penoso si se trata de una persona  querida y cercana.

Normalmente cuando sabemos que una persona está atravesando un momento difícil lo primero que intentamos hacer es tratar de buscar una solución para su situación. Escuchamos cuál es el problema y automáticamente empezamos a pensar en soluciones que puedan ayudar. Nuestra atención se focaliza en las posibles soluciones y dejamos de prestar atención a lo que la persona expresa.

De este modo desatendemos su verdadero padecimiento.  Y negamos una realidad: a veces hay cosas que no tienen solución. Simplemente hay que atravesarlas, soportarlas y, aprender de ellas.

El famoso doctor Jung escribió que la base de la ayuda terapéutica está en escuchar sin juzgar los problemas del otro, en aceptarlos y no colocarse por encima de su dolor.

1. Escuchar
Esta es la base de la ayuda: saber escuchar. Prestarle al otro nuestra atención, nuestro tiempo, y nuestro atento silencio para que pueda poco a poco expresar sus sentimientos y su malestar. Saber escuchar es un arte.

Para escuchar sin interferir recomendamos:
• Busque el momento y el lugar adecuados para que la persona pueda contar con tranquilidad aquello que le sucede.
• No minimice la situación.
• Hágale saber que cuenta con su apoyo y que no lo juzgará. No hace falta decirlo con palabras, su actitud al escuchar es lo que cuenta.
• No lo presione.
• Permita que la persona hable cuando lo considere adecuado.
• No le haga miles de preguntas.
• Déjelo hablar y respete su silencio.
• No lo interrumpa.
• Permita que hable el tiempo que sea necesario. Muchas veces desahogarse es el mejor remedio.
• No lo juzgue. Para comprender es necesario liberarse de los propios preconceptos y escuchar sin prejuicios.

2. Mantenerse cerca
Otro modo de ayudar a alguien que sufre es no dejarle solo. Que el otro sepa que está allí si lo necesita. Acompañarlo. Hacerle sentir la cercanía, pero sin invadirlo. Claro que no es fácil, pero es posible y hay que intentarlo.

Muchas veces la persona que sufre se aísla. Evita la compañía y ni siquiera responde los mensajes o los llamados. Es importante hacerle sentir que no está sola sin invadirla y respetando sus necesidades y sus tiempos. Para esto es necesario ser sutil y al mismo tiempo perseverante.

Otra forma de cercanía es brindarle ayuda con alguna de las actividades cotidianas que quizás la persona no puede cumplir, como ayudarle con la compra diaria, con la organización de la casa, etc.

3. No confrontar
No es momento de confrontar. Es importante manejarse con tacto. Por un lado, es necesario  ser firme y no dejar que la persona “se derrumbe”.

Pero por otro lado, hay que ser flexible y evitar las confrontaciones. Para conseguirlo aconsejamos:
• Evitar imponer las propias  opiniones.
• Respetar los tiempos del otro.

4. No  abrumar con consejos
¿Quién es uno para suponer que sabe lo que es mejor para el otro? El secreto de la ayuda es poder escuchar y respetar lo que el otro dice. En la desesperación por brindar ayuda a veces uno deja de escuchar al otro y sólo se escucha a sí mismo y a lo que cree que es mejor.

No es momento de consejos. Es momento de escuchar, entender y respetar.

5. Tener paciencia
Los procesos de recuperación suelen ser lentos. Después de una gran pérdida el psiquismo necesita un largo tiempo de elaboración para recuperarse.

Los procesos son extensos y no pueden acelerarse. Es necesario entenderlo para respetar esos tiempos. Lo peor que se puede hacer es querer acelerar ese proceso y comunicar nuestra ansiedad por la recuperación del otro. La persona que está pasando un mal momento no puede lidiar con su dolor y con la ansiedad de los demás por verla bien nuevamente.

Hay que pensar que el dolor psíquico tiene tanta realidad como la fractura de un hueso. Cualquiera entiende que si se le rompe un hueso necesitará un tiempo para recuperarse. A nadie se le ocurre “obligar” al cuerpo a que acelere sus ritmos. La misma actitud de respeto por el proceso hay que tener con el sufrimiento psíquico. 

En este sentido es esencial la paciencia. Es decir, respetar los tiempos que el proceso de recuperación requiere, sin tratar de imponer los tiempos nuestra pretensión de que el otro esté bien ya mismo.