Se encuentra usted aquí

La ira y sus efectos en la vida

La ira es una emoción básica universal. Por lo tanto, todos podemos sentir ira de vez en cuando. Algunos la definen como una reacción de irritación, furia o cólera desencadenada por la indignación o por algo que se vive como un ataque o como una injusticia.

Enfadarse es normal. Sin embargo, cuando la ira es demasiado frecuente o desproporcionada, aparecen los problemas. Por eso, es muy importante aprender a controlar la ira y saber cómo expresarla. La ira fuera de control puede ser altamente destructiva para uno mismo y para los demás. 

Existen dos grandes formas de expresión de la ira. 

  1. La expresión externa de la ira: el enojo sale hacia afuera. La expresión del enfado permite a los demás saber que estamos muy enojados a través de nuestros gestos, expresiones faciales u tono de voz.  La expresión externa de la ira de forma inadecuada puede dar lugar a problemas interpersonales. Es un modo de descargar la ira.
  2. La expresión interna de la ira: Nadie se entera de nuestro enojo.  No se expresa. Incluye sensaciones de tensión y los pensamientos de venganza que albergamos. La ira interna se acompaña de emociones negativas como frustración, tristeza, mal humor constante. 

La ira en el cuerpo
Es ira es también una respuesta que tiene nuestro cuerpo ante cualquier amenaza. Así, ante algo que causa un gran enojo, se dispara un comportamiento corporal que prepara para  luchar y defenderse. 

De este modo, cuando aparece la ira el cuerpo responde: el ritmo cardiaco aumenta, la respiración se acelera, nuestros músculos se tensan y el flujo sanguíneo se aumenta. Así el cuerpo se prepara para actuar ante una amenaza percibida.

El problema es que esta respuesta suele ser desproporcionada. De este modo, percibimos como amenazas cosas que no lo son. Lo que aparece como amenaza se ve distorsionado por nuestra percepción y por nuestro estado psíquico. Así, si estamos bajo estrés o muy cansados, o alterados por cualquier cosa podemos enfadarnos desmesuradamente por pequeñeces.  

¿Cómo mostramos la ira corporalmente?
Expresión facial:
• Se contraen y bajan las cejas para producir un ceño fruncido.
• Se forman arrugas sobre el puente de la nariz.
• Los ojos se achican y miran fijo.
• Los labios se aprietan mucho uno contra otro. 
• Se aprietan los dientes. La mandíbula está tensa y en posición de morder.

La expresión facial se acompaña con otros movimientos corporales como:
• Cerrar las manos en forma de puños.
• Tensión general en brazos y hombros.
• Sacudir la cabeza y adoptar posturas agresivas.

Voz:
• Elevar el tono.
• Gritos, insultos. 

¿Qué sentimientos hay detrás de la ira?
• Dolor. Cualquier tipo de sufrimiento puede llevar a un estallido de ira. 
• Miedo al abandono. Miedo al rechazo
• Tristeza. 
• Impaciencia. Especialmente si uno está bajo estrés. 
• Miedo a perder lo que tenemos. Miedo no lograr lo que queremos.
• Inseguridad. 
• Decepción, porque las cosas no salen como soñamos.  
• Incomunicación. No saber expresar nuestras emociones o expresarlas de manera no asertiva lleva al aislamiento emocional.
• Frustración. Se descargan a través de la ira estados de frustración personales. 

Ira, agresividad y violencia
El gran peligro de la ira es que lleva a situaciones irreversibles. Las consecuencias de un estallido de ira muchas veces no se pueden revertir. Y el arrepentimiento suele llegar tarde, pues los daños generados no tienen marcha atrás.

La descarga de agresividad y la violencia fuera de control son los dos grandes riesgos de esta emoción. La violencia descontrolada puede llevar a romper cosas, a hacerles daño a los demás o a uno mismo. En un estallido de ira la persona se enceguece, “ve rojo”, y pierde el dominio de sus actos y de sus impulsos. 

Por eso es tan necesario aprender a manejar esta emoción.  Lo mejor es prevenir y educar desde la infancia. Se recomienda enseñar a los niños el manejo la ira: que aprendan a expresarla sin descontrolar y sin llegar a situaciones de violencia. 

Enojarse no es malo, dicen los especialistas.  Lo malo y peligroso es la forma en que lo manifestamos.

Controlar la ira
• Detectar las primeras señales de ira. Esto es fundamental para tomar el control sobre los sentimientos que se desencadenan a partir del enojo.
• Tranquilizarse para poder pensar. Enfriar el momento. Hacer una pausa.
• Respirar profundamente 
• Restar importancia a lo que ha sucedido. 
• No pensar en lo mismo toda la semana.
• Darse tiempo. Dejar que pase el efecto explosivo. Aprender a no descargar instantáneamente la ira. Pausar. 
• Aprender a manejar la ira no significa reprimirla. Se trata de aprender a gestionar las manifestaciones agresivas que causa. Es poder expresar el enojo de manera controlada, a través de una buena comunicación.