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A Corazón Abierto- Dra. Amparo

Cuando las emociones son inaccesibles

Es sabido que las emociones son vitales. Para la mayoría de las personas estar alegres, tristes, sentir miedo o enfado es algo natural y transitan por sus emociones sin mayores inconvenientes. De este modo, las emociones y sentimientos tienen un papel central y fundamental en todos los aspectos de la vida humana.

Podemos decir que las emociones son como  fuerzas orientadoras que dan significado y sentido a las situaciones cotidianas. Dan dirección a nuestra vida. Nos mueven, nos motivan. Constituyen  una enorme fuente de energía que organiza y orienta nuestras acciones. Nos permiten tomar decisiones, saber por dónde queremos ir y por dónde no. Gracias a las emociones sabemos quiénes somos ya que nos reconocemos en lo que sentimos.  

La poeta y ambientalista australiana Judith Wright lo expresó de esta manera: “Los sentimientos y las emociones son el lenguaje universal que debe ser honrado. Son la expresión auténtica de quienes somos”.
Las emociones también son esenciales para los vínculos. Organizan las relaciones con los demás. Permiten entendernos, entender a los demás, comunicarnos, generar intimidad, reírnos, hacer proyectos, nos permiten saber qué nos gusta, qué nos duele, qué nos enfada y qué nos conmueve.

Imaginen por un segundo cómo sería la vida si no pudiéramos saber qué sentimos.

Muchas personas viven así, sin poder identificar sus emociones. No saben qué sienten. No consiguen identificar lo que les pasa emocionalmente y por lo tanto no pueden expresarlo. Están aislados de sus propias emociones y sentimientos. No consiguen acceder a su mundo emocional.

En psicología este trastorno tiene un nombre: “Alexitimia”.

¿De qué se trata? La Alexitimia  es un trastorno que  impide identificar y describir las emociones propias y las de los demás.

Fue descrito por primera vez en el año 1972 por el profesor de Psiquiatría Peter Sifneos.  Este doctor introdujo el término “alexitimia” formado por 3 palabras griegas: “a” que significa sin, “lexis” que significa palabra y “thimos” que significa afecto. Es decir, alexitimia quiere decir sin palabras para el afecto. De este modo, las personas alexitímicas son incapaces de reconocer y poner nombre a sus emociones.

Y, aunque parezca extraño, son muchas las personas que padecen este trastorno. Se considera que alrededor del 10 por ciento de la población mundial tiene dificultades para identificar y manifestar sus emociones.

En general, las personas que sufren de Alexitimia están limitadas en su capacidad de experimentar fantasías. Tienen dificultades para todo lo relacionado con la imaginación.  Presentan una forma de pensamiento centrada en el exterior. Se basan en los hechos que observan directamente. Esto es así porque el mundo interno les resulta inaccesible.

No tienen habilidades empáticas, es decir no consiguen ponerse en el lugar del otro ya que  tienen gran dificultad para comprender los sentimientos de otras personas. Son descritas por los demás como frías y distantes. Pero esta frialdad se debe a que no pueden conectar ni descifrar sus emociones.

Otra característica de las personas con este trastorno es que tienen grandes dificultades para distinguir las emociones de las sensaciones corporales. Los sentimientos les llegan en forma de un matojo de tensiones, de molestias corporales o de sensaciones físicas que no pueden asociar a ninguna emoción.

 

Las principales características de la Alexitimia son:

  1. Dificultad para identificar las emociones y sentimientos
  2. Comprensión limitada de lo que causa dichas emociones
  3. Dificultad para expresar los sentimientos
  4. Dificultad para entender las expresiones faciales de los demás
  5. Imaginación limitada
  6. Hipersensibilidad a las sensaciones físicas
  7. Apariencia distante y fría.
  8. Escasa comunicación verbal: hablan poco.
  9. Escasa comunicación no verbal. Parecen muy rígidos.
  10. Cuesta mantener relaciones interpersonales.

 

10 rasgos de un alexitímico

  1. Tienen poca capacidad de introspección y pocas fantasías. Son personas con una vida interior limitada. Tienen una mínima tendencia a la ensoñación.
  2. No reconocen las emociones en los demás.
  3.  Falta de empatía.
  4. Parecen serios y aburridos.
  5. Hablan muy poco.
  6. Son prácticos y racionales.
  7. Se orienta hacia lo externo y lo concreto.
  8. Les cuesta establecer y mantener vínculos afectivos.
  9. Tienen relaciones sociales complicadas caracterizadas por la dependencia emocional o el aislamiento social.
  10. Pueden tener problemas sexuales como ausencia de deseo o impotencia.

 

¿Conoce a alguna persona vanidosa?

Es muy probable que si mira a su alrededor encuentre a más de un vanidoso. La vanidad es un rasgo de personalidad bastante frecuente, y bastante molesto también.  La persona vanidosa se siente superior los demás, ya sea desde un punto de vista intelectual o físico. Siempre cree que es superior, mejor, más interesante, más inteligente y más atractivo que el resto.  

El diccionario nos aclara que vanidad, viene del latín vanĭtas, y es la cualidad de vano: vacío, hueco o falto de realidad, sustancia o solidez. Está vinculado a la arrogancia, a la presunción y al envanecimiento.
No es fácil relacionarse con un vanidoso. La verdad es que la vanidad puede deteriorar seriamente una relación. Los rasgos del vanidoso hacen que vincularse con él sea muy complicado y tortuoso.  Las personas vanidosas están muy centradas en sí mismas, son prepotentes y se consideran seres superiores que están por encima de los demás, a quienes ven como inferiores. Obviamente todos estos rasgos dificultan mucho establecer una buena relación con la persona vanidosa.

Se dice que detrás de esta imagen de perfección que tienen de sí mismos los vanidosos sienten una enorme inseguridad. De allí que sea un rasgo vacío, falto de solidez. Podríamos pensar en una imagen hueca que esconde un enorme vacío.

De todos modos, el vanidoso se suele comportar como si fuera el rey del mundo y su trato hacia los demás suele ser desagradable.

 

Los rasgos principales de la persona vanidosa son:

1. Creen que están siempre en lo cierto:
Las personas vanidosas suelen creer que tienen razón en todo. Intercambiar opiniones con ellas es una pesadilla, pues creen que su opinión es la única válida. De este modo, ni se molestan en escuchar los argumentos de los demás, ya que los descarta sin prestarles demasiada atención.  Las discusiones con un vanidoso no llevan a ningún sitio, pues el vanidoso sólo está interesado en su propia opinión. Con frecuencia, las personas vanidosas defienden sus puntos de vista poniéndose a sí mismos como autoridad.

 

2. Prestan muchísima atención a su imagen pública:
Están muy pendientes de lo que los demás piensan de ellos. Tratan de demostrar indiferencia, pero les importa muchísimo que los demás tengan una buena imagen. Se dice que suelen actuar como si la opinión ajena no les importara, pero están obsesionados con lo que las otras personas piensan de ellos. En general se desviven para generar esa imagen perfecta. Se muestran seguros, hacen alharaca de sus logros, les gusta lucir bien, usar ropa de marca y que se note.  Son extremadamente cuidadosos con lo que publican en las redes sociales, ya que siempre quieren dar una imagen triunfante y exitosa. Las fotos que suben suelen estar muy estudiadas y embellecidas, mostrando siempre su mejor ángulo o sus últimas adquisiciones de ropa o de lo que sea.

 

3. Se enojan con mucha facilidad:
Las personas vanidosas tienen que sostener una imagen idealizada de ellos mismos. En parte, esta necesidad de mostrarse deslumbrantes  los vuelve intolerantes. Cualquier detalle que ponga en duda su imagen perfecta puede causarles un enojo descomunal.

 

4. Se expresan de forma teatral
Son excesivos y exagerados en su modo de expresarse. La mayoría de las personas vanidosas se expresan de una forma completamente teatral. En realidad parecen actores interpretando un rol protagónico. Cuando hablan, gesticulan de una forma que parece sacada de una obra de teatro. De este modo, llaman la atención de su audiencia. Hay que recordar que el vanidoso no se comunica con pares, pare él los demás son un público que debe aplaudirlo y admirarlo en todo lo que hace y dice. También hacen un uso de la voz muy especial, y estudiado; las entonaciones, los silencios, el modo de hablar, todo está estudiado para causar admiración.

 

5. Se creen el centro del universo
Para el vanidoso no hay nada ni nadie más importante que él mismo. Los demás son extras necesarios para halagarlo y admirarlo. Los vanidosos se despreocupan de las necesidades ajenas porque están convencidas de que lo que ellos necesitan es lo más importante. Tienen un amor desproporcionado por ellos mismos y pierden de vista a los demás.

 

Ecoansiedad: el impacto del cambio climático en la salud mental

Vivimos en un mundo rápido, instantáneo e hipercomunicado. La tecnología avanza a pasos agigantados, pero, al mismo tiempo, avanza también la destrucción de muchos ecosistema.

Los científicos debaten sobre las posibles consecuencias del cambio climático.  Las noticias nos advierten sobre diversas catástrofes naturales: inundaciones, incendios forestales, terremotos, contaminación de los mares, devastación y extinción  de las especies, agotamiento de los recursos naturales, calentamiento de la tierra, la enorme acumulación de plásticos en mares y bosques, los altos niveles de contaminación en ciudades y campos, la destrucción de parajes naturales, el exceso de pesticidas y agrotóxicos que se utilizan en la agro industria, etc.

Frente a este panorama desolador cada vez más personas entran en pánico, agobiadas por la magnitud del problema ambiental que enfrentamos y por la insensibilidad de los gobiernos y de los intereses económicos que parecen no preocuparse por el futuro del planeta. Cada veaz más personas toman conciencia de esta situación y se sienten impotentes frente al deterioro del planeta. ¿Qué puedo hacer yo?, se preguntan, y aunque en su vida personal busquen modos sustentables de vida, aunque se esfuercen en reciclar y cuidar el medio ambiente,  sienten que es muy poco frente a lo que está pasando a nivel mundial. ¿Entonces?

Entonces esta perspectiva abrumadora y oscura empieza a afectar la salud mental y el bienestar emocional de gran parte de la población. Especialmente los jóvenes, los adolescentes y los niños se ven perturbados por este panorama desesperanzador. No es fácil mantener el bienestar personal cuando vivimos bombardeados por noticias de catástrofes ambientales que ponen en riesgo la continuidad de la vida en la tierra.

De este modo, este cuadro de situación genera nuevos modos de malestar y de inquietud en la población. En el mundo actual muchas personas se ven atravesadas por el miedo y la preocupación ante el deterioro del medio ambiente. Y este malestar tiene un nombre: ecoansiedad.

Se llama ecoansiedad a la ansiedad que se produce al observar el deterioro del planeta a causa del accionar humano. Esta forma de ansiedad es cada vez más frecuente. El miedo a que ocurra un cataclismo ambiental, el estrés por los impactos que puede causar el cambio climático y la preocupación por el futuro definen este nuevo trastorno. Así, muchas personas viven atemorizadas y preocupadas en extremo por el panorama desolador de una tierra arrasada.

La Asociación Estadounidense de Psicología describe la ecoansiedad como un “temor crónico de un cataclismo ambiental, un estrés causado por observar los impactos aparentemente irrevocables del cambio climático, y la preocupación constante  por el futuro de uno mismo, de los niños y de las generaciones futuras.

La activista adolescente Greta Thunberg en una conferencia realizada  en Viena afirmó: “Es la crisis más importante que la humanidad ha enfrentado jamás”. Y así perciben gran parte de los adolescentes el impacto del cambio climático y de la devastación del planeta: una crisis como la que no se ha conocido antes.  Y esta percepción de la crisis ambiental que estamos viviendo impacta de forma directa en la salud mental.

De este modo, la incertidumbre por el calentamiento global genera estrés, depresión, ira y angustia. Estos estados emocionales  impactan en el equilibrio  psicológico de las personas generando un estado de malestar y preocupación crónica.

Este nuevo trastorno se manifiesta de diversas maneras. Algunos de los síntomas de ecoansiedad más frecuentes son: preocupación constante por el futuro del planeta, estados de pánico, incertidumbre constante, sensación de ahogo, opresión, agobio, sentimientos de culpa por traer hijos a un mundo colapsado o decisión de no tener hijos ambientales,  por miedo a las futuras catástrofes, impotencia por no poder detener la degradación de la naturaleza, depresión, desaliento, falta de proyectos y sensación de sin sentido.

Según los expertos un número cada vez mayor de niños presentan síntomas de estrés y  agotamiento emocional provocado por la “ecoansiedad”, así como también el miedo a la extinción de los seres humanos como resultado de la contaminación del daño ambiental.

 

Mitomanía: cuando mentir es enfermizo

¿Todos mentimos? Sí, la verdad es que en algún momento, casi todos mentimos. Mentiras tontas, pequeñas, leves distorsiones de la verdad, exageraciones, mentiras usadas como excusas, o para disimular algo. Mentiras dichas por cobardía, por vergüenza, para no herir, mentiras amables, para quedar bien o para no ofender. La verdad es que hay un sinfín de motivos por el cual cada uno de nosotros dice, de vez en cuando, una mentirilla.
Así, la mentira es una conducta cotidiana en el ser humano. Y es también un recurso útil en algunas ocasiones, ya sea para conseguir sus propósitos, para encajar mejor socialmente, para no ofender, o para proteger de una verdad dolorosa a alguien.

Pero no siempre el acto de mentir es un hecho menor. Hay muchas, muchísimas mentiras que son un gravísimo problema. Especialmente cuando la mentira se vuelve una adicción y un estilo de vida. La mentira puede convertirse en una compulsión imparable. Hay personas que no pueden dejar de mentir. Mentir es para ellos una forma de vida, prácticamente todos sus actos están afectados por mentiras. Mienten sin escrúpulos. Inventan cosas y las sostienen en el tiempo. Mienten y no se les mueve un pelo. Estamos, entonces frente a la mentira patológica: la mitomanía.

La mitomanía o mentira patológica es un trastorno psicológico que lleva a la persona a mentir y a distorsionar la realidad de forma compulsiva. La persona con este trastorno no puede parar de decir mentiras. Una mentira lo lleva a la otra, y casi sin darse cuenta, su mundo entero se convierte en una enorme y descomunal mentira.

Alexander Pope afirmó: “El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera”. Y es ese el laberinto en el que el mitómano se encuentra perdido. Una vez que la serie de mentiras ha comenzado le resulta prácticamente imposible parar. Y en ese infierno de mentiras transita su vida hasta que por algún motivo las mentiras estallan y se vuelven insostenibles.

Este trastorno tiene larga data. Fue descrito por primera vez en la literatura médica en el año 1891 por el suizo Anton Delbrück. En psiquiatría, la mentira patológica, conocida como pseudología fantástica es un cuadro patológico caracterizado por la continua fabricación de falsedades, que pueden llegar a constituir un complejo engaño organizado, y que a diferencia de la mentira ordinaria, se origina en motivaciones patológicas y mecanismos psicopatológicos, es decir, se origina en perturbaciones psíquicas de la persona.

¿Cuáles son las características de la mitomanía y cómo se diferencia de la mentira ordinaria? Es muy importante hacer esta distinción ya que no toda mentira es patológica. Desde ya, siempre puede ser objetable mentir, pero no toda mentira indica que hay un trastorno psíquico detrás.

Algunas de las características de la mitomanía son:

  1. El motivo que lleva a mentir es interno y no externo. Es decir, la persona miente no por circunstancias externas sino por un trastorno psíquico que lo lleva a mentir compulsivamente.
  2. Las historias contadas no son del todo improbables. Las mentiras que cuenta el mitómano suelen tener  algún atisbo de verdad. Las historias no son delirios ni una manifestación de la psicosis. Son mentiras encadenadas que suelen estar muy bien formuladas.  Si se le presiona, el mitómano puede admitir que lo que cuenta no es cierto, aunque de mala gana. Tiene conciencia de sus mentiras, pero las negará hasta que las evidencias sean innegables y no le quede más remedio que aceptar que ha mentido sin parar.
  3. La tendencia a mentir es duradera. No es provocado por una situación inmediata o por la presión social. No se trata de leves mentiras para salir del paso en alguna situación incómoda.  sino que más bien se trata de una característica de perturbación de la personalidad.
  4. Las mentiras contadas tienden a presentar al mentiroso de manera favorable. Muchas veces puede mostrarse como una víctima y de este modo sacar alguna ventaja con sus mentiras.
  5. Poca autoestima. El mitómano suele tener su autoestima muy dañada. Utiliza las mentiras para llamar la atención de los demás. Pero ese mentir se vuelve compulsivo y al poco tiempo se ve enredado en una trama enorme de mentiras de la que ya no puede salir.

 

¿Cómo alcanzar los propósitos 2020?

Ahora sí. Ya lanzados y decididos a recorrer el nuevo año. Un año que llega con nombre de futuro y propone que lo vivamos con potencia y resplandeciendo hacia lo nuevo. Y cuando decimos nuevo decimos especialmente todo lo nuevo que queremos construir en nosotros mismos. Decimos renovación. Renovar nuestras ideas, nuestros deseos, nuestra manera de mirar el mundo. Decimos renovar nuestro pacto con la vida.

Estamos otra vez con la posibilidad de renovar nuestro contrato con nosotros mismos y con lo que nos rodea. Buen momento para romper los automatismos y revisar el modo en el que estamos viviendo.

En estos días solemos decir o pensar, quiero cambiar esto, quiero dejar tal cosa o empezar tal actividad. Y con el impulso de esta energía de renovación nos parece que todo es posible. ¿Pero es todo posible? ¿O nos engañamos con estos propósitos del inicio del año y luego la inercia nos vence y terminamos haciendo siempre lo mismo?

¿Cómo concretar todos esos deseos que decimos tener?

Hay algunas claves que podrían ayudar…
La primera es definir bien nuestro propósito. Para eso es necesario tener en cuenta algunas consignas:

1. Que la conquista del propósito dependa de uno mismo: es este un punto clave. Hay  objetivos que dependen de otras personas y nada podemos hacer para alcanzarlos. Sencillamente porque no está en nuestras manos. Tenemos que focalizarnos en lo que sí podemos hacer nosotros. Por ejemplo: mejorar mi carácter,  comer saludable, dedicar más tiempo a lo que me hace bien, dejar de fumar,  estudiar algo  o mejorar una habilidad, etc. Estos son objetivos que dependen de nosotros mismos, de nuestra voluntad y de nuestra perseverancia. No son objetivos posibles los que dependen del azar o de otras personas, como ganar un sorteo, conocer al amor de mi vida, etc. Si bien es cierto que podemos hacer cosas para propiciar éstas situaciones, no dependen de nosotros.

2. Que el objetivo pueda concretarse en acciones: las acciones son el camino que nos llevará al objetivo. Si el objetivo es abstracto y no hay acciones concretas que nos puedan acercar a su realización ese propósito no es viable.

3. Que el propósito sea realista: es primordial que el objetivo que nos proponemos pueda ser cumplido y alcanzado en un tiempo razonable. Ponerse objetivos inalcanzables o demasiados exigentes suele llevar a que se abandone antes de tiempo. Los objetivos incumplibles son una trampa que nos dejan siempre en el mismo lugar.

La segunda clave es trazar un plan de acción que permita cumplir el objetivo. Esto significa convertir el objetivo en acciones concretas que puedan realizarse día a día. Para este paso es necesario tener en cuenta:

1. Dividir el objetivo en sub objetivos: de este modo se podrán organizar etapas a realizarse en el tiempo. Por ejemplo si mi objetivo final es bajar 10 Kg es conveniente dividirlo en sub objetivos de 2 kg, y de esta manera organizar en el tiempo estas sub etapas de 2kg.

2. Ordenar en el tiempo: la organización temporal es básica. Todas las cosas requieren de un proceso. Si no pautamos claramente el tiempo en el que cumpliremos cada etapa podemos ser víctimas de la impaciencia y de la ansiedad. Hay que tener claro que nada es instantáneo. La impaciencia y la ansiedad son 2 enemigos que nos pueden hacer abandonar nuestras metas. Por eso el factor tiempo es clave. Y hay que evaluarlo y pautarlo para estar preparado y perseverar.

 

La tercera clave es saber que van a aparecer obstáculos y hay que poder lidiar con ellos. Para hacerlo es importante:

1. Ser flexible: siempre puede haber imprevistos que compliquen o retrasen el cumplimiento del objetivo en cuestión. Ante estos obstáculos es necesario ser flexible para encontrar alternativas. La terquedad no ayuda. Ser perseverante no es lo mismo que ser terco. A veces es necesario buscar rodeos y caminos alternativos para llegar al objetivo. Hay que poder rediseñar la estrategia para sortear los imprevistos y retomar el plan inicial ni bien sea posible. Quedar aferrado a un diseño que no sirve, solo ocasionaría fracasos.

2. Ser capaz de reconocer errores: es posible que nuestro plan tenga fallos que solo se vuelven visibles al empezar el recorrido. En ese caso hay que poder reconocerlos y replantear la estrategia.

 

Bienvenido 2020

Ya estamos finalizando otro año. Se cierra un período de 365 días. Nada más ni nada menos que 8760 horas en las que de una u otra manera hemos desplegado nuestras emociones, nuestras expectativas, nuestra energía y nuestros deseos. 525.600 minutos que se colaron suavemente, sin prisa y sin pausa, permitiendo que nuestra vida fluya y se ramifique en múltiples experiencias.

Es la vida que corre y que fluye como fluye el tiempo. Se termina el 2019. Ya está. Concluye. El reloj marca su ritmo irreversible. En unos días más el año habrá terminado. Y, en ese preciso instante, cada quien se reunirá con sus seres queridos para despedir a este año que se acaba y darle la bienvenida al próximo.

En estas fechas nos gusta pensar y creer que lo mejor está por venir. Por eso brindamos y nos abrazamos con nuestros seres cercanos. Lo mejor está en lo que decidamos hacer con las 8760 horas que tendremos por delante una vez que terminemos de brindar, a las 12 de la noche, con las últimas campanadas del 2019. Lo mejor está en nuestra capacidad de creer y de apostar a nuestros mejores deseos.

El futuro está aquí y está en nuestras manos.

Se percibe ya en el aire la cercanía de lo nuevo. El 2020 se acerca con promesas y profecías. Un gran desafío nos espera. ¿Y qué mejor que iniciarlo livianos de equipaje? Alegres, decididos, con la mirada puesta hacia delante. Para eso, ¿qué mejor que soltar con pesadas cargas que ya no nos sirven?

Pero, ¿cómo soltar esas cargas? ¿Cómo deshacernos de lo viejo en nosotros?

Los últimos días del 2019 son ideales para hacer orden en la casa, en los papeles, en los dispositivos, en nuestras mentes, en nuestros sentimientos, en nuestro trabajo, en nuestros vínculos y en todos los rincones de nuestra vida. ¡Cuántas cosas guardamos que ya no necesitamos!

Un pequeño recorrido por las distintas áreas de nuestra vida nos permitirá apreciar la cantidad de cosas, pensamientos, sentimientos e ideas inútiles que conservamos por el mero hábito de guardar. O quizás por miedo al vacío, o por miedo a lo nuevo. Quién sabe. La cuestión es que la mayoría de las personan vivimos acumulando cosas, vivencias y estados emocionales que ya no nos sirven ni nos representan. Y todo ese material guardado y estancado se convierte en una pesada carga que arrastramos sin darnos cuenta.

El filósofo griego Heráclito de Efeso, que vivió en la antigua Grecia y nació hacia el 544 antes de Cristo afirmaba que todo era cambio. Su filosofía sostenía que todo está en movimiento, todo cambia de una forma constante, lo que es en este momento nunca más volverá a ser y lo que fue en su momento, nunca más será. A él se le atribuye una frase que dice: “Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”. Y esto es así porque el río fluye y cambia, y nosotros mismos nos modificamos y ya  no somos los mismos cuando entramos al río por segunda vez.  Este es el sentido de esa frase. La frase originaria decía: «En los mismos ríos entramos y no entramos, somos y no somos » que, con el paso del tiempo se popularizó en la forma antes citada.

Fluimos. Cambiamos con todo lo que cambia. Cambia nuestro cuerpo, cambian nuestras emociones, cambian nuestros deseos. El tiempo nos cambia. Sin embargo nos aferramos a cosas del pasado como si necesitáramos detener el flujo del movimiento. Pero el movimiento no se detiene. Sigue su curso incesante.  Somos nosotros los que nos estancamos impidiendo que la energía circule libre y livianamente en nuestra vida. Así, soltar las cargas innecesarias que nos estancan nos permitirá devenir con los procesos del tiempo.

Dispuestos una vez más a recorrer y a construir las aventuras que el tiempo nos depara nos encontramos nuevamente frente a las puertas de un ciclo que se inicia. ¡Bienvenido 2020! Bienvenido lo nuevo, lo incesante, lo fluido. Bienvenido el cambio, la fuerza, lo que nace.

Empezar el 2020 flexibles y sin cargamentos innecesarios es lo mejor que puede pasarnos.

¡Feliz año para todos y para todas!

 

Cómo lidiar con los conflictos navideños

Se aproximan las fiestas y con ellas llegan también los preparativos, las compras, las ilusiones y las ganas de reunirse con familiares y amigos para festejar.  Los negocios se llenan de adornos, empiezan a aparecer los primeros Papá Noel, en las casas se empieza a pensar en el menú Navideño. Todo parece dispuesto para que una vez más las fiestas sean un momento de unión de las familias, de alegría e ilusión para los más pequeños, y de diversión y risas compartidas para los mayores.

Sin embargo, las fiestas pueden ser también una fuente enorme de conflictos. Las tensiones acumuladas durante el año, las presiones económicas o laborales, y los eternos conflictos familiares pueden recrudecer en estas fechas, haciendo que las fiestas pierdan su carácter festivo y de conviertan en una fuente de malestar.

Son muchos los problemas que pueden opacar el brillo de estas fiestas. Es importante conocerlos y estar preparados para lidiar con ellos.

Los conflictos más frecuentes durante la Navidad son:

  • Problemas y tensiones en la pareja: los conflictos entre las parejas aumentan en Navidad. Durante este período es más probable que aparezcan roces y disparidades peleas y discusiones. Lo mejor: no tomarse las cosas a la tremenda. Conciliar, negociar, y no perder de vista lo importante.
  • Conflictos familiares: los principales problemas de la Navidad están relacionados con la familia. Antiguos conflictos no solucionados suelen resurgir para estas fechas,  debido a la gran carga emocional que supone reunirse con los familiares. Armarse de paciencia y tolerancia para pasar las fiestas en paz.
  • Organización de los festejos: ponerse de acuerdo en cómo se harán los festejos suele ser también un tema de conflicto y tensión. Un motivo de disputa habitual es en qué lugar celebrar las fiestas, así como también, a quién invitar, qué regalos hacer, etc. Cada decisión puede convertirse en un problema. Lo mejor: armarse de paciencia y estar dispuesto a ceder y a negociar.
  • Cuestiones personales: debido a la carga simbólica del final del año puede aparecer depresión, ansiedad, estrés, mayor nerviosismo e irritabilidad.
  • Sentimientos de tristeza por el recuerdo de los que ya no están: es inevitable pensar en estas fiestas en los que ya no están. La tristeza que su ausencia provoca es uno de los sentimientos que más empañan estos días. En estas fechas es difícil no acordarse de ellos y de Navidades pasadas.
  • Cuando las familias viven separadas: en estas fechas se acrecienta la nostalgia por la unidad familiar. Muchas familias no tienen la dicha de poder reunirse, y, esta imposibilidad suele traer sentimientos de tristeza y melancolía.
  • Exceso de compromisos sociales: los compromisos sociales pueden hacer que se convierta en una época más estresante que relajante. Es importante saber decir que no. No es posible cumplir con todos. No es posible estar en todos lados. Lo mejor: aprender a rechazar algunas invitaciones con agradecimiento, respeto y educación y aprovechar las fiestas para descansar, disfrutar y dedicarse tiempo a uno mismo.

 

Consejos para manejar el estrés durante las vacacio es de Navidad

  • Tener expectativas realistas: decía Voltaire: “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Nunca mejor usada esta expresión que para describir lo que ocurre con las expectativas en las fiestas.   Ninguna Navidad es perfecta.  Es inevitable que algo salga mal. En estas fiestas no busque la perfección, busque pasarla bien rodeado de sus seres queridos. Si algo falla, no es grave. Lo importante es reunirse, disfrutar y saber reír de lo que sale mal.
  • Tiempo para uno mismo: el exceso de actividades y de compromisos sociales puede provocar una gran presión y la sensación de no tener tiempo para uno mismo. Este trajín hace que el estrés aumente, generando malestar y ansiedad. Lo indicado: encontrar momentos de calma en medio de las corridas. Realice actividades que lo conecten con usted mismo.
  • No olvidar lo importante: la cantidad de cosas a resolver y a hacer hace que estas fiestas se vivan con demasiadas presiones. Eso provoca que muchas veces se olvide lo importante. Pregúntese, ¿qué es lo importante para mí en estas fiestas?
  • Planificar y organizarse: una estrategia muy útil para evitar que los problemas nos sobrepasen consiste en anticiparlos y trazar un plan de acción por adelantado. Organizarse y planificar son dos acciones claves en estas fiestas. Un consejo: no deje las decisiones para último momento. Todo va mejor si se hace con tiempo. Se evitará gran parte del estrés de fin de año.

 

Ansiedad nocturna: cuando la mente no nos deja dormir

¿Tiene problemas para conciliar el sueño? ¿Ni bien apoya la cabeza en la almohada lo acosan  pensamientos y preocupaciones que le impiden dormir? ¿En el momento de relajarse y de dormir lo invade una enorme inquietud que lo pone alerta? ¿A la hora de dormir se disparan en su cabeza cientos de temores y preocupaciones? Si la respuesta a estas cuestiones es sí, podría tratarse de ansiedad nocturna que es, nada más y nada menos, uno de los tipos de insomnio más frecuente.

La ansiedad puede aparecer en cualquier momento del día, depende de cada uno y de cada situación. Hay personas que experimentan mucha ansiedad al levantarse por las mañanas. A estas personas se les hace difícil encarar el día. Se trata de un estado de nerviosismo, preocupación, agitación y angustia que se detona por las mañanas y tiñe las tareas cotidianas de malestar. En cambio muchas otras personas padecen un tipo de ansiedad que aparece por las noches. Justo en el momento en el que el cuerpo y la mente deberían prepararse para el descanso se ven asaltados por un acuciante estado de ansiedad que no les permite aflojarse.

Pensamientos agobiantes, preocupación generalizada, sensación de intranquilidad, estado de inquietud, miedos, dudas y vacilaciones son algunos de los síntomas de ansiedad que, si sobrevienen a la noche, impiden conciliar el sueño.

La ansiedad nocturna suele aparecer  por los altos niveles de estrés y el exceso de preocupaciones generados durante el día. De este modo, las preocupaciones que se acumulan en el día suelen ser las principales responsables de que la mente no pueda desconectarse a la hora de dormir y le cueste  conciliar el sueño y descansar. En estos casos, el pensamiento sigue dándole vueltas a las preocupaciones del día, a los conflictos reales o imaginarios que se están atravesando, a las posibles complicaciones que podrían ocurrir en un futuro, etc. Así, la mente se convierte en un enemigo que confabula contra nuestro descanso. Cada minuto de insomnio aumenta la ansiedad y nos vemos en un círculo vicioso que vuelve imposible el descanso.

Los motivos que aumentan la ansiedad pueden ser muchos: problemas laborales, económicos,  por conflictos en la vida familiar, problemas afectivos o incluso un estado de angustia sin ninguna razón aparente. Todos estos motivos pueden estar detrás de los episodios de ansiedad nocturna.

La ansiedad nocturna perjudica el tiempo de descanso y hace que ni el cuerpo ni la mente se recuperen durante la noche. Esto afecta el desempeño en el día y puede agravar otros síntomas, como lo son irritabilidad, la impaciencia y los problemas de concentración y de atención.

 

Posibles causas de la ansiedad nocturna:

  • Estrés post-trabajo: muchas personas experimentan una enorme ansiedad después del trabajo. Cuando se padece estrés laboral, es difícil desconectar al llegar a casa. El estrés laboral tiñe también las horas de descanso.
  • Síndrome de Piernas Inquietas: el síndrome de piernas inquietas es una dolencia que empieza por las tardes y puede producir molestias y dolor en las piernas. Este malestar puede provocar dificultades para dormir y causar síntomas de ansiedad anticipada cada vez que comienza a ocurrir.
  • Asociar eventos difíciles con la noche: si se vive un clima tenso en la casa, o si es un hábito pelear con la pareja o familiares a la noche, suele ser difícil crear un clima relajado para ir a dormir luego de las discusiones. En cualquier discusión el cuerpo se tensiona y no puede relajarse como para conciliar el sueño.

 

Consejos para controlar la ansiedad nocturna

  • Realizar ejercicio físico a diario: hacer actividad física es beneficioso para la salud física, y mental. Al hacer ejercicio, liberamos serotonina y endorfinas, las cuales nos ayudan a sentirnos mejor y a reducir el estrés al promover la disminución de cortisol en el organismo.
  • Cuidar la alimentación: se aconseja hacer cenas ligeras y evitar las comidas muy abundantes durante la noche.
  • Evitar tomar bebidas con cafeína o excitantes a partir de media tarde.
  • Mantener un horario fijo para dormir.
  • Practicar técnicas de relajación: ayudan a combatir el insomnio y a superar la ansiedad y el estrés.
  • Evitar usar aparatos electrónicos 30 minutos antes de dormir: estos dispositivos estimulan la mente y dificultan el sueño.
  • Establecer una rutina de sueño que ayude al descanso: un baño caliente con sales relajantes, música tranquila,  la lectura son algunas acciones que pueden ayudar.

 

La obsesión por comer “sano”

Comer sano está muy bien y es lo que recomiendan todos los especialistas en nutrición. Sin embargo, si esta conducta se vuelve obsesiva y toda la vida de una persona gira en torno a la comida saludable estamos frente a la ortorexia, un trastorno de la alimentación, como lo es la anorexia, pero con características particulares.  

Ortorexia es el nombre de este trastorno que lleva a obsesionarse por la alimentación saludable. Fue estudiado y descripto por Steven Bratman en 1997, quien le dio su nombre a uniendo dos términos griegos: orthos, que significa correcto y orexis que significa apetito. De este modo, el mismo nombre, sintetiza esta conducta caracterizada por la obsesión por comer sólo alimentos saludables.

Con respecto a la diferencia entre la ortorexia y la anorexia, en su sitio web, el propio Bratman aclara ”en mi ensayo de 1997 y en lo que he escrito hasta ahora, he mantenido que mientras que los anoréxicos desean ser flacos, los ortoréxicos desean ser puros. No obstante, me veo forzado por la realidad a reconocer que la distinción ya no es tan clara. Al parecer, un alto porcentaje de ortoréxicos hoy en día sí se enfocan en la pérdida de peso”.

De este modo, la ortorexia se caracteriza por la obsesión patológica por la comida biológicamente pura y no modificada por la tecnología, lo que lleva, lógicamente, a importantes restricciones alimentarias. Los ortoréxicos suelen excluir de su dieta los alimentos de origen animal, como carnes, lácteos, huevos, aves, pescado, etc., conservas en latas y todos los alimentos que consideran impuros por llevar herbicidas, pesticidas u otras sustancias artificiales o por ser transgénicos. A su vez, se preocupan en exceso por las técnicas y materiales empleados en la elaboración de los alimentos y descartan todo lo que no sea orgánico.

Toda la vida de las personas con este trastorno gira en torno a la alimentación. Alimentarse “sanamente” es una preocupación constante que restringe sus acciones, su libertad y su vida social. Desde adquirir productos que sean fiables, orgánicos, y sin ningún tipo de contaminación; hasta la  dificultad con la que se enfrentan si tienen que ir a comer a un restorán o si son invitados a una fiesta en la que no pueden comer nada, toda la vida se ve trastocada por la ortorexia.  Gran parte de su tiempo y de su atención gira en torno a la alimentación. De este modo, las personas que sufren ortorexia se focalizan exclusivamente en lo que comen y la comida “sana” se convierte en el centro de sus pensamientos y de su vida.

Por estas conductas  Bratman afirma que estas personas ”tienen un menú, en vez de vida”.

Podemos decir que son personas más preocupadas por la calidad de los alimentos que por el placer de comer. Dedican gran parte de su tiempo a organizar la dieta. La planifican con mucha anticipación, recorren grandes distancias para conseguir alimentos ecológicos, analizan sus componentes y  descuidan sus actividades diarias para poder llevar a cabo su dieta “saludable”.

Esta preocupación obsesiva por la ingesta de alimentos sanos genera una multiplicidad de complicaciones: lleva a situaciones de aislamiento social, genera sentimientos de culpabilidad por haber ingerido alimentos no-sanos, hace que se prefiera ayunar a que consumir alimentos prohibidos. Otros problemas que trae este trastorno son el rechazo a las reuniones sociales, el rechazo a comer fuera de casa, una enorme dificultad para compartir una comida con los demás, puede ocasionar cambios de carácter, una preocupación constante por el origen de la comida, pensamientos obsesivos con respecto a lo que es sano o no lo es, un aislamiento progresivo, problemas de sociabilidad, etc.

Otra problemática unida a la ortorexia es el daño para la salud que causa la no sustitución de los alimentos ”rechazados” por otros que aporten los mismos nutrientes. Así, el ortoréxico corre el riesgo de padecer anemias, carencias vitamínicas y carencia de hierro o de yodo.

 

¿Cómo diagnosticar la ortorexia?

Según Bratman, la respuesta afirmativa a las siguientes preguntas podría indicar que se tiene ese trastorno. De todas maneras, hay que aclarar que el diagnóstico debe ser hecho por un especialista.

  1. Dedicar más de 3 horas al día a pensar en su dieta sana.
  2. Preocuparse más por la calidad de los alimentos, que del placer de consumirlos.
  3. Disminución de su calidad de vida, conforme disminuye la calidad de su alimentación.
  4. Sentimientos de culpabilidad cuando no cumple con sus convicciones dietéticas.
  5. Planificación excesiva de lo que comerá al día siguiente.
  6. Aislamiento social  provocado por su tipo de alimentación.

 

Para tener en cuenta:
La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la ortorexia  afecta, hoy en día, al 28 por ciento de la población de los países occidentales. Su prevalencia podría ir en aumento en los próximos años.

 

El Síndrome del Emperador: los niños tiranos

El síndrome del emperador es un trastorno de conducta que afecta a los niños. También conocido como síndrome del tirano o síndrome del rey, tiene su inicio en el hogar.

El niño con este trastorno se siente el emperador de la casa. Supone que los demás están allí para servirlo y cumplir sus deseos. Sienten que ellos tienen el poder y dejan de respetar a sus padres. Los desafía. Y hasta que no se salen con la suya no paran.

Estos niños  ejercen control sobre sus padres. Son mandones, autoritarios y agresivos. Los padres van perdiendo autoridad y terminan siendo los niños los que mandan en la casa. Ellos deciden qué se come, qué programa se hace, qué película se ve, quién viene a la casa, a qué hora se va a dormir, etc.

Para conseguir hacer lo que quieren, gritan, amenazan y en algunos casos agreden física y psicológicamente a sus padres. Los niños emperador deciden y ordenan lo que se hace en la familia. No sólo deciden lo que quieren hacer ellos, sino también lo que los demás miembros de la familia tienen que hacer. Finalmente, la familia gira en torno a sus deseos, y caprichos.

No se conocen con certeza las causas de este Síndrome, pero la mayoría de los especialistas  sostienen que se trata de causas socio culturales. La educación que el niño recibe, las tendencias individualistas de la sociedad actual, el poco tiempo del que disponen los padres, las dificultades que tienen los padres para ejercer la autoridad sanamente, el modo de calmar las ansiedades del niño con nuevos objetos o con aplicaciones de teléfono, el exceso de tiempo en el mundo virtual, y el poco contacto con los otros en el mundo real son algunos de los factores que influyen fuertemente.

Ahora bien, ¿cómo evitar que los niños se conviertan en niños emperadores?

Los especialistas dan algunos consejos:

  1. Poner normas desde el principio: desde pequeños los niños tienen que comprender que existen normas y reglas. Algunas de ellas tienen que ser inmovibles por ejemplo no insultar, no pegar, etc.  Otras se pueden negociar. Y es importante enseñar que el incumplimiento tiene consecuencias.
  2. Las normas deben ser claras, simples y fijas: no pueden cambiar según el humor del padre o la madre.
  3. No permitir la violencia: para que los niños no sean violentos es fundamental que no vean ni vivan violencia en la casa. Los padres tienen que poder ejercer la autoridad sin ejercer violencia de ningún tipo ni sobre el niño, ni sobre otros miembros de la familia.
  4. Predicar con el ejemplo: los niños imitan lo que ven. Es importante mostrar que uno mismo cumple con las reglas y normas.
  5. Enseñarles empatía.
  6. Rutina: el día del niño debe ser programado. Deben estar delimitados los tiempos para comer, para ir a dormir, para estudiar, etc.
  7. Responsabilidad: es bueno que el niño tenga obligaciones en el hogar de acuerdo a su edad, como hacer la cama, colaborar al poner y quitar la mesa, colaborar con el orden, etc.
  8. Es necesario que los padres reconozcan que su hijo es un tirano y que eso es un problema que hay que encarar con calma y paciencia, para que el niño pueda ir modificando su actitud.

 

Lo que no se debe hacer

  1. No poder decir no. Para educar a un niño hay que decir que no muchas veces y sobretodo, poder sostener ese no.
  2. No poner límites. Los límites son fundamentales y necesario. Deben ser límites lógicos, razonables y protectores.
  3. No darles lo que quieren para que no molesten. Aunque muchas veces es más fácil darles lo que piden para que dejen de molestar, a la larga esta actitud es perjudicial. Nos niños tiranos prontamente aprenden a manipular a los padres.
  4. No poner normas incoherentes y cambiantes.
  5. No consumir drogas o alcohol delante de los niños.
  6. No prestarles atención. Los niños necesitan atención, cuidados y sobre todo ser escuchados.
  7. No hay que ponerse a altura del niño. Un adulto debe actuar con calma y reflexión. Nunca se debe reaccionar como lo hace el niño.
  8. No prohibirle todo después de haberle permitido todo. Es mejor actuar con calma, paso a paso.

 

Conozca el Síndrome de Münchausen

El Barón von Münchausen fue un caballero alemán del Siglo XVII, muy inclinado a narrar fabulaciones y exageraciones. Sus relatos fabulosos, desmesurados y poco creíbles, inspiraron al escritor alemán Rudolf Erich Raspe, quien, basado en él, creó un personaje literario que sigue deslumbrando a niños y a adultos. Pero la fama del Barón Münchausen no termina allí: en la actualidad su nombre se usa para describir un conjunto de afecciones psiquiátricas: el Síndrome de Münchausen.

 

¿De qué se trata este Síndrome?

Se trata de un trastorno complejo y difícil de detectar. La persona con Síndrome de Münchausen simula tener diversas enfermedades. Finge, simula dolencias y crea con precisión síntomas que lo llevan una y otra vez a buscar atención médica. De este modo, el individuo con Münchausen pretende que tiene síntomas de una enfermedad inexistente. Para simular los síntomas puede causarse daño a sí mismo, ingerir medicamentos o sustancias tóxicas.
La manera en el que presentan sus síntomas suele ser tan convincente que desorientan y engañan a los médicos. En general es necesario llevar a cabo análisis e investigaciones médicas para descartar un posible trastorno médico subyacente.

De este modo, una persona con Münchausen suele tener un largo historial de enfermedades que, a pesar de haber sido investigadas por médicos, continúan sin explicarse. Suelen llegar a el médico o al hospital con innumerables síntomas y dolencias que los médicos no logran descifrar a pesar de los estudios y análisis que les practican.

A veces los pacientes con Münchausen son sometidos a cirugía exploratoria para encontrar una explicación para sus síntomas y, claro está, las causas de sus síntomas siguen siendo un enigma, dado que todos esos síntomas no tienen un origen físico sino que se trata de simulaciones.

Si un médico llega a sospechar que se trata de Münchausen y comienza indagar al paciente sobre su comportamiento, su historia personal, o sus antecedentes, la persona se vuelve extremadamente inquieta y defensiva. Muchas veces se da de alta por sí misma anticipadamente. Ante las sospechas los pacientes desaparecen para evitar ser descubiertos.

Es muy importante diferenciar el Síndrome de Münchausen de la Hipocondría.

Los hipocondríacos creen que realmente padecen una enfermedad y están desesperados y aterrorizados por tenerla. Las personas con Münchausen, en cambio,  saben perfectamente que están físicamente sanos, pero fingen estar enfermos para recibir atención y cuidados médicos.

 

Síndrome de Münchausen por poderes

El Síndrome de Münchausen por poderes es una variante cruel y abusiva del Síndrome de Münchausen. En este trastorno el enfermo inventa y crea síntomas en otra persona, en general en el hijo o hija.  Para hacerlo someten al niño a diversos padecimientos físicos y psíquicos.

De este modo, los que padecen este trastorno, utilizan diferentes técnicas y engaños para crear síntomas de alguna enfermedad en el hijo. A su vez simulan preocupación por la enfermedad del hijo y una dedicación completa para cuidarlo. Se muestran como padres abnegados que dedican todos sus esfuerzos para sostener y ayudar al hijo enfermo.

Los especialistas lo definen como una forma de maltrato particular de gran gravedad, que resulta muy difícil de manejar y de tratar.

Estas prácticas pueden ser llevadas hasta extremos impensados. Nada detiene a estas personas en su afán por crearles enfermedades a sus hijos. En algunos casos los niños son obligados a mentir, en otros son engañados y los hacen creer que padecen una gravísima enfermedad.

Relatan historias clínicas falsas sobre las enfermedades de sus hijos, los someten a chequeos, cirugías, evaluaciones médicas, etc. De este modo, el niño es sometido a exámenes y procedimientos invasivos, crueles y completamente innecesarios, que dañan su salud física y mental.

Casos famosos de Síndrome de Münchausen por poderes

Lisa Hayden-Johnson se hizo famosa por tener el niño más enfermo del Reino Unido. En 2007 fue condenada a tres años y medio de prisión por haber sometido a su hijo a 325 intervenciones médicas de distinta clase, haberlo alimentado por medio de una sonda y haberle atribuido parálisis cerebral, fibrosis quística y diabetes.

La tragedia de Dee Dee Blancharde y su hija Gypsy Rose. Este caso se hizo conocido por el documental Mommy Dead and Dearest. La madre, Dee Dee Blancharde, sufría el síndrome de Munchausen por poderes. Le inventó a su hija múltiples enfermedades. La niña creció en silla de ruedas, fue rapada para que pareciera en tratamiento contra la leucemia, dormía con una máquina para respirar. Gypsy terminó su tormento de la peor manera: a los 23 años mató a su madre.

 

Lo que hay que saber sobre el lenguaje corporal

Cuando hablamos del lenguaje corporal estamos hablando de todas las señales no verbales que usamos para comunicarnos. El lenguaje corporal puede revelar más información que las palabras. Nuestro cuerpo cuenta quienes somos, cómo nos sentimos, qué pensamos, qué nos gusta, qué nos enoja, etc.

Según los expertos, estas señales no verbales constituyen una gran parte de nuestra comunicación diaria. Este tipo de comunicación suele realizarse de forma inconsciente, es decir, no es voluntaria, por lo que es un buen indicador del estado emocional de la persona. Se basa en los gestos, posturas, movimientos del cuerpo y del rostro que hacemos sin prestar atención y que sirven para transmitir información. La información que transmite el lenguaje corporal, no siempre coincide con lo que se transmite a través de la comunicación verbal.

Varios investigadores afirman que el lenguaje corporal representa entre el 50 y el 70 por ciento de todas las comunicaciones. De allí la necesidad de aprender a utilizar y a leer esta forma de comunicación.

 

Siete claves para entender el Lenguaje Corporal

1. Expresiones faciales

Transmiten una gran cantidad de información no verbal. Lo primero en que centramos nuestra atención al interactuar con alguien es la expresión de su rostro. Y lo hacemos porque sabemos que las expresiones faciales pueden revelar los verdaderos sentimientos. Por ejemplo, si bien con palabras podemos decir que todo está bien, la expresión de la cara puede transmitir todo lo contrario. De este modo, en la cara se reflejan de manera innata y universal las siete emociones básicas: alegría, sorpresa, tristeza, miedo, ira, asco y desprecio.
 

2. Gestos

Los gestos suelen ser fáciles de comprender. Muchos son convenciones culturales y cambian según la cultura.
Algunos ejemplos:

  • Un puño cerrado puede indicar ira o la solidaridad.
  • Un pulgar hacia arriba o hacia abajo se utilizan como gestos de aprobación y desaprobación.
  • El signo V, creado por levantar el índice y el dedo medio y separarlos para crear una forma de V, significa la paz o la victoria en algunos países.
  • Una mano en alto para decir adiós.
     

3. Brazos y piernas

Algunos ejemplos:

  • Los brazos cruzados pueden indicar que una persona se siente a la defensiva, de auto-protección o de cerramiento.
  • De pie con las manos colocadas en las caderas puede ser una indicación de que una persona está lista y a punto para actuar, o que está enojada.
  • Tocarse los dedos rápidamente muestra inquietud y puede ser una señal de aburrimiento o de impaciencia.
  • Las piernas cruzadas pueden indicar que una persona se siente cerrada o que necesita privacidad.
  • Unir las manos por detrás de la espalda: demuestra confianza y ausencia de miedo.
     

4. Posturas

La postura corporal es un indicador del estado emocional, de la seguridad personal y de la predisposición a la acción.  
Algunos ejemplos:

  • Las posturas expansivas indican satisfacción, alegría y actividad.
  • Las posturas de contracción indican la negatividad, miedos y pasividad.
  • La postura erguida transmite confianza, estabilidad y seguridad.
  • Sentarse con la espalda recta puede indicar que se presta atención.
  • Las posturas abiertas indican amabilidad, apertura y buena disposición.
  • Las posturas cerradas pueden indicar hostilidad y ansiedad.
     

5. Apariencia personal

La apariencia sigue siendo la principal fuente de información. El aspecto de alguien nos habla de su edad, sexo, origen, cultura, profesión, condición social y económica, de su ideología o con qué valores se siente identificada. También un aspecto más o menos cuidado nos puede dar información sobre el estado anímico de la persona.

 

6. Espacio personal o proxémica

El término proxémica se refiere a la distancia que hay entre las personas cuando interactúan. Algunos autores describen cuatro niveles de la distancia en función del tipo de relación.

  • Íntima: -45 centímetros
  • Personal: entre 45 centímetros y 1,20  metros
  • Social: +1,20 metros
  • Pública: +3,60 metros  

Cada persona tiene su propio espacio y además puede variar según su estado de ánimo o las circunstancias. La forma en que cada persona usa esta distancia con el otro, también nos da información sobre su modo de ser.

 

7. Voz

La voz puede decir mucho más que las palabras. Es el indicador emocional más fiable e inmediato, junto con las expresiones faciales. El volumen, tono y la velocidad de la voz revelan importante información sobre el estado anímico de la persona. Cuando hablamos con un amigo, basta escuchar su tono de voz para saber que algo no va bien.