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A Corazón Abierto- Dra. Amparo

¿Cómo compartir tiempo de calidad con los hijos?

Los niños necesitan atención, cariño, paciencia para educarlos, y especialmente necesitan tiempo. Necesitan que los padres puedan dedicarles cierto tiempo exclusivo para estar con ellos, escucharlos, prestarles atención y divertirse juntos.

Dicho parece fácil, pero hacerlo no es tan sencillo. Los papás y las mamás están llenos de obligaciones y de rutinas diarias. Tienen que ocuparse de cientos de asuntos laborales, tareas del hogar, cuestiones personales, y la verdad es que muchas veces el tiempo no alcanza. 

Al volver a la casa se desea descansar, distraerse, desconcentrarse. Y allí están, los niños, esperando un poco de tiempo y de atención. ¿Cómo hacer?

Y no se trata sólo de la cantidad de tiempo que se les dedica, sino, especialmente, de la calidad. Poder estar con ellos de una manera plena. Disfrutando un rato con ellos y no con la sensación de que son un estorbo, algo más con lo que hay que cumplir. 

Todos los especialistas aseguran que cuando los niños crecen en un hogar en el que los padres les dedican tiempo de calidad desarrollarán un mayor grado de confianza, un buen nivel de autoestima, tendrán mayor seguridad en ellos mismos y mejores habilidades sociales. Todos estas herramientas harán que su vida futura se mejor, más feliz y plena. 

Entonces, más allá de todas las obligaciones y de las acciones que se hacen con los niños simplemente porque hay que hacerlas, es muy importante que los papás y las mamás puedan disfrutar de cierto tiempo con sus hijos. Un tiempo ameno, compartido, en el que el niño sienta que el papá o la mamá están completamente disponibles para él y que disfruta de ese momento. 

Los especialistas dan algunos consejos para lograrlo:
1. Desconectarse: Olvidarse del celular por un rato. Se trata de disponer de toda la atención para dársela al niño. Es un tiempo dedicado a él. Es necesario que se desconecte y se conecte ciento por ciento con lo que está compartiendo con sus hijos. 

2. Organizarse: si bien es cierto que el tiempo no alcanza si uno se organiza bien, seguramente alcanzará más. Se trata de manejar adecuadamente el tiempo para poder contar con un rato exclusivo con sus hijos. 

3. Disfrutar: Pasarla bien. Tan simple como eso. Pasar un buen momento con sus hijos disfrutando de una actividad, un juego, una charla, lo que sea. Lo importante es que sea una actividad placentera tanto para usted como para sus hijos. Hablar, reír, compartir una lectura, un cuento, escuchar lo que tienen los chicos para contar, preparar una comida, ver una película o un dibujito, cualquier cosa puede ser una excusa para pasar un buen momento. Y es importante que el niño sienta que usted disfruta de ese tiempo compartido tanto como él.

4. Encontrar tiempo para cada hijo: Si hay más de un hijo es importante poder encontrar un tiempo exclusivo para cada uno. Un rato a solas para charlar especialmente con cada uno o para compartir algo. No se trata de mucho tiempo. No es la cantidad de tiempo sino la calidad. Se trata de hacerse un rato pada cada uno, aunque sean 15 minutos. Pero 15 minutos plenos con la atención totalmente volcada al niño.

5. Romper la rutina: Improvisar. Salirse a veces de las rutinas establecidas y hacer algo distinto es un modo de refrescar la relación. Algo especial que marcará una complicidad y la alegría de vivir algo por fuera de lo rutinario. Un paseo, ir a tomar un helado, mirar las estrellas, cualquier cosa que se salga de lo que hacen a diario.

6. Poner límites: Establecer límites es necesario. Hay que ser claro y preciso para que el niño entienda. Explicarles claramente en qué momento van a hacer algo juntos y de cuánto tiempo disponen para hacerlo. Decirles por ejemplo, cuando termine de ordenar este cajón vamos a jugar a lo que vos quieras hasta el momento de la cena. Es importante que el niño entienda cuál es el lapso de tiempo que van a compartir de manera exclusiva. Y, por supuesto, es fundamental que la mamá o el papá cumplan con lo que prometen. Y que ese tiempo se lo dediquen sin interferencias, tal como lo prometieron.

7. Decidir: Es importante que usted decida cuál y cuánto tiempo puede darle a sus hijos con dedicación y atención plena cada día. ¿Media hora? ¿15 minutos? ¿1 hora? Lo que sea que usted considere posible hágalo. Recuerde que estamos hablando de tiempo de calidad y no de la multiplicidad de tiempo que comparte con sus hijos mientras hace otra cosa.
 

¿Cómo lidiar con las peleas en la pareja?

En una pareja las peleas son inevitables. Siempre hay conflictos y diferencias. Es normal pensar distinto, hacer las cosas de otro modo, creer que el modo propio es el mejor. Todo eso lleva más de una vez a enormes discusiones y peleas inagotables.

Según Dan Wile, experto en terapia de pareja, a veces una buena pelea es el mecanismo a  través del cual se pueden expresar frustraciones y necesidades, y hacer que algunas cosas cambien en la convivencia.

EL asunto es: ya que sabemos que en algún momento vamos a pelear, ¿por qué no aprendemos a hacerlo bien?

Hacerlo bien significa hacer que las peleas sirvan para que la relación mejore. Intentar que las peleas no sean una herramienta de destrucción sino de construcción.

¿Para qué peleamos? ¿Para ganar o para entendernos? La respuesta a esta pregunta es clave porque determinará la actitud que se tiene en una discusión. Si peleamos para entendernos y para resolver un conflicto nuestra actitud será conciliadora y haremos todo lo posible por entender al otro. Si peleamos para ganar, lo único que nos interesará es derribar al otro y creer que eso nos da un triunfo. 

7 tips para que las discusiones sean constructivas
1. Elegir el momento adecuado para tener una discusión
Punto uno: hablar antes de llegar al enojo extremo. Antes de que la gota colme el vaso. La mayoría de las personas esperan a estar muy enojadas para encarar los problemas. No hablan, estallan. Esto es un gran error.

Lo mejor es programar un momento en el que ambos puedan enfocarse en el tema sin dejar que las emociones se interpongan en el camino. Hablar con tranquilidad de las diferencias que tienen. Hacer que las emociones no nublen el entendimiento. Discutir, sí, pero para entenderse y no para ver quién gana.

2. Hacer la pregunta clave
Según Kira Asatryan, autora del libro Stop Being Lonely, una pregunta puede cambiar la dinámica de las peleas: “¿Qué necesitas de mí?”. De acuerdo con la experta, hacer esta pregunta en vez de seguir peleando enfoca el debate en lo que el otro necesita, y demuestra interés por el bienestar de la pareja. 

3. Resolver el problema antes de irse a dormir
Siempre es conveniente dejar las cosas solucionadas antes de irse a dormir. Opinan los especialistas que cuando la persona se va a dormir enojada, al día siguiente esa sensación de rencor y enojo va a estar mucho más aferrada a la memoria.

Según una investigación realizada en 2016 por el neurólogo Yunzhe Liu, es un error pensar que al dormir desaparecen los sentimientos como la ira, la furia. El informe, publicado en la revista Nature Communications, indica que durante el sueño el cerebro reorganiza la información del día y hace que las asociaciones negativas sean más difíciles de suprimir en el futuro. La investigación fue realizada en la Beijing Normal University y se basó en el comportamiento de 73 estudiantes hombres a lo largo de dos días.

Esta investigación apoya la recomendación de no irse a dormir con enojos y con los conflictos no resueltos.

4. No reciclar las peleas y problemas del pasado.
Si las parejas repiten constantemente todas las discusiones que tuvieron alguna vez, estamos frente al cuento de nunca acabar. Es necesario dar por concluidos algunos hechos. No es posible avanzar si uno está empantanado en momentos del pasado. 

Lo aconsejable es hablar, resolver los temas, llegar a un acuerdo y luego soltar y seguir adelante.

5. El sexo no es la solución
Recurrir al sexo puede parecer un buen modo de reconciliarse, pero no siempre es así. Es posible que la otra persona no esté de humor para hacerlo y que solo lo haga por aplacar la tensión. Esto generará culpa y malestar. Y no soluciona nada. 

El sexo está muy bien cuando se tienen ganas, pero antes hay que resolver las diferencias. Lo mejor es que la sexualidad llegue como resultado del entendimiento y de la intimidad generada en la charla. 

6. Escuchar sin juzgar 
Esto es muy difícil. Normalmente en una discusión uno está enfocado en demostrar que tiene razón y automáticamente deshecha todos los argumentos del otro. Los descalifica. Los rechaza automáticamente. El convencimiento de que uno tiene la razón es tan fuerte que impide que se escuche con atención lo que el otro dice. 

La propuesta es parar por un momento las propias argumentaciones y escuchar. Simplemente escuchar sin pensar cómo ganar y cómo derribar el “enemigo”. 

7. Aceptar los errores y pedir perdón
Este es un gran desafío. A nadie le gusta aceptar que se ha equivocado y que el otro tiene razón. Obstinarse en tener razón y ser incapaz de ser un poco crítico con uno mismo es un callejón sin salida que sólo lleva a aumentar el malestar.

Daphne de Marneffe, autora del libro The Rough Patch, asegura que una de las cosas realmente tóxicas es no asumir la responsabilidad de los errores y no disculparse. 

Si una persona no puede admitir haber hecho algo mal, los problemas aumentan, crece el resentimiento  y no hay posibilidad de cambio. 
 

Los nueve enemigos de la felicidad

Muchas cosas se interponen entre nosotros y la felicidad. Y digo felicidad entendiéndola como un estado de bienestar interno que nos permita disfrutar de la propia vida, más allá de las circunstancias que nos tocan vivir. 

La cuestión es que esas cuestiones que se interponen son parte de nosotros mismos. Nuestras actitudes, nuestro modo de pensar, nuestra forma de reaccionar son nuestros peores enemigos. Son estas trabas y estas limitaciones psíquicas las que se interponen entre nosotros y la felicidad. Son, dicho más claramente, las actitudes que nos arruinan la vida. 

La buena noticia es que podemos cambiarlas. Dependen exclusivamente de nosotros. Se trata de nuestras actitudes frente a los acontecimientos.
Hagamos un pequeño listado de los obstáculos psíquicos que se dan con más frecuencia y que nos impiden disfrutar mejor de la vida:

1. Los pensamientos catástrofe. Son los pensamientos que nos hacen imaginar todo tipo de catástrofes que nos pueden ocurrir  a nosotros o a nuestros seres queridos. Nos llenan de miedo y preocupación. En general, ninguna de esas horribles cosas suceden. Son pensamientos que sólo sirven para arruinarnos la vida.

2. No poder perdonar a los otros. El resentimiento y el rencor nos llenan de oscuridad y de malos momentos. Son nocivos para nuestro ánimo. Suelen sumirnos en un estado de depresión, tensión, estrés.

3. No poder perdonarse a uno mismo. Hacer las paces con uno mismo es clave para el bienestar. No es posible sentirse bien si uno vive reprochándose o arrepintiéndose de lo que ha hecho. Todos tenemos circunstancias personales que no nos hacen sentir bien con nosotros mismos, pero es necesario reconciliarse con lo que cada uno ha podido hacer y con lo que no ha podido. De los errores hay que aprender. No es sano vivir auto reprochándose todo. Hacer una autocrítica está muy bien, pero sólo con el objetivo de cambiar y corregir aquello que no nos gusta. Luego hay que perdonarse y seguir, con la decisión de no repetir los errores.

4. Vivir en los extremos: Todo o nada. La vida está llena de matices. Y en general el bienestar se encuentra en los matices y no en los extremos.  Entre todo y nada están los miles de “Algos” posibles para nosotros. Probablemente no podamos todo, pero sin duda podemos algo. Y ese algo es lo que importa y lo que es necesario valorar.

5. Idealizar las situaciones. Las situaciones de la vida no son ideales. Hay un refrán que dice: “Lo ideal es enemigo de lo posible.” Y es cierto. Muchas veces por buscar la pareja ideal, el trabajo ideal, la vida ideal, la familia ideal nos perdemos la vida posible. Nos perdemos de disfrutar de la vida posible. Los “ideales” pueden ser grandes obstáculos para el bienestar, sobre si están vinculados a lo inalcanzable. Esperar una pareja ideal puede ser causa para no tener nunca una relación satisfactoria. Ya que probablemente nada ni nadie esté a la altura del ideal.  Menos ideal y más realidad para disfrutar de lo que sí se tiene. 

6. Pesimismo. El pesimista es una persona que cree que todo va a ir mal. Siempre anticipa un futuro negro. Suele creer que nada mejorará nunca. Estas creencias le impiden pasarla bien, ya que está sumergido en un mundo oscuro de malos augurios. Se da siempre por vencido antes de intentar nada, ya que supone de antemano que todo irá mal. 

7. Querer tener el control sobre todo. Gran parte de la vida está fuera de nuestro control. No nos pertenece y no está en nuestras manos controlarlas. Las personas que quieren controlar todo viven afligidas y amenazadas, ya que las cosas importantes suelen ser incontrolables. Es cierto que se puede prevenir y cuidar las cosas que nos importan, pero la verdad es que no todo depende de nosotros. Lo mejor es encontrar un equilibrio que permita ser cuidadoso con lo que queremos sin obsesionarse con el control. Como dice la oración de la Serenidad: “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia.”

8. No valorar ni agradecer. Dar las gracias significa reconocer y valorar lo que se tiene y lo que nos dan los demás. Una persona que no puede valorar o que tiene siempre vive insatisfecho. Siempre siente que le falta algo para ser feliz. 

9. Envidiar. La persona envidiosa está insatisfecha con su vida. Le parece que la del otro es mejor. Vive pendiente de lo que tienen los demás y en su interior crece el malestar. Para ser feliz es necesario focalizar en lo que cada uno hace, vive, tiene, genera y desea. La envidia intoxica las emociones y amarga el corazón. 
 

Hábitos tóxicos en la pareja

Todos sabemos que en el amor suelen haber más espinas que rosas y que son muchos los momentos difíciles que una pareja tiene que atravesar. Hacer que las espinas sean cada vez menos y que el amor florezca es un arte que cada pareja tiene que aprender y cultivar.
Claro está, hay parejas a las que la armonía se les  da más fácilmente, como si tuvieran un delicado equilibrio que les permitiera avanzar y crecer en la relación sin grandes conflictos. La vida fluye amorosamente con facilidad y se sienten contentos el uno con el otro.
Otras, en cambio, parecen estar siempre al borde del naufragio. Peleas, reconciliaciones, problemas, sufrimientos son el pan cotidiano de este tipo de parejas. Viven en un clima de tensión que siempre parece a punto de estallar. ¿Por qué ocurre esto?
En muchos casos esto se debe a que los miembros de esa pareja tienen hábitos tóxicos. ¿Qué son hábitos tóxicos? Son aquellos modos de relacionarse que hacen mal, que destruyen a las personas y al vínculo.  

Cuatro hábitos tóxicos en la pareja

1. Los celos patológicos
Los celos patológicos son los celos desmesurados e infundados. Son completamente irracionales. Tienen más que ver con la necesidad de control y la desconfianza que con el amor. Los celos patológicos crean un espiral destructivo que lleva al deterioro de la relación. El comportamiento del celoso finalmente provoca lo que tanto teme: la pérdida del ser amado.

Algunos síntomas de los celos patológicos son:

  • Imaginar frecuentemente a su pareja con otra persona.
  • Tener un miedo excesivo a perder a su pareja.
  • Analizar el comportamiento de la pareja buscando señales que confirmen o desmientan una posible infidelidad.
  • Vigilar a la pareja permanentemente
  • Vulnerar la intimidad del otro espiando su teléfono, sus chats, todo lo que hace.
  • Controlar al otro.
  • Estar convencido de que su pareja es, ha sido o será infiel.
  • Desconfiar de todo lo que hace o dice su pareja.
     

2. Solucionar los conflictos haciendo regalos
Toda relación genera conflictos. Es normal tener enfrentamientos, desacuerdos, enojos, peleas y  malos momentos en una relación de pareja. El tema es qué se hace con esos conflictos. Hacer regalos no está mal, pero los conflictos hay que enfrentarlos y solucionarlos hablando.  
Pocas conductas son tan toxicas como evitar confrontar los problemas y hablarlos directamente. En vez de encarar el conflicto y encontrar una solución, el “regalo” pretende ocultarlo, evadirlo.
Como decíamos, hacer un regalo para disculparse por algo o para hacer las paces no está mal, pero tiene que ir acompañado con la decisión de conversar para buscarle una solución al conflicto.  
 

3. Utilizar el chantaje emocional para manipular y dominar al otro
Hay personas que pretenden conservar el amor del otro por medio de chantajes emocionales.
Los chantajes son quizá uno de los venenos más tóxicos para una pareja. Los chantajistas emocionales usan el miedo, la obligación y la culpa en sus relaciones, asegurándose de que los demás tengan miedo de afrontarlos.
Al chantaje emocional es cualquier acto que provoque miedo, obligación o culpa en el otro. El chantaje emocional es una técnica de manipulación psicológica que usa una persona para lograr conseguir algo que desea.
Es chantaje emocional si su pareja lo hace sentir culpable para sacar provecho de ello, si lo amenaza si no hace lo que le sugiere, si  lo castiga o ignora si no hace lo que le pide.

4. Llevar la cuenta de los aciertos y errores
Muchas personas llevan la cuenta de lo bueno que hacen y de las fallas de su pareja. Una especie de marcador interno en el que anotan los tantos a favor y en contra. En general, el objetivo de este contador es casi siempre poder usar esos "logros" y esos "errores" a su favor, ya sea para ganar una discusión o para manipular al otro.
Así, en el momento menos pensado, estas personas sacan como de la nada un episodio que ocurrió hace 5 años en los que su pareja no se comportó de la mejor manera. Del mismo modo, siempre tienen a mano el listado de todas las cosas buenas que ellos / ellas hacen por su pareja.
La manipulación nunca es sana. Usar los propios aciertos o los desaciertos del otro para sacarlos a relucir en cualquier momento es un modo de manipular y un modo de dejar todo siempre abierto.
Lo aconsejable es no guardar una lista de rencores ni de resentimientos para utilizarlos después. En cuanto a los actos positivos hay que hacerlos con el corazón y  no porque se cree que con ellos puede ganar puntos a su favor.

 

¿Cómo lidiar con los niños que no hacen caso?

Todos sabemos que educar y ponerles límites a los niños es una tarea que muchas veces supera a los propios padres. No es sencillo hacerlo y menos aún hacerlo bien. En muchas casas los niños se portan horrible y no hay manera de ponerles un freno. Saltan por todos lados, gritan, se pelean, destrozan los muebles, no hacen las tareas, no comen lo que se les prepara, se encaprichan, no respetan los horarios para irse a dormir y los padres no saben ni qué hacer con todo eso.

¿Cómo lidiar con los niños que no hacen caso? ¿Cómo hacer para que los chicos respeten las reglas?
En primer lugar hay que saber que nunca hay que maltratar al niño por más mal que se porte. Nunca se deben usar malos tratos físicos o verbales. Si usted es mamá o papá puede pasar que el comportamiento de sus hijos lo irrite, lo haga enojar y tenga ganas de gritarle, de insultarlo o de pegarle una palmada. Pero usted es el adulto y tiene que aprender a manejar sus emociones. No debe jamás descargar su enojo en sus hijos.

Una educación basada en golpes y gritos es altamente dañina. No es esa la manera en que se debe enseñar, educar y corregir a los pequeños que se portan mal. No hay que usar jamás la violencia a la hora de educar a los pequeños.

Sin embargo es cierto que inculcar disciplina es fundamental y hay que encontrar la forma de hacerlo. Una crianza descuidada en donde los niños no respetan nada y hacen lo que quieren es también una mala crianza.

Los niños necesitan aprender a disciplinarse, a respetar las reglas y a cuidarse. ¿Pero cómo hacerlo? Este es el gran desafío para todos los papás y mamás.

De acuerdo con investigadores de Harvard Medical School, la disciplina es clave para crear seres humanos seguros, responsables, respetuosos y productivos. Es decir, que la disciplina es fundamental para que los chicos crezcan de una mejor manera.

Pero la forma de disciplinar no está en ser autoritario, brutal o violento. No es a través de implementar métodos terroríficos que se transmite una buena disciplina. Por el contrario en la base de toda educación siempre debe primar el amor, el cariño y el respeto.

De este modo, los expertos de Harvard recomiendan abordar la disciplina de una manera amorosa. Lo más acertado, dicen, es educar con el ejemplo y con los valores. Y esto debe ocurrir desde el inicio de la vida del niño. Las reglas se deben ser claras y simples para que los niños las puedan ir incorporando según su edad.

Los pequeños necesitan sentirse amados, cuidados y protegidos. Y los límites son una forma de protegerlos.

Los especialistas aconsejan:

  1. Establecer límites claros y recordarlos todo el tiempo. Los límites establecidos, por ejemplo horarios, deben ser lógicos y razonables. Deben sostenerse en el tiempo y si se cambian se debe explicar a los niños el por qué.
  2. No hacer  excepciones a las reglas. Ni “solo por esta vez”. Esto confundirá al niño y terminará por no saber lo que se debe hacer en cada caso.
  3. Explicarle al niño que las reglas en la familia ayudan a vivir mejor. Transmitirles que ellos forman parte de un equipo y que todos deben cumplir con las reglas.
  4. Ser firme con lo que se dice y con las normas que se sostienen. Si se cede ante situaciones no permitidas, los niños tratarán de romper las reglas frecuentemente.
  5. Si se rompen las reglas debe haber consecuencias claras, predecibles, pero sobre todo reales. Los niños deben entender que los actos tienen consecuencias y que pasará algo si actúan mal.
  6. Felicitar al niño cuando se comporta bien es fundamental. El niño necesita ser reconocido y alentado en sus buenos gestos y en sus buenas conductas. Así como se debe señalar el mal comportamiento, es fundamental elogiar cuando tienen un buen comportamiento. Reconocer el esfuerzo y las cosas que hacen bien le hará notar la diferencia.
  7. Es necesario que el adulto mantenga el control de sus emociones y reacciones. No salirse de las casillas ni exaltarse. Mantener en mente que con su conducta está transmitiendo cómo se debe comportar una persona. Si el adulto grita, insulta, pega y no se sabe controlar, no puede esperar que el niño lo haga. Recuerde siempre que se educa con el ejemplo más que con las palabras.
  8. Actuar con gentileza y amabilidad, hablar con buenos modos, mostrarse paciente pero firme a la vez es la clave para transmitir una buena educación.
  9. No descargar jamás las frustraciones sobre el niño. Si se tuvo un mal día o está irritable salga a correr, no se descargue con sus hijos. Si usted puede manejar y controlar sus emociones, será un gran ejemplo y podrá enseñarle a sus hijos a conocer y manejar sus emociones. Es esa una gran tarea de la educación: aprender a lidiar con las emociones, qué hacer con ellas, cómo expresarlas y descargarlas sin lastimar a los demás.
     

El amor y sus secretos

El amor es, fue y será, una fuente de preocupación, de conflicto, de felicidad, de deseo y de interés tanto para los investigadores como para los enamorados. Así es que gran parte de la vida humana gira en torno al amor, sus placeres y sus desventuras.

Mucho se espera de una relación que recién empieza, pero lamentablemente las cosas no siempre funcionan como uno quisiera. A veces, las formas de amar de las personas no encajan. Chocan. Se decepcionan. Y por más que  lo intenten, la relación fracasa.

El doctor Amir Levine, psiquiatra, neurocientífico y coautor del libro Maneras de amar: La nueva ciencia del apego adulto y cómo puede ayudarte a encontrar el amor y conservarlo, da una nueva mirada con respecto al amor.

Levine afirma que el modo en el que una persona se comporta al comienzo de una relación puede decir mucho sobre la clase de pareja que será.

Sostiene que la forma en que nos relacionamos en el amor parece estar vinculada al tipo de apego que se tiene. ¿Pero qué es el apego?

El apego es el modo en que el cada uno se relaciona con demás en el contexto de las relaciones íntimas. Los tipos de apego son 3: seguro, ansioso y evitador. Cada uno de estos tipos dará un modo de vincularse en el amor.

La teoría del apego explica la tendencia de los seres humanos a establecer lazos afectivos hacia otros. El apego es cualquier forma de conducta que busca el logro o la conservación de la cercanía emocional con otro individuo. Pero esta teoría tiene una historia.
Fue el psicólogo John Bowlby quien a raíz de su trabajo en instituciones con niños privados de la figura materna formuló la Teoría del apego.

El apego es el primer vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres (o cuidadores). Este vínculo le brinda la seguridad emocional indispensable para el desarrollo de la personalidad de la estabilidad emocional. La Teoría del Apego afirma que el estado de seguridad, ansiedad o temor dependerá del tipo de apego que se haya tenido en los primeros meses de vida.

Así es que, según esta teoría, el modo en el que nos relacionamos con los demás especialmente en los vínculos íntimos, dependerá del tipo de apego que hemos tenido en los primeros meses de vida. 

Tipos de apego
Tipo de apego seguro
La mayoría de la población tiene un estilo de apego seguro. Se calcula que alrededor del 55 por ciento de las personas tienen este tipo de apego.  Estas personas tienden a estar más satisfechas con sus relaciones románticas. Son cálidos y amorosos y disfrutan de la cercanía y la intimidad sin preocuparse por el estado de la relación.

En una entrevista a HuffPost la terapeuta matrimonial, Marni Feuerman dijo: "No juegan juegos y se comunican directamente. En general, tienen una buena visión del amor y la intimidad, lo que les permite arriesgarse a acercarse a alguien, incluso si al final terminan por lastimarse".

El doctor Levine, llama a las personas con apego seguro "la mayoría silenciosa”. Él mismo lo expresó de esta manera: "Las personas con un estilo de apego seguro entran en una relación y están felices. No hay mucho drama, así que no escuchas sobre eso."

Tipo de apego ansioso
Las personas con un estilo de apego ansioso también disfrutan de ser íntimas y cercanas con un compañero. Pero hay una gran diferencia respecto a las personas con apego seguro. ¿Cuál? La gran diferencia es que son muy sensibles a los cambios en el estado de ánimo o el comportamiento de su pareja. Tienen una tendencia a tomar estos cambios como algo personal. Son inseguros y emocionalmente necesitados. Necesitan mucha atención y contención. Necesitan saber y sentir que son amados y de que la relación está bien.

Tipo de apego evitativo
Las personas con un tipo de apego evitativo valoran su independencia por sobre sus vínculos románticos. No les gusta depender de su pareja. Se sienten incómodos si hay demasiada cercanía en una relación, ya sea cercanía emocional o física. Necesitan sentirse libres. Necesitan su espacio propio. Se asfixian con facilidad si el otro les exige mucha presencia. Pueden intentar crear distancia de muchas maneras por ejemplo: no responder a llamadas o mensajes de texto, priorizar el trabajo sobre su pareja o buscarse ocupaciones de todo tipo.

El valor del tiempo y la impuntualidad

El tiempo vale oro, decimos. Pero en realidad, si lo pensamos bien, comprendemos que el tiempo vale mucho más que el oro. El tiempo es quizás nuestro bien más precioso, ya que es con lo que realmente contamos. “Mientras el dinero va y viene, el tiempo solo va. Por eso vale más”, decía un amigo mío. Y creo que tiene muchísima razón.

Tenemos un tiempo. Un tiempo para vivir y desarrollarnos. Un tiempo que compartimos con los demás. Un tiempo para disfrutar, potenciarnos y madurar. El uso que hacemos de nuestro tiempo habla de nosotros y de nuestra manera de entender la vida.

Uno de los rasgos que hace a nuestra relación con el tiempo es la puntualidad. ¿Cómo nos manejamos con los horarios prefijados? ¿Cómo administramos nuestro tiempo para cumplir con los tiempos pactados con los demás? Lo cierto es que hay personas a las que les resulta imposible ser puntuales y otras que llegan siempre a tiempo. ¿A qué se debe esto? ¿Qué significa ser puntual o impuntual?

Algunos investigadores han trabajado para intentar contestar estas preguntas y entender este modo de vincularse con el tiempo.

Por supuesto, es normal  que algún imprevisto nos haga llegar tarde alguna vez, pero llegar siempre tarde es otra cosa. La persona impuntual no consigue llegar a tiempo ni aunque se lo proponga. Siempre se le hace tarde. Por H o por B, siempre se demora.

Es evidente que la impuntualidad constante trae muchísimos inconvenientes. Causa problemas en el trabajo, en el estudio, en la vida personal y en la organización de la vida. Muchas personas pierden trenes, aviones, citas importantes y oportunidades únicas por la imposibilidad de llegar a horario. Y ni hablar del fastidio que provoca en el que se tiene que quedar esperando la llegada del impuntual. La impuntualidad puede generar peleas, hartazgo, mal humor, especialmente si es frecuente. Y así, la vida del impuntual, se ve afectada por muchos inconvenientes.

¿Pero qué es lo que hace que algunas personas pierdan constantemente trenes o vuelos, lleguen tarde a todas partes y hagan enojar a sus amigos por sus demoras? ¿Por qué es tan difícil para el impuntual solucionar este problema?

Los investigadores empiezan a formular algunas respuestas. Según los especialistas una de las razones más comunes por las que las personas llegan tarde con frecuencia es que no evalúan con precisión cuánto tiempo les llevará una tarea. No pueden planificar.   Se trataría de una  falacia de la planificación, es decir,  la tendencia a subestimar el tiempo para concluir una tarea.

Los estudios han demostrado que, en promedio, subestimamos cuánto tardaremos en completar una tarea en un  40%.

Otro rasgo que han encontrado los especialistas en las personas impuntuales es que los que siempre llegan tarde tienen más probabilidades de ser personas multitarea. Es decir, personas que tienden a hacer varias cosas al mismo tiempo.

Según comenta la revista   “Muy Interesante”  un estudio de 2003 dirigido por Jeff Conte de la Universidad Estatal de San Diego (EE. UU.), descubrió que de los 181 operadores de metro de la ciudad de Nueva York, los que preferían la multitarea, llegaban más tarde a su trabajo. Esto se debe a que la multitarea hace que sea más difícil tener conocimiento de lo que estás haciendo (el conocimiento sobre el propio conocimiento).

Según informa BBC News, la doctora Diana DeLonzor, experta en el manejo del tiempo, le dijo al diario The New York Times que existen dos tipos de personas que siempre llegan tarde.

Los que apuran el plazo: aquellas a las que les gusta la adrenalina de dejarlo todo para el último momento.

Los "productores": los optimistas que creen que pueden hacer mucho más de lo que les da el tiempo.

Cómo mejorar la puntualidad
Dado que ser impuntual genera tantos problemas es conveniente tratar de corregir este modo de relacionarse con el tiempo. Descubrir las causas de la impuntualidad es un primer paso. Saber cuáles son las causas que lo llevan a ser impuntual permite empezar corregir este hábito, o al menos, mejorarlo.

Un estudio de 2012 descubrió que pedirles a las personas impuntuales que imaginen mentalmente una tarea antes de hacerla puede ayudarles a ser más realistas sobre su duración.

Dos tips para mejorar su puntualidad
Mida el tiempo que le llevan sus actividades: sobre todo, si usted es una de esas personas que  subestima el tiempo que le lleva completar una tarea. Tome el cronómetro y mida exactamente cuánto demora en cada tarea. Así será más realista con el tiempo al planificar su día y sus actividades.

Llegue antes, no a tiempo: si planea llegar a la hora justa probablemente llegue tarde. Calcule tiempo de más.  Si tiene que llegar a las 5 pm, organícese para llegar 4:30 pm.
 

El agotamiento emocional: un signo de estos tiempos

El agotamiento emocional es un estado de extremo cansancio psíquico al que se llega como resultado de un esfuerzo prolongado en el tiempo. Les ocurre, en general, a las personas que no pueden dejar de responder a las demandas del otro. Ya sea la necesidad de responder siempre y de manera inmediata a las demandas laborales, familiares, o sociales, el agotamiento emocional o “burn out” es la última etapa a la que se llega después de un proceso.

¿Y cómo es ese proceso? Se trata de un montón de peldaños que se van recorriendo, en los que la persona hace un esfuerzo cotidiano superior a sus posibilidades. Se sobre exige.  Tiene que responder de manera inmediata y sin errores a todo lo que le piden, o cree que le piden. Siente que se espera mucho de ella y que no puede fallar. Y en cada escalón que sube su psiquismo se resiente, se agota.

No se trata sólo solo de excesos laborales, sino de todo tipo de responsabilidades que la persona asume y percibe como presiones con las que debe cumplir. Pueden ser presiones económicas, afectivas, familiares, sociales, etc.

La clave es que la persona está haciendo más de lo que puede. No por un día o dos, sino como un estilo de vida. Siempre hace más de lo que puede en la mayor parte de las áreas de su vida. Así es su estilo. Hace más de lo que puede y no se da cuenta. No percibe que necesita parar. Sigue adelante llevando una carga mental y emocional superior a sus fuerzas. Nunca se siente conforme con sus actos y cree que debe hacer más y mejor.

Por eso decimos que al agotamiento emocional no se llega de un momento a otro. Es un proceso que se incuba lentamente. No se reconocen los primeros síntomas de agotamiento y se sigue adelante sin modificar nada. Hay un punto en que el esfuerzo la supera y  la persona se desploma. Lo mismo pasaría si la persona cargara con un peso físico superior a sus fuerzas, por ejemplo un mueble pesado. Quizás tiene la fuerza para trasladarlo unos metros, pero si se impone cargarlo por varios kilómetros sin descansar seguramente su cuerpo colapsará. Sus rodillas se doblarán, su cuerpo no podrá seguir sosteniéndolo y quedará aplastado bajo el peso del mueble.

Lo mismo ocurre con las cargas emocionales o psíquicas. A la larga se produce un colapso en la vida de la persona, porque ya no aguanta más. La diferencia, y la complicación, es que al ser estas cargas invisibles muchas veces no se detectan. Cualquiera detectaría si alguien pasa cargando un gran sillón de 3 cuerpos, pero nadie percibe las enormes cargas emocionales que cada quien lleva. A veces, ni la misma persona que lleva la carga la detecta. Es por eso que se llega al límite y el psiquismo colapsa, bajo la forma del Burn out o agotamiento emocional.

Es importante y necesario poder reconocer los síntomas a tiempo para tomar medidas que eviten llegar al límite. La medida más importante es aprender a decir que no y quedarse tranquilo con ese no que se dice. Decir: no puedo, esto es demasiado para mí. Poder elegir y seleccionar a lo que uno responde y cómo responde, permitirá llevar una vida más liviana y no llegar al colapso emocional.

Los síntomas iniciales del agotamiento emocional son:

  • Cansancio físico. La persona se siente fatigada con frecuencia. Se siente sin fuerzas para encarar el día. Desde que abre los ojos experimenta como si fuera excesivamente arduo lo que le espera. Siente que no cuenta con la energía necesaria para hacer todo lo que tiene que hacer.
  • Insomnio. En muchos casos la persona con agotamiento emocional tiene dificultades para dormir. Las preocupaciones le impiden dormir. No descansa bien por la noche y eso aumenta el agotamiento.
  • Irritabilidad. La persona agotada suele tener  mal humor. Salta por cualquier cosa. Se siente irritable y de mal carácter.
  • Falta de motivación. Quien sufre de agotamiento emocional no siente entusiasmo, ni interés por sus actividades. Hace todo por obligación. Se siente desganado y todo es una carga más.
  • Distanciamiento afectivo. Las emociones comienzan a ser cada vez más huecas. Como si en realidad no sintiera prácticamente nada. Se distancia de sus emociones y parece un robot que funciona y cumple con sus deberes, pero sin sentir nada.
  • Problemas de memoria.  Empieza a tener fallas en la memoria. Se olvida con facilidad las pequeñas cosas. Desde no saber dónde dejó las llaves a cosas importantes, se empiezan a notar esos fallos en la memoria diaria.
  • Dificultades para pensar. La persona siente que se confunde con facilidad. Razona lentamente. Hay dificultad para concentrarse y para prestar atención.
     

Los inicios

Lo queramos o no al empezar un año un nuevo ciclo empieza. Una nueva oportunidad se abre en nuestras vidas. Algo comienza. ¿Es simbólico? Sí, es simbólico. Sin embargo la potencia del pasaje de un año a otro nos regala la posibilidad de volver a empezar.

¿Cuál es la mejor manera de acompañar esa energía del inicio?
Lo primero que se me ocurre es conectar con las emociones que escoltan a los principios. En particular, la alegría que nos causa lo nuevo. Conectar con esas potencias llamadas alegría, entusiasmo, curiosidad, desafío, ganas, deseo. Muchos nombres le podemos dar a esas potencialidades que suele despertar el simple hecho de empezar algo nuevo. Seguramente son múltiples y variadas las emociones que cada quien siente al comenzar algo.

Pero hay algo en juego
Los inicios nunca causan indiferencia. Algo nuestro se pone en juego cada vez que hacemos algo por primera vez. Algo se despierta. Recuerden lo que sintieron cada vez que comenzaron algo. Ya sea un estudio, un proyecto, un amor, un libro, un viaje, un trabajo. Lo que sea que hayan hecho por primera vez, lo que sea que hayan empezado en cualquier momento de sus vidas. Recuerden qué sintieron en cada uno de esos momentos. ¿Sintieron esperanza, alegría, ilusión, entusiasmo, temor, ganas, ansiedad, energía, confianza en ustedes mismos? ¿Sintieron futuro, proyección, potencia, posibilidad? ¿Cuántas ilusiones y esfuerzos depositaron en cada uno de esos inicios? ¿Y qué pasó luego con esa energía? ¿Qué pasó a medida que lo nuevo se iba volviendo conocido, rutinario, viejo?

Estamos ahora frente al inicio de un año. ¿Qué vamos a hacer? ¿Con qué energía vamos, no sólo a empezarlo, sino a continuarlo? Como decíamos antes, los inicios vienen escoltados por una serie de emociones positivas que nos regalan un baño de entusiasmo y de potencia. El tema es cómo encausar esa energía que cada comienzo nos regala para que no se apague a medida que el tiempo transcurre. Porque el tiempo va a transcurrir. Eso es inevitable. Lo que hoy es novedad, en pocos días será viejo, conocido, gastado, aburrido. ¿Cómo mantener el deseo joven a pesar del paso del tiempo?

Enero del 2019 tiene, sin duda, un aroma a nuevo, a niño, a algo recién estrenado. Sin uso. Como un recién nacido que empieza a descubrir un mundo. Como una semilla de vida que empieza a germinar con fuerza y confianza. Pero, como sabemos, a medida que el tiempo corra muchas cosas pueden pasar, muchas cosas pueden perturbar su potencia. Muchas emboscadas pueden ir opacando su energía inicial. No todo lo que nace tiene el mismo destino. No todo lo que nace llega a su plenitud. Su desarrollo, su funcionamiento, y su crecimiento dependerán de los cuidados que le demos. Su destino no está predeterminado. Dependerá, especialmente, de nuestra capacidad de mantener vigente el deseo.

Estas primeras semanas de año son cruciales. Lo nuevo late detrás de estas primeras vivencias del año. Las ganas están despabiladas. Caminan vivaces en nuestros proyectos. Las podemos oír ir y venir en nuestros pensamientos. Como si la anestesia que la rutina causa se retirara y otra vez fuésemos una potencia que puede crecer. 

Cuidar el modo en que iniciamos y sostenemos nuestro año es cuidarnos a nosotros mismos. Es nuestra propia vida la que está allí, recomenzando. Como si cada inicio de año nos diera la oportunidad de un nuevo nacimiento. No ya un nacimiento físico, sino un nacimiento interior que nos permite re conectar con la fuerza de lo vital.

Lo vital nos habita. Somos la vida que vuelve a iniciarse una y otra vez. La vida que no se rinde. La vida que se reinicia y se reconfigura. La vida que no cede frente a las adversidades. La vida que insiste. Esa energía que brota, que nos excede, que nos recorre, se muestra con más firmeza en los inicios. Está allí, al alcance de la mano. La percibimos, la presentimos. El apetito de la vida que se abre paso en cada instante.

Oportunidad de un nuevo lazo con el deseo. Con lo que cada quien proyecta y se propone vivir, ser, sentir en esta etapa. Es ahora. Somos ahora. Eso potente que pulsa en y a través nuestro. La vida misma que nos invita otra vez a sumergirnos y a ser parte  de lo que no desiste.

Frase de la semana
“La única alegría en el mundo es comenzar. Es hermoso vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante.”
-Cesare Pavese

Palabras de fin de año

Llega fin de año y los balances son inevitables. ¿Cómo nos fue en el 2018? ¿Qué hicimos? ¿Qué nos quedó en el tintero? ¿Qué queremos hacer en el próximo año? ¿Qué queremos cambiar? ¿Qué queremos mantener igual? Y así, a medida que se acerca el fin de año, una multiplicidad de preguntas se abre paso en nuestra mente.

No todas estas preguntas tienen una respuesta simple. No todas pueden ser contestadas.  Algunas tienen muchas respuestas a la vez, otras ninguna. Sin embargo allí están, apuntando al año que empieza como si fuera una página en blanco que nos desafía. Una página en blanco que parece esperar que delineemos los primeros trazos, que dibujemos las primeras letras, los primeros balbuceos, los palotes con los que llenaremos la nueva página de este año que estrenamos en nuestra de vida.

Y sí. Ya se vislumbra  el inicio del año. Un olor a nuevo rodea sus primeros segundos. Un ciclo que parece asomar levemente entre las horas que transcurren y nos acercan al final del 2018.

Y nosotros parados en el umbral del tiempo. Justamente en el filo entre dos ciclos, uno que termina y otro que comienza. Allí estamos con nuestro cargamento. Allí estamos con nuestra historia, nuestros deseos, nuestros temores, nuestros sueños y nuestras esperanzas. Tenemos con nosotros recuerdos de lo vivido, el trajín del último año, los logros y los fracasos.

El 2018 parece apagarse y a cada quien le dejará un sabor distinto. Allí estamos, viviendo los últimos momentos del año y haciendo en nuestro interior un somero balance de lo que hicimos, de lo que fuimos, de lo que pudimos hacer, decir y sentir en todas las horas que nos entregó el 2018.

El año que empieza sopla su viento nuevo en nuestra frente. Nos habla con la complicidad de los amigos. Nos invita a vivir con libertad, con deseo, con amor, con valentía. Nos desafía con su aire naciente. Y allí estamos, otra vez, como un nexo entre el ayer y el mañana, parados en el borde del tiempo brindando y celebrando con nuestros seres queridos. Lo que termina y lo que empieza. Detenidos en el umbral de estas dos extensiones. Una se proyecta hacia atrás y nos hace reflexionar sobre lo hecho. La otra se ilumina hacia adelante y nos deja soñar.

Es entonces un buen momento para hacer un alto en el camino. Mirar hacia atrás, ver los senderos recorridos, mirar los paisajes que quedaron lejos y hacer las paces con nosotros mismos. Este fue nuestro recorrido. Por allí venimos andando con fallos, con errores, con dudas, con certezas. Nuestros pasos hicieron esta huella que atrás dejamos. Por eso es un gran momento para celebrar, pero también un gran momento para vernos vivir. Seguramente, muchas cosas dejamos o perdimos en el camino. Seguramente muchas llevamos en nuestros bolsillos y las atesoramos como piedras preciosas.

Pero hoy somos este instante potente en el que programamos lo que queremos. Somos el hoy que se proyecta hacia adelante. El tiempo, como dijo Salvador Dalí, es una de las pocas cosas importantes que nos queda.

El 31 de diciembre nos ubica frente al enigma del tiempo. El tiempo parece fluir. A veces sentimos que se escurre. Que corre de prisa y nos deja atrás. Sin embargo, el tiempo es nuestro. Como sentenció José Luis Sampedro: "El tiempo no es oro; el oro no vale nada, el tiempo es vida." Es nuestra vida la que está en juego, la vida que deseamos vivir.

El filósofo Jean Paul Sartre lo dijo de esta manera: "No perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro." Es nuestro tiempo, el tiempo en el que estamos viviendo y creando cada día el mundo que deseamos para nosotros y para los demás.

Entonces a vestirse de fiesta y a recibir y a recorrer y a construir el 2019 con toda la potencia. El futuro está allí para ser edificado. Con nuestra decisión, nuestros deseos, nuestras ganas, es posible darle la forma que más nos gusta a este año que recién despierta.

¡Muy feliz año para todas y todos!
 

Frase de la semana
“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.”
-Eleanor Roosevelt

La Navidad de los niños

¿Listos para las fiestas? Sin duda los más festejados y los que más disfrutan la Navidad son los niños.

Muchos de los rituales Navideños están dedicados a los más pequeños. El arbolito, Papá Noel, los regalos, son maneras tradicionales de regalarles a los pequeños una Navidad mágica y rodeada de amor y alegría.

La Nochebuena es un momento perfecto para compartir con los más chiquitos de la familia, para generar recuerdos en común y para transmitir al mismo tiempo los valores navideños.

Una forma tradicional de hacerlo es a través de la lectura de cuentos Navideños. Es costumbre en muchos hogares reunir a los niños alrededor del arbolito de Navidad iluminado y leerles algunos de los famosos cuentos navideños. Al finalizar la lectura se puede tener una charla en la que los niños comenten lo que entendieron y lo que les gustó del cuento y puedan, así mismo, hacer las preguntas que se les ocurran.

La lectura de cuentos Navideños también es una manera de transmitir los valores de la Navidad como la generosidad, la compasión, la inclusión, la no discriminación y el amor hacia los demás. Al mismo tiempo, a través de la lectura de cuentos, se mantienen vivas las historias navideñas que pasan de generación en gene-ración.

Nuestro regalo de este año son estos dos cuentos de Navidad para que puedan disfrutar son los más chicos de la familia.

¡Feliz Navidad!

El cuento navideño del reno Rudolph
Érase una vez un reno llamado Rudolph que, por haber nacido con una curiosa y peculiar nariz roja, grande y brillante, caminaba solitario por el mundo. Los demás renos se burlaban de Rudolph todo el tiempo, con frases como 'pareces un payaso', 'tienes una manzana en la nariz'… Rudolph se sentía muy avergonzado y cada día se alejaba más de la gente. Su familia sentía mucha pena por él.

Las bromas sobre la nariz de Rudolph eran tan molestas y constantes que Rudolph acabó apartándose de todos. Viva triste, encerrado en su casa, sumamente deprimido. Con el apoyo de sus padres, Rudolph decidió abandonar el pueblo adonde vivía y empezó a caminar sin rumbo durante días, meses, años...

Se acercaba la Navidad y Rudolph seguía solo por su camino. Pero una noche, en víspera navideña, en que las estrellas brillaban más que en otros días en el cielo, Papá Noel preparaba su trineo, como todos los años. Contaba y alineaba los 8 renos que tiran de su trineo para llevar regalos a todos los niños del mundo. Santa Claus ya tenía todo preparado cuando de repente una enorme y espesa niebla cubrió toda la tierra.

Desorientado y asustado, Papá Noel se preguntaba cómo lograrían volar el trineo si no conseguían ver nada. ¿Cómo encontrarían las chimeneas?, ¿Dónde dejarían los regalos? A lo lejos, Santa Claus vio una luz roja y brillante y empezó a seguirla con su trineo y renos. No conseguía saber de qué se trataba, pero a medida que se acercaban, se llevarían una enorme sorpresa. ¡Era el reno Rudolph! Sorprendido y feliz, Papá Noel pidió a Rudolph que tirara él también de su trineo. El reno no podía creérselo. Lo aceptó enseguida y con su nariz iluminaba y guiaba a Santa por todas las casas con niños del mundo.

Y fue así como Papá Noel consiguió entregar todos los regalos en la noche de Navidad, gracias al esfuerzo y la colaboración del reno Rudolph. Sin su nariz roja, los niños estarían sin regalos hasta hoy. Rudolph se convirtió en el reno más querido y más admirado por todos. ¡Un verdadero héroe!

La flor de Nochebuena o Poinsettia (Leyenda de México)
Cuenta una leyenda que hace mucho, mucho tiempo, en un pequeño pueblo de México, todos los habitantes se reunían en la iglesia cada año durante el nacimiento de Jesús para dejarle algún regalo.

A Pablo le encantaba aquella tradición. Todos los años veía llegar a muchas personas desde muy lejos con regalos hermosos: cestas de fruta, ropa, algún juguete... Pero según pasaban los años, Pablo se ponía más y más triste. Él sólo veía como todos depositaban sus regalos, pero él no tenía nada que regalar pues era muy pobre y eso lo hacía sentir mal.

Pablo quiso esconderse para evitar que vieran que no tenía nada para dar. Se escondió en un rincón de la iglesia y comenzó a llorar, pero pronto de sus lágrimas que habían caído al suelo, comenzó a brotar una hermosa flor con pétalos rojos.

Pablo comprendió que aquella flor era un regalo de Dios, para que Pablo se la regalara al niño Jesús. Contento fue y deposito aquella flor juntos con los demás regalos, pero manteniendo el secreto que había nacido de sus lágrimas.

El resto de personas, al ver aquella planta tan bella, decidieron llevar una idéntica cada año. Ese gesto, poco a poco, se convirtió en una tradición, y hoy en todos los hogares, todas las Nochebuenas esa bella flor deslumbra a todos con sus intensas hojas rojas.

Cuando el estrés nos supera

Se sabe que los trastornos emocionales derivados del estrés, como la ansiedad y la depresión, son los problemas de salud mental más prevalentes del mundo. Los estudios demográficos muestran que hasta un tercio de las personas en el mundo sufren algún tipo de ansiedad a lo largo de su vida.

Vivimos en la década de la mega información, de la falta de sueño que nos ocasiona la adicción a las pantallas, de la pasión y la comunicación por Instagram y las redes sociales, de los amores virtuales y de la inmediatez. Vivimos en un mundo instantáneo que se presenta fugaz y exigente a la vez. Corremos. Los segundos parecen milenios. Sentimos que el tiempo no nos alcanza. Siempre queda algo por hacer, algo por resolver. ¿Y la vida? ¿Qué pasa con nuestra vida mientras corremos entre selfies, mensajes, historias de Instagram, noticias, videos que se viralizan? ¿Qué pasa con nosotros en medio de esta maratón de bytes, likes, matches, video juegos, imágenes y emojis?

La especialista en cambios generacionales Jean Twenge advierte que los adolescentes están sufriendo trastornos emocionales derivados del estrés. Según ella, esto se relaciona a  que es la primera generación que ha crecido con un smartphone entre las manos. Su hipótesis: aparecen los smartphones, empeora la salud mental de los jóvenes.

Uno de los argumentos principales de Twenge, profesora de psicología en la Universidad de San Diego (EE UU), es que los jóvenes se sienten bien o mal con relación a su percepción de cómo les va a los demás. El problema es que las redes sociales suelen ofrecer una ventana a los momentos más atractivos de las vidas ajenas. Y con eso que ven en las redes sociales es con lo que se comparan los adolescentes.

Un estudio científico demostró que limitar el tiempo en Facebook, Instagram y Snapchat reducía la soledad y la depresión en 143 estudiantes de grado de la Universidad de Pensilvania.

El psicólogo clínico Scott Stanley de la Universidad de Denver (EE UU), opina que las redes sociales aumentan la ambigüedad y la incertidumbre en las interacciones personales.

Según Stanley los jóvenes invierten tiempo y esfuerzo en decodificar los confusos estímulos sociales que les llegan a través del smartphone, casi nunca en forma de llamadas.

Este es el mundo en el que estamos inmersos. Aquí vivimos. Conectados, estimulados virtualmente, rodeados de incertidumbre y de prisa. El estrés es un modo de responder a esta multiplicidad de estímulos y de presiones.

El estrés excesivo puede afectar tanto a nivel emocional como físico. ¿Pero cómo saber si está experimentando un nivel de estrés demasiado elevado?

Las personas con estrés crónico tienen la impresión de que ese es su estado natural. Por eso a veces no reconocen los síntomas.

 

Algunos síntomas de estrés son:

  • Dolor de cabeza. Si está sintiendo dolores de cabeza frecuentes sobre todo de tipo tensional el estrés puede ser el causante.
  • Contracturas musculares. Este es uno de los síntomas más típicos del estrés. El cuerpo se tensiona y los músculos se contraen causando malestar y dolor. Puede aparecer dolor muscular en al cuello, los hombros o en cualquier músculo del cuerpo o de la cara. La boca y la mandíbula suelen apretarse con fuerza causando bruxismo.
  • Problemas para dormir. El estrés afecta al sueño de diferentes maneras. Puede causar insomnio, puede hacer que duerma menos o que se despierte a cada rato en mitad de la noche, de modo que se levanta cansado. También puede causar lo contrario, un estado de somnolencia y sueño en exceso. 
  • Estar más proclive a tener enfermedades. El estrés afecta al sistema inmunitario que es el que nos defiende de los gérmenes y virus.  De modo que es posible que uno se contagie distintas enfermedades con más facilidad.
  • Malestar físico. Como sarpullidos en la piel, dolor de estómago, descomposturas, problemas en la presión arterial, etc.
  • Mayor irritabilidad. Si está irritable la mayor parte del tiempo puede deberse a la existencia de estrés.
  • Mal humor. El estrés arruina el humor y el carácter. Se pierde la paciencia y el bienestar anímico.
  • Poca capacidad concentración. Trae dificultades para prestar atención y para concentrarse en cualquier tarea.
  • Problemas de memoria. El estrés causa un deterioro momentáneo en las funciones cognitivas. La memoria suele ser una de las grandes afectadas. Uno anda olvidadizo, distraído, con la cabeza en otra parte. De este modo, las tareas cotidianas se vuelven cada vez más difíciles de llevar adelante.
  • Disminución del deseo sexual. En situaciones de estrés excesivo el deseo disminuye o desaparece.