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Ismael Cala

Consciencia, flexibilidad y compromiso

A mediados del año pasado, tuve la oportunidad de trabajar, en conjunto con el CalaTeam una reingeniería de nuestros principios filosóficos como grupo. En esa revisión, llegamos al consenso de que tres de nuestros valores corporativos son: consciencia, flexibilidad y compromiso. Se trata de patrones que guían nuestra conducta y que se convierten en ese GPS que nos indica el camino que debemos seguir.

Estos valores, producto de muchas conversaciones y acuerdos, se plantean ante nosotros como la clave para alcanzar la excelencia. Ahora que estamos iniciando un nuevo año, qué mejor momento que hablar de ellos y cómo pueden ayudarte en el logro de tus propósitos para este 2018.

Pasamos una gran parte de nuestra vida dormidos, y no hablo de manera literal. La mayoría de las personas, aunque no lo saben, están dormidas. Ese despertar de consciencia implica salir de la zona de confort, y eso es desagradable para algunos. El maestro espiritual y escritor Eckhart Tolle asegura: “No es raro que la gente pase toda la vida esperando empezar a vivir”. Y es que convertimos nuestra vida en una sucesión de actos reflejos ante las situaciones que se nos presentan por delante. Decisiones automáticas, sin ningún tipo de consciencia, determinan nuestras acciones. Es más sencillo dormir en la confianza de lo que conocemos que despertar y tener que salir al abismo.

Es cierto que despertar supone descubrir la parte negativa que tiene el mundo, sin embargo también supone ser conscientes de lo hermoso que nos rodea.

Pero, sobre todo, plantea que podemos asumir responsabilidad de nuestras vidas y comenzar a movernos por el mundo hacia un propósito.

Ahora bien, una vez que comenzamos a transitar el camino de lo consciente, es necesaria la flexibilidad. Esta cualidad es la que nos permite adaptarnos y fluir con el entorno en lugar de resistirnos y luchar con él.

De nada sirve la consciencia si no tenemos una cuota de flexibilidad para abrazar la incertidumbre y el cambio como parte de la vida, siempre recuerda la filosofía del bambú y como aplicarla a tu vida diaria.  Pero cuidado con confundir la flexibilidad con la condescendencia para con quienes nos rodean o nosotros mismos. No significa pasar por alto de forma automática las fallas u oportunidades de mejora sino entender que lo que resistes, persiste.

Finalmente, el compromiso implica el convencimiento de que sólo involucrándonos y haciéndonos cargo de nuestra vida, podremos alcanzar todo aquello que deseamos. En ocasiones somos buenos para comprometernos con terceras personas en variedad de tareas o emociones y dejamos de lado el compromiso con la persona más importante de nuestra existencia: nosotros mismos.

¡Solo alineando nuestros propósitos con nuestros valores nos podrá dar como resultado éxito en nuestras acciones!

La importancia de invertir en ti mismo

Así como inviertes tu energía, tu tiempo y tus recursos, así te va en la vida. Si sientes un vacío interior y no estás conforme, no te quedes en la queja, de esta manera vivirás en modo piñata, colgado esperando que una fuerza externa venga y te sacuda, te quiebre, te desfonde.

¿Cuál es el porcentaje de lo que inviertes -dinero, tiempo, esfuerzo, recursos, entretenimiento- en comparación con lo que inviertes en tu crecimiento personal? ¿Te resuena esta pregunta? ¿Sabías que el interactive advertising bureau® publicó que el 18% del tiempo promedio en tu semana está dedicado a las redes sociales? ¿Estás en esa estadística?

La inversión en entretenimiento es necesaria, muchas veces imprescindible, pero en demasía, es exagerar nuestra evasión y responsabilidades de la realidad; en demasía también es entrar en el mundo de las distracciones no de las atenciones.

Yo me di cuenta de lo importante y lo productivo que es invertir en mi crecimiento. Dedico un 80 por ciento de mi dinero, un 80 por ciento de mi tiempo y un 80 por ciento de mis energías, a invertir en mi crecimiento.

¿Qué quiere decir esto? Quiere decir inversiones en libros, cursos, meditaciones, viajes con propósito, encuentros con líderes o pensadores mundiales de convivencia, audio-libros, paseos por la naturaleza, yoga, deportes. Todas son inversiones para tu crecimiento.

Por el contrario, dedico un 20 por ciento de mis inversiones a mi entretenimiento, convencido que llegará el momento en que ese 80 por ciento que yo invierto en mi crecimiento, o sea, la mayoría de todos estos eventos, actividades o hábitos que he creado, son parte también de mi entretenimiento, porque disfruto hacerlos.

Puede ser que no te entretenga tanto hacerlo al principio, pero lo lograrás cuando crezcan los hábitos y veas los resultados, la recompensa y, por supuesto, notes tu crecimiento y tu evolución. Mientras tanto le vamos a llamar crecimiento y entretenimiento.

En el entretenimiento quedan también los libros, pero esos libros que no te están dejando un aprendizaje pragmático y que solo los lees para evadir la realidad y entretenerte un poco. Lo mismo pasa con telenovelas, series de televisión o programas de comedia que nos entretienen, pero si no les buscamos su ángulo provechoso, si no estamos consciente de lo que estamos viendo y para qué lo estamos viendo, si no estamos al tanto de su verdadera intención, la enseñanza que le podemos sacar sería cero, porque no formarían parte, necesariamente, de un crecimiento exponencial, tangible y acelerado.

Entonces, mi invitación y mi reflexión en el día de hoy son a que vuelvas el foco a ti, revises, y en una hoja de papel presupuestes qué tanto de tu energía diaria, semanal, mensual y anual dedicas a tu crecimiento y cuál solo al entretenimiento.

El líder, un solucionador de problemas

Preguntas al estilo de “¿Actúo ahora o espero?” o “¿Cómo enfoco esta situación?” aparecen en varias etapas de la vida, porque la toma de decisiones muchas veces genera problemas en la ruta hacia nuestros proyectos personales y profesionales. Es cierto que nadie escapa a tales conflictos, pero podemos aprender a gestionarlos desde el autoconocimiento.

Nuestro objetivo será siempre reducir al mínimo la aparición de problemas, pero con el valor suficiente para abordarlos en cualquier circunstancia, creando y manteniendo el impulso, sin caer en la tristeza o en el bloqueo mental.

Los líderes aplican una visión total para observar los problemas integralmente. Un líder nunca debe verlos como una distracción, sino más bien como un factor estratégico para conseguir oportunidades. Como decía el científico Albert Einstein, “no podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”.

Algunas personas nacen con una mente lógica, que les permite evaluar situaciones de manera rápida y determinar la mejor solución; pero, sin la práctica, su habilidad puede desvanecerse. Como decía Henry Ford, “la mayoría de las personas gastan más tiempo y energías en hablar de los problemas que en afrontarlos”.

Una pregunta que siempre me hacen en las conferencias es cómo adoptar mejores decisiones y optimizar el año siguiente, para convertirlo en el mejor de nuestras vidas. Por ello, abordaré ampliamente el tema en el encuentro inspiracional En Cuerpo y Alma, cuyo quinto aniversario celebraremos del 8 al 12 de noviembre en la hermosa Riviera Maya. A la hora de resolver un problema, siempre aconsejo seguir un proceso:

  • Obsérvalo y desgrana
  • Determina la causa
  • Evalúa si puedes recibir ayuda de otras personas
  • Elabora un plan, con soluciones a corto y largo plazo
  • Aprende de la situación

Un buen líder aprende de sus errores y utiliza la experiencia para resolver problemas en el futuro. En esencia, un líder es un solucionador de problemas. Y también un gran previsor, porque se adelanta a las crisis.

Tomar el control nos ayuda a mantener la calma y a ver con perspectiva el problema, para plantear una solución. Los problemas nunca desaparecen del todo. Así que tenemos dos opciones: verlos como una fuente de dolor de cabeza o como el ambiente perfecto para permanecer innovadores y creativos. En nuestras manos está la decisión que puede resolverlos.

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El siglo de la creatividad

Vivimos una época de transformaciones tecnológicas que marcan el rumbo de la humanidad. Sin embargo, esto no significa que el futuro pertenezca solamente a los “hombres y mujeres de la ciencia”, como durante un tiempo nos hicieron creer. Hay espacio para muchos otros perfiles.

En el siglo XIX —se dice—, el éxito acompañó a los más esforzados, y en el XX, a los más inteligentes; pero el XXI es el de la creatividad y la innovación. ¿Qué repercusiones tiene este cambio para la educación y el empleo?

Darlene Damm, profesora de Singularity University, cita lo sucedido en Estados Unidos desde el año 2000: los robots podrían haber asumido el 85% de los cinco millones de empleos industriales perdidos.

¿Cómo deberían gestionar la situación las personas en edad de elegir carrera?

La clave podría sorprender a más de uno. “Harvard Business Review” aseguró recientemente que las humanidades son el futuro de la economía digital y la tecnología: “Desde Silicon Valley hasta el Pentágono, la gente empieza a darse cuenta de que para abordar con eficacia los mayores desafíos de la sociedad y la tecnología, necesitamos pensar de manera crítica en su contexto e implicaciones humanas, algo para lo que precisamente están bien preparados los titulados ‘de letras’”.

Como narro en el libro “El poder de escuchar”, en mis años universitarios sufrí discriminación por no elegir una carrera de ciencias. Una vez, en un evento, el entonces gobernante Fidel Castro nos preguntó qué estudiábamos. Mis colegas mencionaron especialidades como Medicina, Derecho, Física Nuclear o Ingeniería, y él los elogió personalmente; salvo a mí. Cuando le dije que cursaba Historia del Arte, se quedó mudo y me miró de abajo hacia arriba, con una clara expresión de indiferencia.

Cuando Castro se retiró, los estudiantes se burlaron de mí. Uno se atrevió a preguntarme para qué servía tal profesión. No tuve respuesta inmediata, porque quedé petrificado. Hoy sí la tengo, y la comparto con quien la quiera escuchar.

El mundo ya no admite falsas divisiones entre ciencias y humanidades. Todas las carreras deberán adaptarse a los nuevos paradigmas. Algunas desaparecerán y nacerán otras más ajustadas a las necesidades del mercado laboral.

Como han demostrado los grandes emprendedores de nuestra época, tampoco será obligatorio exhibir un título, como si de un trofeo de guerra se tratara. Lo importante serán las capacidades, la comprensión de los problemas y la creatividad.

 

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¿Vale la pena llorar?

¿Llorar es bueno? Según la revista “Science et Vie”, pasamos una media de 50 días de nuestra vida llorando. Por suerte, dentro de la estimación del tiempo de vida, dedicamos a la risa cerca de dos años. Todos conocemos los grandes beneficios de la sonrisa para la salud, pero, ¿cómo nos afectan las lágrimas? Este es un asunto menos tratado.

Inicialmente, los expertos plantearon que las lágrimas solo tenían un objetivo: proteger el ojo. Sin embargo, existen tres tipos: las que nos mantienen los ojos lubricados, las que generamos frente a productos irritantes (como la cebolla) y las que se producen a partir de las emociones. Esta última es la que más nos interesa.

Claudia Hammond, autora del libro “Torbellino emocional”, defiende que las lágrimas pueden ser una forma de comunicarnos, ya que, normalmente, empatizamos con la persona que llora. Como explico en mi libro “El analfabeto emocional”, el llanto sí expresa un sentimiento. Si vemos a alguien llorando, inmediatamente abrigamos compasión y empatía. Incluso podemos empezar a llorar y sentirnos tristes.

A pesar de su connotación supuestamente negativa, la tristeza cumple un papel relevante en el mapa de nuestras emociones. Un proverbio irlandés dice: “Las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman”.

Llorar puede convertirse en un desahogo momentáneo, siempre y cuando no se convierta en un hábito o en una vía de escape de nuestros problemas. Las lágrimas, como mensaje de una determinada emoción, son tan importantes como las risas. No deberían estar estigmatizadas, pues a veces no todo se puede expresar con palabras.

El llanto tiene consecuencias también positivas. Por un lado, nos ayuda a transmitir lo que sentimos y a darnos cuenta de lo que pasa dentro. Por otro, los expertos conectan el sollozo a una catarsis, ya que nos alivia en momentos especialmente estresantes o dolorosos.

Precisamente, un estudio de la Universidad de Pittsburg subraya que el llanto puede ayudar a recomponer el cuerpo para continuar con las funciones habituales, tras una situación de estrés. La investigadora Lauren Bylsma destaca que ese desahogo favorece nuestra sensación de bienestar.

Como decía la novelista inglesa Charlotte Brontë, “llorar no indica que eres débil. Desde el nacimiento, siempre ha sido una señal de que estás vivo”.
 

¿Duermes lo suficiente?

Cada día son más las personas que hacen deporte para crear una rutina sana. También son muchos los que cultivan la mente a partir de la lectura. Sin embargo, ¿qué sucede con la calidad del sueño, el proceso obligatorio que recarga nuestras energías?

La Organización Mundial de la Salud asegura que debemos dormir al menos seis horas diarias, una cifra que aumenta en el caso de los menores. Pero, sinceramente, ¿cuántas horas duermes de manera placentera? El ritmo de la vida crea en nosotros la noción de que no debemos dedicar tantas horas a una actividad supuestamente improductiva. ¡Qué equivocados estamos!

La falta de descanso afecta a nuestra memoria. Durante la fase del sueño R.E.M (Rapid Eye Movement), el cerebro procesa los recuerdos que hemos generado durante el día. De tal manera que las horas que dediquemos al sueño, también ejercerán influencia en el control de las emociones. ¿Cuántas veces te has sentido gruñón un día en el que apenas has dormido?

Es más, un estudio publicado en la revista “Nature” asegura que la falta de descanso afecta a la sensibilidad del dolor y llega a reducir el efecto de los analgésicos más habituales. Otro estudio de la Universidad de Uppsala (Suecia), subraya que la falta de sueño puede conducir a procesos neurodegenerativos, es decir que termina afectando negativamente al cerebro.

Tips para conciliar mejor el sueño:

  • Haz ejercicio a diario. Te ayudará a estar más cansado/a, lo que te inducirá a tener un sueño más profundo y restaurador.
  • Crea una rutina ¡y cúmplela! Si mantienes un horario habitual para dormir y levantarte, tu cuerpo te ayudará a seguir la rutina.
  • Haz del dormitorio un lugar de ensueño. Es fundamental tener una habitación aireada y tranquila.
  • Evita las cenas copiosas. De esta manera tu cuerpo no estará enfocado en digerir los alimentos de la noche.
  • Medita antes de dormir. La respiración activa te ayudará a relajar la circulación y las pulsaciones.
  • Escribe un diario. Puedes plantear las preocupaciones que podrían quitarte el sueño. Además, organiza el día de mañana para tener resueltas tu tareas.
  • Desconecta todo a tu alrededor. Durante el sueño no necesitarás las redes sociales o el email, por lo que aleja el celular y evita los aparatos electrónicos a tu alrededor.

Decía el genio Albert Einstein: “El secreto de la creatividad está en dormir bien y abrir la mente a las posibilidades infinitas”. El primer paso ya puedes conseguirlo. ¿Y el segundo?

Ismael Cala
Conferencista, comunicador
y autor inspiracional

Los cinco factores de la “suerte”

Gran parte de los seres humanos son supersticiosos. Según un estudio de la Universidad de Hertfordshire, el 77% de los encuestados cree en la suerte, mientras que solo el 25% asegura que la misma tiene una base científica. Este último dato es importante, sencillamente porque revela una gran verdad.

Nadie puede predecir el éxito, el fracaso, la alegría o la tristeza. Cada una de estas circunstancias están basadas en nuestras actuaciones. Benjamin Franklin decía que “la felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.

Como explico en mi libro “La vida es una piñata”, nuestra existencia no puede abandonarse a la suerte, ni a lo que otros determinen para nosotros. Mi camino me ha demostrado que la mejor manera de alcanzar el éxito es no conformarse nunca y tratar siempre de ascender en la escala de valores.

No somos simplemente víctimas de la vida, aparentemente a la deriva del tiempo y el espacio. Casi siempre tenemos elección, aunque a veces creamos que estamos predestinados. El “destino” —o la forma en la que nuestra vida se desarrolla— es el efecto de las decisiones que tomamos. No hay atajos en la existencia. Los logros son el resultado de la constancia, la paciencia y la pasión, sin despreciar la influencia real de las circunstancias.

Richard Wiseman, de la Universidad de Hertfordshire, es uno de los mayores estudiosos de la “suerte”. Según sus resultados, los cinco factores decisivos para ser un afortunado son:

  • Crear fuertes relaciones sociales
  • Mantener una actitud relajada ante las circunstancias de la vida
  • No creer en las supersticiones
  • Seguir tu intuición
  • Tener una perspectiva positiva

Como decía el pensador Voltaire, “suerte es lo que sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y se fusionan”.

Una persona exitosa es aquella con la firmeza suficiente para levantarse ante la llegada de los malos tiempos. Convertir la llamada “suerte” en dedicación es fundamental en el camino de la transformación personal. La intención es una inspiración que viene de dentro de nuestro ser, como un impulso natural. Como dice el refrán, “al saber le llaman suerte”.www.IsmaelCala.com

Perder el miedo a la diferencia

Más de 7.400 millones de personas influyen en tu vida, pues esta es la cifra que redondea la población mundial. Gracias a internet, vivimos en un mundo plenamente globalizado.

Nuestra área de desarrollo ha sobrepasado “el barrio” o la familia. Nos vemos influenciados por personas a las que no conocemos, pero que a veces “envidiamos” a partir de las imágenes que suben a las redes sociales. No olvidemos que se trata de fotografías que muchas veces están preparadas para transmitir una vida perfecta o idílica, que nos hace dejar nuestras verdaderas metas para fijarnos en los sueños de otros.

Un estudio británico (de la aseguradora Schofields) ha resuelto que el 40% de los jóvenes, de entre 18 y 33 años, decide su destino de vacaciones basándose en Instagram. No solo influye lo que vemos, sino también lo que queremos reflejar.

La investigación concluye que los millennials planean los viajes pensando en cómo quedarán las fotos en la red social.

Durante un instante de la vida, visualizamos nuestras verdaderas creencias y metas. Después, estas quedan diluidas en una mezcla de opiniones ajenas que adoptamos como propias. A esto lo llamo “huracán de presión social”, una de las etapas de “La arquitectura del ser”, donde el ser humano cae en la disolución de su propia identidad. Este tema lo abordaré en profundidad en el seminario “Maestría de vida”, en julio en Panamá.

El genio Albert Einstein señalaba: “La persona que sigue a la multitud normalmente no irá más allá de la multitud. La persona que camina sola probablemente se encontrará en lugares donde nadie ha estado antes”.

Necesitamos el apoyo de personas de confianza para alcanzar el éxito. Sin embargo, para transformarnos en seres excepcionales, debemos perder el miedo a la diferencia. En una multitud uniforme, nadie innova ni crece.

Un estudio publicado en la revista “Journal of Consumer Research” desvela cómo actuamos, según las personas que nos rodean. Esto tiene un doble filo: puede ser positivo o negativo. La investigación asegura que una persona resiste más una tentación —como saltarse la dieta— si tiene el apoyo moral a su alrededor. No obstante, también los demás pueden convertirnos en cómplices de una mala actuación.

Siempre es buen momento para reevaluar nuestras creencias y valores. Y ser conscientes de si son fieles a nosotros o si dependen del influjo de otros. Como decía la escritora Louisa May Alcott, “hasta las personas más insignificantes ejercen cierta influencia en el mundo”.

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¿La tecnología afecta nuestra capacidad de reflexión y memoria?

El cuerpo está liderado por nuestro órgano más importante, el que rige cada paso de la vida. Recientemente, leí una entrevista con el catedrático de psiquiatría Manfred Spitzer, autor de “Demencia digital”, quien alertaba sobre los riesgos de las nuevas tecnologías. Es una evidencia que hemos desechado las páginas, para sustituirlas por pantallas. Las nuevas generaciones se han adaptado a los dispositivos, desde el teléfono que les despierta cada mañana hasta la lectura en ebooks, pasando por la dependencia de los smartphones y las redes sociales. Esta relación constante con los dispositivos puede provocar ralentización cerebral, pues, según Spitzer, perdemos capacidad de reflexión y retención de memoria.

Es fundamental mimar al máximo a nuestro órgano líder. La neuroplasticidad es una característica que posibilita potenciar el cerebro, con ejercicios diarios de memoria o agilidad mental. Un estudio realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, publicado en la revista “Cortex”, asegura que nuestra capacidad cardiorrespiratoria está directamente relacionada con la memoria. Los investigadores han resuelto que las personas con una alta resistencia obtienen un mayor dinamismo mental.

Así se cumple el refrán: “cuida tu cerebro, que tu cerebro cuidará de ti”. La atención debe procurarse desde la infancia. Debemos ser conscientes de que el cerebro es una especie de músculo que podemos entrenar para desarrollarlo. Es más, la Universidad del estado de Michigan ha desvelado que los niños que creen que la inteligencia puede crecer, prestan más atención y se recuperan de sus errores de manera más efectiva que los que piensan que la inteligencia es fija.

La investigación, que midió las ondas cerebrales de los participantes, sugiere que maestros y padres deben ayudar a los niños a prestar más atención a los errores que cometen, para que aprendan mejor sobre ellos, en lugar de alejarse o ignorarlos. El líder del estudio, Hans Schroder, recomienda a padres y maestros que enseñen a los pequeños a ser responsables de sus errores y a convertirlos en oportunidades para aprender.

Por muchos años más, los investigadores continuarán desentrañando los misterios del órgano más desconocido: el cerebro. Mientras, estamos obligados a estudiar y gestionar mejor las oportunidades ilimitadas de la mente.

Mejor hoy que mañana

Los seres humanos somos una consecución de avances físicos e intelectuales. Las innovaciones científicas nos han permitido ampliar la esperanza de vida y los médicos nos indican nuevos hábitos para estar más sanos.

Sin embargo, con el paso de los años, mantenemos muchas rutinas. Una prueba es el artículo “Vuelva usted mañana”, escrito en 1833 por el famoso periodista español Mariano José de Larra, que destaca cómo las personas tendemos a procrastinar nuestras obligaciones, sumidos en la pereza. No hemos cambiado tanto, ¿no?

Los expertos plantean que la procrastinación es uno de los grandes problemas de la educación. El psicólogo Tim Pychlyl, de la Universidad de Carleton (Canadá), subraya que mantener tal hábito puede incidir en el abandono escolar y en la salud física y mental. Precisamente, el poeta británico William Cowper aseguraba que “una persona perezosa es un reloj sin agujas, siendo inútil tanto si anda como si está parado”.

Un estudio realizado por Jean Daunizeau y Marie Devaine, del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica de París, trata de demostrar qué nos motiva a cambiar de actitud.

Los expertos descubrieron que mantenemos dos tendencias. Por una parte, asumimos como propias las creencias de otras personas. Por otra, existe una gran influencia social que nos hace cambiar de pensamiento y asimilar el de quienes nos rodean. Así, cuando vemos que otros se muestran falsamente exitosos, a pesar de procrastinar, o si tenemos la presión de amigos para aletargar una tarea, asociamos que la pereza no es negativa.

La Universidad de Harvard realizó el pasado año un informe en el que proponía dos consejos para evitar procrastinar. Primero, hacer una lista de pros y contras en la que evaluemos las consecuencias de dejar una tarea para más adelante. Y segundo, automotivarnos, darnos pequeños premios cuando terminamos una tarea que detestamos.

Me gustaría añadir otros dos tips: crear fechas límites, en las que impliques a otra persona, y mezclar las obligaciones que te apasionan con las que dejarías pasar; de tal manera que, cada vez que termines con una tarea que puede haber afectado a tu estado de ánimo, la siguiente te ayudará.

Podemos continuar con la evolución del ser humano, adoptando nuevos hábitos que potencien nuestro desarrollo personal. La sociedad debe recordar aquel “vuelva usted mañana” como una anécdota de un modo de vida anticuado.

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Compartir es progresar

El arte de compartir, además de ser una herramienta fundamental en el camino hacia la abundancia, se ha convertido en un pilar de la propia existencia humana. Un equipo de investigadores ha publicado en la revista Nature Communications que nuestra especie se habría extinguido si el egoísmo reinara entre las características de los seres humanos.

La virtud de compartir se aprende con el tiempo y se desarrolla gracias a la empatía. Precisamente, un estudio de la Universidad de Zúrich (Suiza) asegura que la empatía provoca altruismo en las personas egoístas, debido a la activación de determinadas conexiones cerebrales.

De tal manera, como hemos hablado en numerosas ocasiones, la neuroplasticidad nos permite entrenar el cerebro como un músculo más. El aprendizaje de las diferentes habilidades relacionadas con el arte de compartir favorece la creación de hábitos.

En ocasiones erramos al pensar que, para alcanzar nuestros sueños, debemos olvidarnos de ayudar a los demás a cruzar su meta. El egoísmo es en realidad una señal de debilidad ante el miedo a realizar ciertos sacrificios. Desarrollar una mentalidad de abundancia, en cambio, nos acerca más hacia el éxito y la excelencia.

El filósofo ateniense Demetrio de Falerea decía que los “amigos verdaderos son los que vienen a compartir nuestra felicidad cuando se les ruega y nuestra desgracia sin ser llamados”.

Enseñar a los niños desde edades tempranas es un proceso lento, pero fundamental, y uno de los objetivos de mi cuento infantil (bilingüe e ilustrado) “La piñata mágica”, recientemente publicado.

¿Qué técnicas podemos enseñar a los pequeños en este sentido?

  • Anímale a regalar juguetes o dibujos a sus amigos.
  • Enséñale a compartir las cosas de su entorno y a jugar en grupo, para favorecer también su capacidad social y empática.
  • Hazle consciente de la realidad de otros niños en circunstancias más complicadas.
  • Recuérdale que las cosas de la casa pertenecen a toda la familia, y debe compartirlas.
  • Como también nos sucede a los adultos, habrá juguetes por los que sienta un significado especial y no desee prestarlos. Es normal. Ayudémoslo a gestionar tales significados, sin exagerar.

A partir de los 24 meses, los niños experimentan una fase en la que comienzan a considerar sus juguetes como parte de su propiedad. Este es un buen momento para enseñarles que no seremos capaces de progresar si no compartimos con los demás. www.IsmaelCala.com
 

Siete pilares para una vida en equilibrio

Hace poco tuve la oportunidad de volver a ver la película “La cuerda floja”, de Robert Zemeckis. Está basada en la historia real del funambulista francés Philippe Petit, quien llegó a cruzar las torres gemelas sobre un pequeño cable, un reto nunca antes realizado.

Observando a Philippe sobre el cable, recordé que, de un modo u otro, todos transitamos sobre una cuerda, tratando de no caer al vacío. Nuestra vida sería ese camino frágil sobre el que caminamos, intentando no caer a lo más profundo.

Si Philippe sujetaba una gran pértiga, nosotros hacemos malabares con los aspectos más importantes de nuestro día a día. Con los brazos abiertos, movemos y gestionamos siete aspectos de la vida, algunos más delicados que otros. Pero no podemos dejar que caigan, porque algunos son irrecuperables.

Una frase de la película dice: “La mayoría de los equilibristas mueren al llegar. Creen que han llegado, pero siguen en la cuerda. Si te faltan tres pasos y los das con arrogancia, si crees que eres invencible, vas a morir”.

A veces caminamos con la confianza de que controlamos todos los pilares de nuestra vida. Así, acabamos tropezando con las pequeñas piedras, que somos incapaces de ver, y descuidamos las siete bolas de cristal más importantes con las que cruzamos la cuerda floja de la vida.

¿Cuáles son? Mente y espíritu, salud y cuerpo, amor y relaciones de pareja, familia y hogar, amigos y vida social, finanzas, y tiempo para ti.

El funambulista asegura: “No puedo acabar mi caminata en un momento de duda con los hombros caídos y la cabeza gacha. Decido que solo dejaré mi cable y mis torres victoriosamente”. Nosotros tampoco podemos renunciar al éxito.

Como explico en mi nuevo libro “Despierta con Cala”, si miramos hacia abajo, nos aterramos ante la visión del abismo y tomamos conciencia del vacío al que podríamos caer. Ésa es la incertidumbre, porque, en la vida, el que no está dispuesto a abrazar la incertidumbre y los cambios constantes, tendrá que quedarse encerrado en su casa. No crecerá.

La vida no es cosa del azar. Nuestras decisiones determinarán con qué actitud afrontaremos los desafíos del futuro y la intensidad de los temblores al pasar la inevitable cuerda floja. Mi recomendación es continuar hacia adelante, con equilibrio, paso firme y determinación.

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