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La dislexia, ¿un don?

Tradicionalmente la dislexia, se había definido más en relación a las dificultades del aprendizaje, pero cada vez se pone más el foco en las fortalezas que dan como resultado compensar los handicaps asociados. El 35 % de los emprendedores de USA declara tener Dislexia cuando la prevalencia en la población es de máximo un 17% (Shaywitz, 1998) y en el Reino Unido, el Royal College of Art dice tener un 25% de alumnos con esta característica.

Pero ¿cómo la definimos? ¿Qué es exactamente?
Es un trastorno del aprendizaje en la lectoescritura, de carácter persistente y específico que no se explica por situaciones de ambiente desfavorecidas ni por discapacidades psíquicas siendo una alteración del desarrollo. Según el CIE-10, los disléxicos tienen dificultades para recitar el alfabeto, denominar letras, realizar rimas simples y para analizar o clasificar los sonidos. Además, la lectura se caracteriza por las omisiones, sustituciones, distorsiones, inversiones o adicciones, lentitud, vacilaciones, problemas de seguimiento visual y déficit en la comprensión, (OPS, 1997). Además, de cierta dificultad o desorientación motora.

Tenemos que decir que no todos los disléxicos son iguales, por lo que hay una gama muy diferente de sujetos con esta sintomatología y que lo que les une mayoritariamente, es la característica singular de decodificar la lectura.

Pero cuáles son sus virtudes, por qué está comenzando a darse el Orgullo Disléxico. La investigación dice lo siguiente:
Se dan ventajas en el procesamiento visoespacial. Esto presentaría mayor activación en el hemisferio derecho relacionado con buscar en mapas, y con mover mentalmente en nuestra cabeza formas, muy útil para aparcar el coche o para hacer mapas.

El pensamiento global u holístico es mayor en los disléxicos, en contraposición con el procesamiento de los detalles, además, la visión periférica también está más desarrollada que la visión “central”.

Es decir, lo que tenemos que saber es que ellos piensan de un manera diferente “out of the vox”, desde una perspectiva complementaria a la nuestra y hay entidades como la agencia británica de inteligencia que valoran estas características, o algunas universidades como los estudios en astronomía.

En resumen, frente a los aprendizajes secuenciados, jerarquizados o procedimentales, el disléxico se siente en desventaja, pero existe un reverso, y es que en la memoria declarativa y en el aprendizaje contextual son muy buenos.

El abordaje del psicólogo, en un primer momento es fundamental porque son niños que se han sentido “los tontos” del colegio en el sistema educativo habitual, se han sentido los diferentes, y eso ha supuesto un complejo frente a lo académico, eso les ha supuesto un bloqueo difícil de sobrellevar en un alumno.
Por lo que hay que hacer una intervención a nivel familiar para explicar qué está sucediendo; los padres se quedan muy aliviados cuando entienden el diagnóstico y que su hijo no era un “vago” si no que había una dificultad interna que le impedía su desarrollo escolar.

Una vez que hemos enseñado al disléxico habilidades sociales y hemos potenciado su autoestima, es más fácil ver mejoría en ellos. Además, se ha demostrado como la psicoterapia (relajación y ejercicios atencionales) ayuda a reducir las faltas ortográficas en adolescentes, además de aumentar su memoria de trabajo, incrementando las capacidades lectoras, en concreto una mejor atención sostenida que ayuda a permanecer en la ruta léxica.

¿Es un don, entonces, que hay que entrenar? Es una característica que hay que tener en cuenta para poder vivir mejor, en ocasiones, para sobrevivir.

Acerca de aceptarlo, sí es fundamental hacerlo, no para su exhibición como si fuera un galón o medalla sino para aprovecharlo a favor del alumno que tiene que hacer una vida con esta peculiaridad “personal”.